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Publicado el 9 Diciembre, 2018 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

9 de diciembre de 1958

La misión Pawley

Cuando Pawley ofrece garantías para el asilo del sátrapa, su familia y colaboradores en territorio norteamericano, la lista del dictador es tan extensa que ni una flota aérea hubiera bastado para el traslado de tanta gente

Williuam PawlwyLa administración Eisenhower, ante la imposibilidad de que la tiranía batistiana pudiese vencer por las armas a la insurrección, apela como solución a la creación de una tercera fuerza, distante de Fidel y de Batista.

Para dialogar con el sátrapa y convencerlo de que ninguna solución es posible si continúa en el poder, envían a William Pawley (foto), un astuto empresario que contaba con el aval de haber sido socio comercial de figuras prominentes del Gobierno y de la oposición burguesa.

El 9 de diciembre de 1958 se produce la entrevista entre el emisario y el tirano.

Como el primero no podía invocar al presidente Eisenhower, Batista, astuto como siempre, comprende enseguida el lado débil de su interlocutor y lo trata como un simple amigo que le aconseja, pero sin respaldo oficial alguno.

Cuando Pawley ofrece garantías para el asilo del sátrapa, su familia y colaboradores en territorio norteamericano, la lista del dictador es tan extensa que ni una flota aérea hubiera bastado para el traslado de tanta gente.

Por ello, razona el general golpista, lo más juicioso es que Washington lo apoye en sus esfuerzos por mantener la situación.

“Debo mantenerme, tengo el deber de mantenerme en el cargo y eso intento hacer”, dice demagógicamente. Y una vez más le recuerda que siempre tiene “una bala en el directo”.

El 1º de enero de 1959, en su mansión Kuquine, deja olvidada su promesa –y con ella, la pistola cargada–, y huye como un ladrón sorprendido en la madrugada. (P.A.G.)


Pedro Antonio García

 
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