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Publicado el 15 Enero, 2019 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

RUBÉN MARTÍNEZ VILLENA

El poeta que organizaba huelgas

Excelente versificador que aportó piezas antológicas a la lírica nacional, fue también un genial estratega en la conducción del movimiento obrero y comunista

A partir de 1920, cuando las revistas habaneras co-menzaron a publicar sus poemas, Rubén “cristaliza en arrebatados sonetos su fogoso patriotismo”, al decir de Roa. (Ilustración: Aurelio)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Había sido el alma de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) en los preparativos de su IV Congreso Obrero, llamado también “de Unidad Sindical”. Pero el agravamiento de su enfermedad obligó a su ingreso en el sanatorio La Esperanza. Cuando la magna reunión proletaria comenzó sus sesiones, el 12 de enero de 1934, en el estadio Arena Cristal, ubicado en Infanta y Pedroso, en la capital cubana, su estado de salud era tan delicado que le impidió asistir a las jornadas de trabajo del evento.

El 15 de enero, aún internado en el sanatorio, Rubén Martínez Villena incumplió las prescripciones del médico e incluso, jugó al ajedrez con un interno. Un ataque de disnea durante la tarde puso en alarma a los facultativos. Se recuperó tras una inyección e incluso, aceptó una fruta que le ofrecieron. “Vale la pena comerse un melocotón antes de morirse”, dijo.

Le repitieron los ataques en la noche y en la madrugada. No se recuperó. A las 4:30 a.m. del 16 de enero dejó de existir.

El poeta rebelde

Había nacido en Alquízar, en la hoy provincia de Artemisa, el 20 de diciembre de 1899. Se graduó de bachiller en 1916 y de 1917 a 1922, estudió Derecho en la Universidad Nacional de La Habana, en donde se recibió de abogado. Su primer artículo en prosa, “Luis Padró”, en homenaje a quien fuera su maestro, apareció en la revista Evolución en julio de 1917. A partir de 1920, las revistas habaneras comenzaron a publicar sus poemas.

La Protesta de los 13 tuvo una gran cobertura en la prensa. (Foto: Autor no identificado)

Esta fue la época en que, al decir de su amigo y biógrafo Raúl Roa García, “cristaliza en arrebatados sonetos su fogoso patriotismo”. Ejemplo de ello son los poemas “Rescate de Sanguily”, “Jimaguayú”, “Máximo Gómez”. Su reacción contra el modernismo transnochado que imperaba en la lírica nacional lo llevó a buscar, citemos nuevamente a Roa García, “su propio medio expresivo y su personal rumbo lírico”. Una pieza característica de aquellos días (1921) es “Canción al sainete póstumo”.

Su primer cuento publicado, En automóvil, fue recogido por la revista Chic en diciembre de 1922. El año 1923 marca dos importantes hitos en su existencia. En el plano poético, logró piezas antológicas como “La pupila insomne” y “El gigante”, entre otras.

Por otra parte, con la Protesta de los 13 (18 de marzo de 1923) comenzaba a participar activamente en la vida política nacional cuando lideró a un grupo de jóvenes que protestaron públicamente contra la corrupción gubernamental.

El hecho tuvo como sede la antigua Academia de Ciencias. Rubén y otros intelectuales interrumpieron un homenaje a una escritora uruguaya para acusar en medio del acto a un ministro del Gobierno que allí estaba, de complicidad con las malversaciones que se cometían. Tras abandonar el salón donde se celebraba el homenaje, los 13 intelectuales marcharon hacia la redacción de un periódico para entregar allí un manifiesto explicativo de su conducta. Publicado en el diario, los 13 fueron detenidos posteriormente. Martínez Villena supo por primera vez los rigores de la prisión. Este hecho tendría una resonancia en la obra poética de Rubén, su “Mensaje lírico civil”. El poema es, volvemos a citar a Roa García, “una franca incitación a la lucha armada”: Hace falta una carga para matar bribones/ para acabar la obra de las Revoluciones.

Un almuerzo sabático del Grupo Minorista, según Massaguer.

A partir del núcleo de intelectuales participantes en la Protesta de los 13, se organizó de forma espontánea el llamado Grupo Minorista, el cual Rubén lideraba con su carisma excepcional. Coincidieron allí escritores, pintores, escultores, músicos, profesionales, en una masa de pensamiento heterogéneo, pero con una creciente inquietud en favor de las corrientes más actuales de la política y de la creación artística, como formulara en una ocasión Juan Marinello. Integrante del grupo, era la primera vez que los intelectuales cubanos expresaban de manera colectiva su solidaridad con los pueblos latinoamericanos, denunciaban a las tiranías que se entronizaban en varios países de la región, rechazaban públicamente las injerencias yanquis y proclamaban la necesidad de un gobierno del pueblo.

El dirigente comunista

El pensamiento de Martínez Villena se fue radicalizando al entrar en contacto con Julio Antonio Mella y otros marxistas cubanos. Con este último, colaboró estrechamente en la Universidad Popular José Martí y en la fundación de la Liga Antimperialista de Cuba.

Rubén ingresó al primer Partido Comunista de Cuba en 1927. Como asesor legal (abogado) de la CNOC, se convirtió en su líder natural aunque nunca asumió su secretaría general. En el Partido, igualmente, se convirtió en el máximo dirigente, aunque nunca ostentó cargo alguno. El tirano Machado había dicho que una huelga no le duraría más de 15 minutos y el 20 de marzo de 1930, Rubén le paralizó el país por más de 24 horas.

Martínez Villena devino líder natural de la CNOC y del Partido Comunista. (Foto: Autor no identificado)

Años más tarde, en agosto de 1933, la impronta de Martínez Villena fue decisiva para que una huelga económica, que surgida en un paradero de ómnibus de la capital, deviniera política y nacional. El país se hizo ingobernable y el tirano Machado tuvo que huir del país.

Enfermo de muerte, Rubén participó activamente en todo el contenido y los proyectos para el IV Congreso Nacional Obrero de Unidad Sindical. Según el líder proletario Isidro Figueroa, intervino “incluso en (la elaboración de) una nueva estructura que se le quería dar al movimiento sindical y hasta (en) la reglamentación de la CNOC”.

Cuando unos compañeros fueron al sanatorio a darle la noticia de la nutridísima participación de delegados y de la exitosa inauguración del Congreso, dicen que exclamó: “Si es así, ya me puedo morir, porque me siento feliz”.

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Fuentes consultadas

Las biografías Rubén Martínez Villena, de Ana Núñez Machín, y El fuego en la semilla del surco, de Raúl Roa.

 


Pedro Antonio García

 
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