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Publicado el 10 Enero, 2019 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

JULIO ANTONIO MELLA: El marxismo desde una dimensión cubanísima

Comprendió que el socialismo solo puede funcionar de manera histórico concreta fundido con la herencia espiritual y las tradiciones patrióticas de muestro pueblo
Nadie como Mella, en las primeras tres décadas del siglo XX, asumió el antimperialismo con tanta identidad y nitidez martiana. (Crédito: TINA MODOTTI)

Nadie como Mella, en las primeras tres décadas del siglo XX, asumió el antimperialismo con tanta identidad y nitidez martiana. (Crédito: TINA MODOTTI)

Por FELIPE DE J. PÉREZ CRUZ

Tempranamente inició su camino revolucionario desde el ideario humanista, democrático, antimperialista y nacional liberador de José Martí. Asombran la profundidad y lucidez con que el joven (nacido en La Habana en 1903, aún no había cumplido los 26 años al ser asesinado) llevaba dentro de sí las ideas del Maestro. Antes de 1920, solo un pequeño grupo de patriotas cubanos había denunciado en Cuba el fenómeno del asalto del imperio del Norte a la mayor de las Antillas, pero ninguno como él había asumido esta posición, con tanta identidad y nitidez martiana.

Mella devela la relación de necesidad que nuestro Héroe Nacional expuso en su postulado antimperialista: La unidad latinoamericana, como condición de supervivencia y desarrollo frente a la agresiva expansión imperialista de los Estados Unidos. Este será su primer gran descubrimiento del Apóstol.

Martí, Marx, Lenin

Las ideas teóricas sobre el socialismo le llegaron a Mella por la vía de una “gran herejía”; cuando Vladimir Ilich Lenin rompiendo esquemas y pronósticos, lanzó a los bolcheviques al combate, triunfó y consolidó la Gran Revolución Socialista de Octubre, abrió para su pueblo y para los pueblos del mundo una nueva época. Por ello desde fecha temprana –finales de 1924–, se percata de la importancia del leninismo y lo une insoslayablemente a la obra de los dos fundadores del marxismo. Habla de “los ¨principios científicos que Karl Marx hizo axiomas teóricos y que Lenin hizo monumentos magníficos de belleza y de justicia”.

Julio Antonio Mella, con solo 21 años, llega de la mano de Martí, de manera inequívoca, al problema central que estaría en el centro de los debates, de las victorias y derrotas del movimiento comunista de América Latina y el mundo, hasta hoy. La causa del socialismo en general, afirma, “es la causa del momento, en Cuba, en Rusia, en la India, en los Estados Unidos y en la China. En todas partes. El solo obstáculo es saberlo adaptar a la realidad del medio”. Participante del histórico acontecimiento de la constitución del primer Partido Comunista en Cuba en agosto de 1925 –antes había fundado la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) en 1922 y liderado el movimiento de la Reforma Universitaria en la Cuba de 1923-24-, la militancia comunista lo vinculará definitivamente con la clase obrera y del pueblo más humilde.

Organizador del Congreso Nacional de los Estudiantes (1923), un año antes había fundado la FEU. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO).

Organizador del Congreso Nacional de los Estudiantes (1923), un año antes había fundado la FEU. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO).

El estudio del Programa y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano, le descubre a Julio Antonio las similitudes de la obra mayor de José Martí, con el partido de los comunistas. La continuidad se expresaba en los aportes extraordinarios de la concepción martiana de partido revolucionario: democracia, centralismo y militancia activa en la organización de base. La negación dialéctica se desarrollaba a partir del carácter y la dirección del movimiento revolucionario en la época del imperialismo, donde a la tarea martiana inconclusa de la liberación nacional, estaba ineludiblemente unida, la lucha por la emancipación social.

El papel del partido único para la Revolución, completaría en Mella el descubrimiento por la esencia del tesoro ideológico y político legado por Martí. Esta concepción muy nítida en el ensayo de 1925 Glosas al pensamiento de José Martí se articula con la ratificación de la unidad latinoamericana como necesidad de sobrevivencia y desarrollo frente al imperio estadounidense y sus émulos europeos.

Entronca Julio Antonio con la Internacional Comunista por la vía de la Liga Antimperialista de las Américas, su más acertada creación en nuestras tierras. Ardiente patriota, defendió con firmeza los principios internacionalistas, los que para él (en 1925) significaban “en primer término, liberación nacional del yugo extranjero imperialista y, conjuntamente, solidaridad, única, estrecha con los oprimidos de las demás naciones”.

La fundación en 1925 de la Liga Antimperialista en Cuba como frente único de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales, y de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) en el México de 1928, creada para unir a todas las fuerzas revolucionarias y democráticas cubanas con el propósito de derrocar la dictadura de Machado; constituyen hitos importantes en la concreción de las concepciones martianas, marxistas y leninistas de Mella.

Mella en su tiempo

En la noche del 10 de enero de 1929, cerca de la esquina formada por las calles Morelos y Abraham González, en Ciudad México, pistoleros a sueldo del tirano Gerardo Machado lo asesinaron. Caía en vísperas de grandes combates latinoamericanos: Nicaragua 1927-1933, Cuba 1930-1935, Brasil 1930, El Salvador 1932. Su sabiduría y audacia hubieran constituido un aporte sustancial en estas primeras “pruebas de fuego” del movimiento comunista y revolucionario de la región.

Junto con delegados de partidos comunistas hermanos en el Congreso Mundial contra la opresión colonial. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Junto con delegados de partidos comunistas hermanos en el Congreso Mundial contra la opresión colonial. (Crédito: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Después de su muerte, el imprescindible trabajo por la unidad de todas las fuerzas antimperialistas y democráticas sufrió notables facturas. Su experiencia política y desarrollo ideológico, la creciente ascendencia como líder entre los comunistas y antimperialistas centroamericanos y caribeños, potenciaban la labor martiana que ya había emprendido, de unir voluntades y precisar conceptos.

La referencia a la trascendencia de Mella para el movimiento revolucionario de su época, y sobre todo, la intelección sobre su posible actuación en aquellas complejas circunstancias, no constituyen meros ejercicios especulativos. Se fundamentan en la acción y pensamiento de un hombre que marcaba la vanguardia ideopolítica de su generación. La contemporaneidad, la permanente actualidad de Julio Antonio Mella, parte, precisamente, de esa perspectiva histórica.

Dentro del Partido, defendió la diversidad de enfoques, alternativas y matices sobre la manera más atinada de enfrentar el trabajo revolucionario. Fue un constante promotor del imprescindible clima de fraterna polémica y debate en el que se debe nutrir y desarrollar la organización revolucionaria. En los años finales de su existencia Mella crece y se proyecta en la historia de Cuba y América, desde la matriz del pensamiento martiano, una articulación inédita y feliz, un  modo y un estilo de hacer, que enriquecieron y desarrollaron las esencias de los clásicos del socialismo científico.

Mella tiene –a nuestro modo de ver–, tres grandes méritos. El primero, de fundador del socialismo cubano: martiano, latinoamericano, marxista y leninista. El segundo, haber definido con optimismo e intransigencia –en medio de las más adversas condiciones–, la opción socialista para nuestros pueblos, y en consecuencia, combatir, de forma decidida, constante y audaz por el logro de ese objetivo. El tercero, situar al pueblo, sus anhelos, necesidades y potencialidades, en el centro de todo análisis, vivir y actuar en el seno de ese pueblo, y luchar junto a él, por demostrar en la práctica la verdad de las apreciaciones que nacían del contacto intenso con la teoría y la realidad.

Incorpora el marxismo y el leninismo a la ideología revolucionaria cubana como programa de asimilación cognoscitivo, valorativo y práctico transformador de la realidad. Comprende desde sus primeras incursiones teóricas al socialismo, que este solo puede funcionar en una cultura de manera histórico concreta, fundido con la herencia espiritual y práctica transformadora en la que se incluye. Martí fue su gran guía en filosofía y política para la Revolución

En Glosas al pensamiento de José Martí devela los postulados antimperialistas del Apóstol y su concepción de la unidad latinoamericana para enfrentar la agresiva expansión imperialista de los Estados Unidos. (Crédito: F. BLANCO).

En Glosas al pensamiento de José Martí devela los postulados antimperialistas del Apóstol y su concepción de la unidad latinoamericana para enfrentar la agresiva expansión imperialista de los Estados Unidos. (Crédito: F. BLANCO).

Julio Antonio Mella no fue portador de una visión marxista acabada. No podía serlo en las condiciones en que estudió, trabajó y luchó, ni tampoco lo pretendió porque comprendía, en toda su dimensión, el valor y la necesidad del constante enriquecimiento de la teoría en la práctica revolucionaria, en la acción trascendente de las masas. En sus trabajos aparecen a los ojos de la ciencia marxista actual limitaciones comunes en esos años en que -como hoy- se debatía junto al presente y futuro de la Revolución,  el presente y futuro de la propia teoría revolucionaria.

Lo fundamental y decisivo fue que nada frenó su labor de síntesis y generalización dialéctica de los principios metodológicos, la ideología y la política de los clásicos más avanzados del pensamiento revolucionario universal vistos con una dimensión cubanísima, y por tanto también universal, que crece desde lo más auténticamente progresivo de la cultura y el pensamiento caribeño y latinoamericano.

El pensamiento de Mella fundamenta cómo desde el nacimiento de nuestro socialismo existió un substrato original. En función de las necesidades y esencias criollas, y sobre todo, permeado de la espiritualidad y la riqueza conceptual que le venía directamente de José Martí, Mella encuentra el camino que –Baliño vislumbró– por el que transitarían los más preclaros revolucionarios cubanos en el presente siglo: de Martí a Marx y Lenin, y de estos el regreso con más certezas y pasión a Martí.

Ese fue el camino de Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau; por él avanzaba a paso firme Antonio Guiteras cuando cayó en combate. Por la misma cuesta se empinó la Generación del Centenario, y su vanguardia, con Fidel Castro al frente. Ese tránsito natural y el tipo de articulación de pensamiento y tradiciones que se logró, constituye el mayor suceso espiritual de la Revolución Cubana, la más importante originalidad del socialismo cubano, sin cuyo conocimiento cabal no es posible entenderle de veras, y cuyas consecuencias distan mucho de haberse agotado.

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Fuentes consultadas

La compilación J. A. Mella. Documentos y artículos (Editorial de Ciencias Sociales. 1975).

 


Redaccion Cultura e Historia