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Publicado el 21 Marzo, 2019 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1949

Respuesta al ultraje

Ante la profanación de la estatua del Apóstol por marinos estadounidenses, se alzó el pueblo, liderado por la FEU

La histórica foto de Richard Choingsby profanando la estatua del Apóstol. (Foto: PERIÓDICO ALERTA)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

La noticia se regó como pólvora en aquella mañana de sábado. Aunque, salvo por alguna clase ocasional, no era día de gran afluencia estudiantil, un grupo numeroso de jóvenes se congregó en la colina universitaria habanera para debatir un reportaje gráfico publicado en el matutino Alerta sobre los actos vandálicos cometidos por marines estadounidenses en el Parque Central capitalino.

Relataba el diario que en la noche anterior (11 de marzo de 1949), uno de los miembros de las dotaciones de los buques de la Marina de los Estados Unidos, surtos entonces en el puerto de La Habana, no solo se había encaramado en la estatua de José Martí sino que, a horcajadas sobre la efigie, había vaciado su vejiga. Solo la oportuna llegada de la policía lo salvó de la ira popular.

Mientras más se adentraban en la lectura del periódico, mayor era la indignación de los jóvenes congregados en la plaza situada frente a la facultad de Derecho. Alguien sugirió ir al Parque Central y todos estuvieron de acuerdo. En masa montaron tranvías, guaguas, cuanto vehículo pasara por San Lázaro y L. Junto al monumento al apóstol se improvisaron mítines.

Pronto ya la concurrencia no solo se componía de estudiantes universitarios, se sumaron los del cercano Instituto (pre) de La Habana y pueblo en general. Entonces, ante una masa enfurecida, se oyó una voz: “A la embajada (norte) americana” Y a un solo grito, marcharon hacia ella.

Antes de partir, depositaron una ofrenda floral con un lazo negro junto a la estatua del Héroe Nacional. En la corona podía leerse una inscripción: “Martí, tu estatua ha sido profanada. El pueblo y la FEU están de luto”. Aquella multitud enrumbó por Obispo, donde estaba entonces la sede diplomática, frente a la Plaza de Armas, un edificio que se llamaba Horter (hoy se halla allí la biblioteca Rubén Martínez Villena). A la muchedumbre inicial se le sumaron otros cientos de personas.

Según testimonio de Baudilio Castellanos, Bilito, entonces estudiante de Derecho, “empezamos a buscar piedras. Fue el único ataque a la embajada (norte) americana en la república neocolonial, que yo tenga noticias, la que hizo nuestra generación. Alguien, sobre los hombros de Fidel, quería arrancar el escudo que tenía la embajada”.

“En eso bajó el embajador Butler, rodeado de su escolta, empieza a dar disculpas y el pueblo insultándolo, nadie quería oírlo; y la gente trayendo más piedras. Y por el fondo de la calle empezaron a llegar las perseguidoras y el primero que se deja ver fue el teniente Salas Cañizares, quien ordena a los policías a dar fustazos con el ‘bicho de buey’, a la multitud”.

“Traté de proteger a Alfredo Guevara, aún convaleciente de una enfermedad, y me entraron a chuchazos por la espalda. Fidel, que está al lado mío, me llevó hasta una Casa de Socorros y exigió un certificado médico de lesiones”.

Uno de los mítines de la FEU logró reunir a estudiantes y pueblo en general en sus mítines en el Parque Central. (Foto: Autor no Identificado)

“Con el certificado de lesiones fuimos al Ministerio de Gobernación y Fidel le dijo al oficial de guardia: ‘Venimos a acusar de atropello al Ministro como responsable directo de las acciones de la policía’. El oficial, muy atemorizado, le suplicó: ‘No me perjudique, señor, yo con mi sueldecito sostengo a mi familia’. Fidel lo tranquilizó y nos fuimos a la estación de policía de Dragones y Zulueta. Allí sí hicimos la denuncia”.

La embajada de los Estados Unidos, ante el curso que estaban tomando los acontecimientos, se decidió a actuar. Mister Robert Butler, el máximo representante del Imperio, antes de enviar una costosa corona de flores a la estatua de Martí, visitó la sede de la Cancillería cubana (a la sazón en una vieja casona de la Avenida de las Misiones, donde hoy se halla la embajada de España). Tras entrevistarse con el titular cubano, en el salón de espera de la mansión leyó una nota de desagravio en nombre de su gobierno.

Según ciertos rumores también participó en reuniones, más secretas y menos protocolares, con ciertos dueños de diarios y emisoras radiales. El domingo 13 de marzo, el matutino Diario de la Marina, al comentar “el noble desagravio del embajador mister Butler a José Martí y a Cuba”, propuso “cerrar el incidente”; el vespertino Prensa Libre dio el asunto “como liquidado”.

Solo el periódico Hoy, órgano informativo del Partido Socialista Popular (PSP)  siguió condenando el hecho y relacionándolo con el injerencismo secular de sucesivos gobiernos de la nación norteña en Cuba. Para colmo, a Eduardo Chibás, quien iba a referirse a esos sucesos en sus horas radiales, la CMQ le canceló su espacio dominical, bajo la excusa de que la programación de ese día “estaba dedicada íntegramente a conmemorar el aniversario de la emisora”.

El pueblo protesta ante la embajada yanqui. (Foto: Autor no Identificado)

El Ministro de Gobernación y las instancias judiciales también declararon cerrado el caso y a la denuncia por atropello contra Salas Cañizares y los policías subordinados a él nunca se le dio curso. Al saberse impune y respaldado, Salas continuó propinando golpizas al pueblo y en una de ellas, dos años después, asesinó a sangre fría al obrero ortodoxo Carlos Rodríguez. Luego, durante la tiranía batistiana, se consideró por encima de la Ley y el estado de derecho, en su condición de jefe de la policía, incluso invadió una sede diplomática, violando tratados internacionales. En ese suceso perdió la vida.

La flotilla de guerra estadounidense partió apresuradamente al amanecer del sábado 12 de marzo con los tres profanadores, escoltados hasta su nave por autoridades cubanas. El sargento Herbert Dave White y el marino George Jacob Wagner nunca fueron encausados. En cuanto al mayor profanador, Richard Choingsby, se le sancionó a quince días de confinamiento en su buque.

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Fuentes consultadas

Entrevista realizada a Baudilio Castellanos en 1999 por el autor de este trabajo. Los textos periodísticos de Enrique de la Osa (Sección En Cuba, BOHEMIA 1949), Afrenta de marines a José Martí y La protesta que anunció futuras batallas, de Julio García Luis, y Ultraje yanqui a la estatua de Martí, de Pedro A. García (periódico Granma, 1979 y 1999, respectivamente).


Pedro Antonio García

 
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