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Publicado el 10 Abril, 2019 por ACN en Historia
 
 

Fundación del Partido Revolucionario Cubano: el alma creadora

Fundación del PRC. José Martí/ ACN

Por Dr. Yoel Cordoví Núñez, Instituto de Historia | Foto: Archivo de Cuba/ ACN

Los partidos suelen nacer en momentos propicios, escribió José Martí, impulsados ya fuese por “un astuto aventurero”, instigado por “un pecho encendido que inflama en pasión volátil a un gentío apagadizo” o por “el empuje de un pueblo aleccionado” que proclama su redención.

En el último trimestre de 1891 se sucedieron una serie de acontecimientos notables en el quehacer organizativo de la emigración cubana que condujeron a la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) el 10 de abril de 1892.

El 25 de noviembre de ese año llegó Martí a la localidad de Tampa, invitado por Néstor L. Carbonell, presidente del Club Ignacio Agramonte. Como resultado de su labor política unificadora, sintetizada magistralmente en el contenido de los discursos “Con todo y para el bien de todos” y “Los pinos nuevos”, fueron aprobadas las cuatro resoluciones que establecían la creación de una organización revolucionaria, no con fines electorales, sino basada en el principio de la unidad “en acción común republicana y libre”.

Más compleja, empero, se presentaba la labor de acercamiento al proyecto martiano por parte de la combativa comunidad de emigrados de Cayo Hueso, con clubes e instituciones revolucionarias fortalecidos y un liderazgo reconocido y consolidado durante décadas. No obstante, el cinco de enero de 1892, en un cónclave que aglutinó a lo más selecto de la dirigencia de esa localidad, resultaron aprobadas las Bases y los Estatutos secretos del PRC.

En esa misma reunión se nombró una Comisión Recomendadora, presidida por Martí, encargada de la aprobación de los documentos fundacionales por las diferentes organizaciones existentes en Tampa, Cayo Hueso y Nueva York.

Las bases del partido, agrupadas en nueve puntos, sintetizaban las directrices programáticas en las que venía trabajando el líder revolucionario desde la década de 1880. El alcance de sus propósitos quedó delineado en su primer artículo: “El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

Pero la revolución trascendía en sus objetivos la mera independencia de la colonia hispana. De ahí que el PRC estaría enfocado desde la propia guerra en establecer las bases fundacionales de “un pueblo nuevo y de sincera democracia”, con métodos que desterraran las prácticas autoritarias y burocráticas de la colonia, tanto en lo político como en el ámbito económico.

Los Estatutos, por su parte, eran secretos y normaban la estructura y el funcionamiento de la organización. En la base del partido radicaban las asociaciones independientes con amplia autonomía y los Cuerpos de Consejo, constituidos por los presidentes de los clubes de cada localidad, los cuales fungían, a su vez, como intermediarios entre las asociaciones y el Delegado. La recaudación de los fondos de
guerra y de acción; así como su distribución estarían a cargo de un tesorero.

La salida a la luz pública del periódico Patria en Nueva York, el 14 de marzo de 1892, fue otro paso trascendental en las tareas de unificación orientadas a la formación del partido, proceso difícil que discurrió entre múltiples incomprensiones, resquemores y enfrentamientos abiertos al quehacer político martiano dentro y fuera de Cuba.

La estructura organizativa quedó consumada con la creación de los Cuerpos de Consejo y la elección de sus presidentes y secretarios. Las condiciones estaban creadas para la proclamación del partido el 10 de abril, haciéndola coincidir con la fecha en que se aprobó la primera constitución de la República de Cuba en Armas en 1869, y con él la organización capaz de “llevar a la patria el alma creadora de sus
hijos ausentes”.

La época histórica en que debía surgir y desenvolverse el movimiento independentista exigía la más extrema prudencia y previsión. La organización de la “guerra generosa y breve” tenía lugar en medio del despliegue de numerosas fuerzas internas y externas que conspiraban, no solo contra la independencia de Cuba del colonialismo español, sino también del éxito de la deseada república independiente y soberana.

Preveía en carta a Gonzalo de Quesada, luego de la Conferencia Internacional Americana de 1889, la concepción del “plan más tenebroso” que se gestaba en las esferas de poder en Estados Unidos.

Se trataba de “forzar a la Isla, de precipitarla a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: ni maldad más fría”. Y así fue.

El vaticinio del Maestro se cumplió y la maldad prevaleció durante cinco decenios. Más de un siglo después, el fundamento de la necesaria unidad que concibiera Martí, con su mayor expresión en el PRC., también deja lecciones imperecederas.


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