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Publicado el 7 Mayo, 2019 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1964

Los distintos capítulos del bloqueo

Hace 55 años el asedio económico y financiero de los Estados Unidos contra Cuba se extendió oficialmente al campo de la salud

Unos y otros… y los otros de más atrás, no pudieron, ni pueden ni podrán / Foto: collage de Cubadebare

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

A finales de mayo de 1964 las agencias cablegráficas y medios de prensa internacionales se hacían eco de la decisión del Gobierno de los Estados Unidos de prohibir totalmente la venta de medicinas y equipos médicos hacia Cuba. Lo que impactó a muchos no fue el decreto en sí, pues en la práctica habían dejado de efectuarse esos embarques con anterioridad a esa fecha, sino el reconocimiento a vox populi por parte de Washington de sus intenciones de llevar al extremo su política genocida.

No sería la única medida tomada por el imperio norteño en aquellos días para recrudecer el bloqueo a Cuba. En la Novena Conferencia de Consulta de la OEA, el 26 de julio de 1964, se llamó a los gobiernos latinoamericanos para interrumpir todo intercambio comercial directo o indirecto con la Isla. Tiempo después, el Departamento de Comercio prohibió que barcos extranjeros llegaran a puertos norteamericanos para abastecerse de combustible si su pretensión era llegar a puertos cubanos o habían estado allí con posterioridad al 1º de enero de 1963.

Tal vez los lectores, tras terminar de leer el anterior párrafo, hayan vuelto a mirar las fechas para cerciorarse. No, no estamos hablando del Gobierno de Donald Trump ni de 2019, sino de la administración Johnson, hace 55 años. Una muestra de que el vecino codicioso sigue apelando a los mismos métodos criminales y cometiendo los mismos errores como si no hubieran pasado seis décadas de fracasos en su enfrentamiento con la Revolución Cubana.

Los primeros pasos

Después de la aplicación de la Reforma Agraria, promulgada en mayo de 1959, el derrocamiento de la Revolución Cubana comenzó a ser prioridad del imperialismo yanqui. El Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos aprobó el 17 de marzo de 1960, el Programa de Acción Encubierta contra Castro, que contemplaba las medidas militares, propagandísticas y la creación de la oposición contrarrevolucionaria en Cuba. Este documento proponía también medidas de guerra económica con vistas a crear tal estado de insatisfacción en las necesidades básicas del pueblo cubano, que no le quedase otra opción que apoyar a las fuerzas que de inmediato comenzaron a entrenarse en el exterior para derrocar a la Revolución.

Al decir de un funcionario del Departamento de Estado apellidado Mallory, para lograr un mayor apoyo interno en Cuba a la operación subversiva que se organizaba, “debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba […].a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

No es casual que por aquellos días se produjera en Cuba una artificial escasez de combustibles debido a que las compañías yanquis dejaron de importar la materia prima necesaria con que abastecer a sus refinerías en la Isla. Cuando el Gobierno Revolucionario adquirió petróleo en la URSS, los monopolios foráneos se negaron a procesarlo. Ante tal negativa el Estado cubano intervino esas empresas.

Después de la aplicación de la Reforma Agraria, promulgada en mayo de 1959, el derrocamiento de la Revolución Cubana comenzó a ser prioridad del imperialismo yanqui. (Crédito: Autor no identificado)

Después de la aplicación de la Reforma Agraria, promulgada en mayo de 1959, el derrocamiento de la Revolución Cubana comenzó a ser prioridad del imperialismo yanqui. ( Autor no identificado)

La respuesta imperial no se hizo esperar: redujo la cuota azucarera cubana al mercado norteamericano. El Gobierno Revolucionario replicó contundentemente el 6 de agosto de 1960 con la nacionalización de empresas estadounidenses. Cuando los empresarios cubanos comenzaron a marchar hacia Norteamérica abandonando sus propiedades en la Isla, estas también fueron confiscadas (13 de octubre).

Seis días después el Departamento de Estado dio lo que luego se ha denominado como el segundo paso definitorio hacia el bloqueo, con el anuncio de medidas generales de control que prohibían las exportaciones norteamericanas a Cuba y la venta, transferencia o contratación de cualquier barco norteamericano al Gobierno de Cuba o a ciudadanos cubanos. Ya antes comenzó a presionar a instituciones bancarias privadas para que suprimieran créditos concedidos anteriormente a la nación antillana.

El 3 de enero de 1961 Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas con Cuba, paso imprescindible para la agresión militar que ya preparaba.

Oficialización del bloqueo

La derrota de Playa Girón dejó un amargo sabor en Washington. Con grandes ansias de revancha, el 30 de noviembre de 1961 el presidente Kennedy firmó el memorando que aprobaba el Proyecto Cuba-Operación Mangosta, con el fin de acabar con la Revolución en pocos meses. Comprendía este macabro plan tareas de inteligencia, propagandísticas y de tipo político y militar, así como 13 medidas de orden económico, que complementaban y desarrollaban planes y acciones anteriores en esa esfera, las cuales sentaron las bases de lo que luego sería la guerra económica de Estados Unidos contra la Revolución Cubana.

Paso imprescindible de este proyecto anticubano fue la VIII Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, celebrada en Punta del Este, Uruguay, a finales de enero de 1962 y que concluyó con la exclusión de Cuba de ese organismo por tener un sistema político-económico “incompatible con los principios y objetivos del Sistema Interamericano”. Pretexto esgrimido por el presidente Kennedy para suscribir el 3 de febrero de 1962 la Orden Ejecutiva Presidencial 3447 con la cual establecía ya con carácter oficial el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

El 7 de octubre de 1964, el Congreso aprobó la Enmienda Hickenlooper, según la cual, ningún tribunal norteamericano podía dictar sentencia a favor de los intereses de otros Estados, cuando se tratase de nacionalizaciones de propiedades norteamericanas, incluso ni aunque fuera invocando un principio clave del Derecho Internacional tal como la doctrina del poder soberano. Curiosamente, esta enmienda tenía carácter retroactivo al momento de su promulgación. ¿Ya adivinaron los lectores a partir de qué fecha? Por supuesto, el 1º de enero de 1959.

Recrudecimiento de una política genocida

Hubo cierta flexibilización durante las administraciones Ford y Carter (que no variaron los aspectos centrales del bloqueo): levantamiento de las prohibiciones de viajes; autorización del envío de remesas; autorización del aprovisionamiento de combustible a buques de terceros países que comerciaran con Cuba; Cubana de Aviación pudo sobrevolar territorio norteamericano; se permitió al país el comercio con subsidiarias estadounidenses en terceros países. Pero las medidas de la administración Reagan, en los años 80, trajo el desmantelamiento de todo lo que se había avanzado y se fortaleció la persecución al comercio exterior cubano.

Bill Clinton firma la Ley Helms-Burton, engendro jurídico que articula en una sola pieza las medidas de guerra económica con aquellas encaminadas a alentar la subversión interna. (Autor no identificado)

Bill Clinton firma la Ley Helms-Burton, engendro jurídico que articula en una sola pieza las medidas de guerra económica con aquellas encaminadas a alentar la subversión interna. (Autor no identificado)

La caída del campo socialista y la desaparición de la URSS envalentonaron a los sectores derechistas de Washington. En octubre de 1992 fue aprobada por el presidente Bush la Ley para la Democracia en Cuba (Ley Torricelli), que prohibía el comercio con Cuba de las subsidiarias de compañías norteamericanas establecidas en otros países; tocar puertos de Estados Unidos o de sus posesiones a los barcos que con propósitos comerciales recalaran en la nación antillana durante los 180 días siguientes de haber abandonado las costas de la Isla, así como establecer sanciones a los países que brindaran asistencia a la patria de José Martí.

Si la Ley Torricelli perseguía dañar brutalmente el comercio internacional cubano con países del mundo occidental, la Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas, Ley Helms-Burton (1996), se trazó como uno de sus objetivos principales impedir la participación de la inversión extranjera en el proceso de reanimación económica del país.

Al igual que en la Ley Torricelli y en general toda la actividad contra Cuba desde 1959, el engendro jurídico presente en la Ley Helms-Burton articula en una sola pieza las medidas de guerra económica con aquellas encaminadas a alentar la subversión interna y estimular el retorno del capitalismo a nuestra patria. Con ellas se pretende impedir el comercio de medicinas y alimentos hacia Cuba; el acceso de la Isla al financiamiento internacional; despojarla de los fondos congelados en Estados Unidos, y de igual modo prohibir la exportación de tecnología hacia la nación antillana.

Ahora se abre un nuevo capítulo del bloqueo con la aplicación por parte de la administración Trump del Título III de la Helms-Burton que establece el permiso a ciudadanos estadounidenses a llevar a cortes de los Estados Unidos a todo extranjero que “trafique” en Cuba con “propiedades norteamericanas”, a las que define, amparándose en la Enmienda Hickenlooper, como aquellas que fueron nacionalizadas en 1959 al triunfo de la Revolución, “en franca violación del derecho internacional”.

Entretanto, el pueblo cubano, dueño de su destino, sigue el camino que se ha trazado, sin que lo detengan tornados ni el recrudecimiento del bloqueo, dispuesto a poner en práctica la nueva Constitución aprobada con mayoría abrumadora por toda la ciudadanía.
El pueblo cubano, dueño de su destino, sigue el camino que se ha trazado. (Crédito: Autor no identificado)

El pueblo cubano, dueño de su destino, sigue el camino que se ha trazado. (Crédito: Autor no identificado)

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Fuentes consultadas

El libro El bloqueo, el asedio económico más prolongado de la historia, de Andrés Zaldivar.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García