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Publicado el 18 Julio, 2019 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

JUAN GUALBERTO GÓMEZ

El Delegado del Delegado

Gran amigo de Martí, coincidió con el Apóstol en la lucha antimperialista y por la justicia social para todos los cubanos
Izó las banderas del antimperialismo durante la República neocolonial. (Crédito: Autor no identificado)
Izó las banderas del antimperialismo durante la República neocolonial. (Crédito: Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Cuando en 1893 algunos se dejaron confundir ante las célebres “Reformas de Maura”, que con la concesión de un régimen autonómico pretendían retardar el proceso independentista cubano, dos voces se levantaron para alertar a los cubanos de lo engañosa de esas promesas, las cuales España entonces no estaba en condiciones ni tenía deseos de cumplir. Una de esas voces fue la de José Martí, quien desde la emigración proclamaba que solo una Cuba libre de su metrópoli podía solucionar los problemas que la aquejaban. En total coincidencia, el gran amigo del Apóstol Juan Gualberto Gómez, desde las páginas de La Igualdad, también previno al respecto a sus compatriotas.

Como pronosticaron ambos próceres, tal proyecto fue rechazado por la Corte madrileña y su autor, el astuto político Antonio Maura, se vio obligado a dimitir como ministro de Ultramar. España seguía viendo a Cuba como una posesión a la que expoliar sus riquezas y nunca la había considerado como una futura provincia con iguales privilegios a las de la península. Como dice una célebre canción, más que madre se comportaba “siempre madrastra”.

Dada su afinidad ideológica no es de extrañar que Martí, Delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC), haya escogido a Juan Gualberto como su Delegado en Cuba. De ahí que fuera el antiguo hijo de esclavos a quien el Maestro consultara sobre la posible fecha de alzamiento en el 95.
Solo cuando Juan Gualberto le comunicó que el levantamiento revolucionario no podía ser postergado, Martí accedió a suscribir la orden de alzamiento, junto a Enrique Collazo, en nombre de los independentistas de la Isla, y Mayía Rodríguez, en representación de Máximo Gómez.

Cable enviado por Juan Gualberto a Martí en el que indicaba al 24 de febrero como fecha del levantamiento. (Crédito: Autor no identificado)
Cable enviado por Juan Gualberto a Martí en el que indicaba al 24 de febrero como fecha del levantamiento. (Crédito: Autor no identificado)

Incluso fue Juan Gualberto quien, tras consulta con Guillermón Moncada y otros jefes mambises, fijó al 24 de febrero como día del levantamiento simultáneo, el cual solo tuvo éxito en la región oriental.

El joven matancero

Juan Gualberto Gómez Ferrer nació el 12 de julio de 1854 en el ingenio Bellocino (o “Vellocino”, según algunos autores), del poblado de Sabana del Comendador, en la provincia de Matanzas. Siempre fue libre, sus padres Fermín y Serafina, esclavos de la dotación de la hacienda, habían comprado su libertad antes de nacer. Luego, también adquirieron la de ellos, tras lo cual los tres se trasladaron a La Habana, donde matricularon al niño en el colegio privado para negros Nuestra Señora de los Desamparados, regido por el notable maestro afrodescendiente Antonio Medina.

Enviado a Francia para que continuara estudios, allí Juan Gualberto conoció al patriota bayamés Francisco Vicente Aguilera, quien le inculcó el amor a la independencia de Cuba, cuya causa abrazó para siempre. En 1876 hizo una breve estancia en La Habana, en la que solicitó un permiso para abrir una escuela y enseñar francés, pero las autoridades colonialistas se lo negaron. La Paz del Zanjón lo sorprendió en México, donde entabló amistad con Nicolás de Azcárate.

Juan Gualberto regresó a Cuba en 1878. En el bufete de Azcárate, en La Habana, conoció a José Martí. Nació entonces entre los dos una amistad muy estrecha, solo interrumpida por la catástrofe de Dos Ríos.

El hijo de españoles pobres y el hijo de esclavos se involucraron en la gesta independentista de lo que hoy conocemos como la Guerra Chiquita (1879-1880). Ambos fueron deportados a España por sus actividades revolucionarias.

El periodista

Juan Gualberto sufrió prisión en Ceuta. Luego lo desterraron a Madrid. Comenzaron a aparecer artículos suyos en El Abolicionista, La Tribuna, El Progreso, El Pueblo y El País. Publicó en Madrid el folleto La cuestión de Cuba, de amplia circulación en nuestro archipiélago. De regreso a la Isla en 1890, revivió su periódico de antaño, La Fraternidad, donde continuó la lucha por la igualdad de derechos entre todos los cubanos. Disfrazado de un pretendido “pacifismo”, la publicación devino prácticamente vocera de las ideas independentistas.

Por problemas económicos tuvo que clausurar La Fraternidad. Enseguida fundó La igualdad, con una frecuencia menor, dos veces por semana, pero igual política editorial que su antecesor.

Como Martí, Juan Gualberto consideraba que el periodista tiene mucho de soldado y se fue a la manigua el 24 de febrero de 1895 para encabezar el frustrado levantamiento de Ibarra, en Matanzas. Aprehendido por los españoles, sufrió un nuevo destierro a la península. No retornó a Cuba hasta 1898 con el cese de la dominación española.

En la neocolonia

Su labor patriótica contra la Enmienda Platt y la injerencia estadounidense es mucho más conocida. Su voto particular, en el cual argumentaba su oposición al oprobioso apéndice, constituyó una triste profecía de lo que realmente deviniera luego la República neocolonial.

Modesta casa en la carretera de Managua donde pasó su último año. (Crédito: Autor no identificado)
Modesta casa en la carretera de Managua donde pasó su último año. (Crédito: Autor no identificado)

Nunca se cansó de luchar. Siguió combatiendo contra la discriminación racial y a favor de la conquista de toda la justicia social para todos los cubanos. Aunque es cierto que algunos movimientos revolucionarios, como el de la Rusia soviética, por falta de información fidedigna, no supo comprenderlos.

Su actitud siempre crítica ante la injerencia estadounidense y su decidida oposición a la tiranía machadista hicieron que sus errores de enfoque fueran minimizados por la juventud del 30, que siempre le consideró un paradigma.

Falleció el 5 de marzo de 1933.


Fuentes consultadas
Los libros Por Cuba libre, de Juan Gualberto Gómez; Un gran olvidado, Juan Gualberto Gómez, de Sergio Aguirre; Cuba en mi corazón, de Raúl Rodríguez La O; y Juan Gualberto Gómez, el gran inconforme, de Leopoldo Horrego Estuch.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García