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Publicado el 30 Septiembre, 2019 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

José Antonio Saco y la defensa de la nacionalidad

Sus críticas a la esclavitud, al régimen colonial y el anexionismo abonaron el camino para la insurrección, aun cuando no la deseaba
José Antonio Saco

Con sus críticas al régimen colonial y sus batallas contra el anexionismo fue uno de los que más aportó al desarrollo del independentismo. (Ilustración: AURELIO)

Por ERNESTO USTARIZ RAMÍREZ*

José Antonio Saco (Bayamo, 7 de mayo de 1797-Barcelona, 26 de septiembre de 1879) ha sido uno de los importantes polemistas cubanos, quizás el más grande de todo el siglo XIX, como se evidenció en la que mantuvo con el escritor español Ramón de la Sagra.

En tiempos en los cuales compartía la edición del periódico El Mensajero Semanal (1828-1831), con Félix Varela al decir del propio Saco, se ufanaba De la Sagra de ser el único hombre que sabía en la Isla de Cuba y atacaba la obra y la persona de José María Heredia, quien poco antes había sido elogiado en las páginas del citado rotativo.

Aunque parecía un debate sobre literatura, el bayamés supo reconocer en ella un ataque a lo cubano, presente en los versos del Cantor del Niagara, como verdadero motor de la arremetida. Mas, lo que realmente encendió sus ánimos fue la embestida hacia su mentor Félix Varela, lo cual lo hizo emplearse a fondo, utilizar sus apabullantes conocimientos y su lógica aplastante en numerosos escritos en la prensa hasta obligar a su contendiente a la retirada. Esta afrenta hacia su maestro no la olvidaría, ni siquiera cuando su rival le propuso hacer las paces.

El profesor de Filosofía

José Antonio Saco, nacido dentro de una familia relevante de la sociedad bayamesa, quedó huérfano de ambos padres a los 14 años. Partió hacia Santiago de Cuba, capital del departamento oriental, a continuar estudios; por su inconformidad con el método escolástico con el cual se impartía allí la enseñanza marchó a La Habana a fin de asistir a las clases del entonces joven Félix Varela, de las cuales tenía excelentes referencias.

En esta etapa, en la que tiene contacto con lo más avanzado del pensamiento criollo, tomó conciencia sobre la necesidad de abordar críticamente la situación de la esclavitud y de darles a las ciencias un enfoque cubano. Su encuentro con Varela, por el cual sintió verdadera devoción, lo marcaría verdaderamente. El presbítero, cuando debió ir a ocupar su puesto en las Cortes, le encomendó su obra más preciada, la cátedra de Filosofía. Fue tan relevante su labor que Cirilo Villaverde la inmortalizaría en la obra cumbre de la literatura cubana del siglo XIX, Cecilia Valdés.

Su obra

Buena parte de su quehacer intelectual estuvo encaminado a la solución de los problemas cubanos a partir de sus amplios conocimientos, tratando de insertar lo más moderno y avanzado del pensamiento y las ciencias en la realidad cubana para de este modo producir un desarrollo autóctono, acorde a sus necesidades y características.

Libros de José antonio Saco

En su obra lleva a cabo un ataque frontal contra la esclavitud y una defensa de la incipiente nacionalidad cubana. (Fotos: Autor no identificado)

Entre los títulos que evidencian este interés de Saco se encuentra Memorias sobre los caminos en la isla de Cuba de 1829, ganadora de un concurso lanzado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Curiosamente este concurso era anónimo y entre los que votaron como ganadora a la obra estuvo Ramón de la Sagra, quien antes lo había desacreditado. Memorias… se convirtió en una pieza clave para toda su producción posterior; tanto es así, que sirvió de consulta para la posterior introducción del ferrocarril en Cuba.

En 1830 publica un texto fundacional de la literatura social antillana: Memorias sobre la vagancia en la isla de Cuba. Esta obra resulta una denuncia, de forma nunca antes vista, mediante un acucioso estudio sociológico sobre algunos de los vicios empobrecedores de la sociedad. Ataca lo que él cree es uno de los factores frenadores del desarrollo, la esclavitud. Con la misma pasión que sustentó sus ideas, se levantaron contra Saco las voces de sus detractores, los esclavistas de la época.

Sin embargo, donde realiza un ataque frontal y decidido contra ese sistema inhumano es en Análisis de una obra sobre el Brasil. Propone la eliminación total e inmediata de la trata y la extinción gradual de la esclavitud. Presenta vías para la sustitución de ese sistema económico-social por las normas que marcaba el capitalismo, epítome del progreso en ese momento. Esta obra le valió el odio declarado de sacarócratas y funcionarios coloniales, y –los pocos que lo apoyaron lo hicieron en privado–. Encontramos en este artículo el origen de la expatriación a la que fue condenado el ilustre bayamés poco tiempo después.

Exilio

En septiembre de 1834 inicia Saco un periplo por varios países europeos, viviendo el destino del desterrado. Comienza entonces un nuevo período de creatividad intelectual, en el cual desarrolla uno de los ejes fundamentales de toda su obra: el gobierno de Cuba debe ser ejercido por cubanos. Para Saco el destierro no significó la desconexión de la realidad cubana. De hecho, gracias a la enorme influencia que ejercía sobre cierto sector de la juventud progresista insular, resultó diputado a Cortes por Santiago de Cuba, aunque no pudo asumir el cargo.

Entre las tantas acusaciones que recibió en su vida está la de anexionista; por ello, al surgimiento de este movimiento, fue convocado a participar como abanderado, pero él lo rechazó. Esta imputación se debió a sus llamados de atención a la metrópolis sobre la situación de la colonia, en los cuales alertaba que a los cubanos, ante la imposibilidad de ejercer el gobierno de la Isla aún bajo la tutela de la corona española, no les quedaba otra opción que arrojarse a los brazos de los Estados Unidos.

Contra esta corriente libró otra trascendental batalla con su verbo, como única arma, en defensa de la incipiente nacionalidad insular. Saco estaba convencido que la cultura anglo-sajona, en tanto diferente, absorbería la cubana, y emprende otra vez la polémica, en esta ocasión contra el anexionismo que, envilecido por las ideas de progreso emanadas desde Estados Unidos, no entendía el peligro de una unión con el vecino del norte, cuya principal consecuencia sería la desaparición de nuestra nacionalidad.

Tumba de José antonio SaacoEsa posición le acarreó la animosidad de quienes habían sido antes sus discípulos y seguidores, los que ahora lo adversaban, incluso llevando el ataque al plano personal. Tanto caló en el alma del abogado esta disputa que pidió grabar en su tumba el epitafio: “Aquí yace José Antonio Saco, que no fue anexionista, porque fue más cubano que todos los anexionistas”.

Y así, tras probar el amargo vino del exiliado durante 26 años, regresa a La Habana, sexagenario, en 1860. Para ese momento las condiciones habían cambiado: al anexionismo le habían llegado sus horas bajas y el reformismo estaba en auge. No obstante, sus ideas de desechar el esclavismo en pos del desarrollo capitalista no son compartidas por los sectores de poder, aunque su prédica reformista sí ganó adeptos. Fue electo diputado a la Junta de Información convocada en 1865, otra vez por Santiago de Cuba. Sin embargo, la junta fracasa estrepitosamente en 1867 y con ella los sueños de alcanzar un cambio por la vía de las reformas, dejando como única opción la independencia, razón por la cual estalla la Revolución en 1868.

Saco no fue independentista, pero sí fue uno de los que aportó a su desarrollo. Su prédica en defensa de la nacionalidad, su lucha por la extinción de la esclavitud, sus críticas al régimen colonial y sus batallas contra el anexionismo fueron elementos que abonaron el camino para la insurrección, aun cuando no la deseaba. Y si bien no la apoyó, tampoco la atacó.

El final de su vida lo dedicó a su obra Historia de la esclavitud desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, acaso una de las más excelsas en el estudio de tan penosa institución. Y así exhaló su último suspiro. El epitafio que pidió no fue colocado por gobierno alguno, ni ninguna de las grandes instituciones a las que perteneció, sino por una colecta de una escuelita de Marianao más de 50 años después.

* Investigador y profesor universitario.

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Fuentes consultadas

Los libros José Antonio Saco. Obras. (Compilación de Eduardo Torres Cuevas); y José Antonio Saco. Estudio y bibliografía, de Manuel Moreno Fraginals.

 


Redaccion Cultura e Historia