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Publicado el 1 Noviembre, 2019 por Redacción Digital en Historia
 
 

Testimonio

Los pueblos están con Fidel

De primera mano, el quehacer diario del Comandante en Jefe en el que se evidencia su vínculo con la población

Fidel con niños de Chernobil en TararáPor ELVIN FONTAINE ORTIZ *

El domingo 22 de julio de 1990 fue un día de fuertes emociones. El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz realizó un recorrido por obras sociales y turísticas de las provincias La Habana y Matanzas. Por la mañana visitó la construcción del mercado concentrador de viandas y vegetales, cerca del barrio Valle Grande, al suroeste de la capital. Los trabajadores voluntarios de distintos organismos y organizaciones estaban allí dando su aporte y también un grupo de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), con cuyos integrantes se produjo el primer impacto emotivo.

Ileana Matamoros, militante de la UJC, trató de saludar a Fidel como lo habían hecho los demás, pero su emoción y las lágrimas ahogaron sus palabras, y no pudo contenerse durante mucho rato. Sus compañeros trataron de calmarla. El Comandante en Jefe conversó con el colectivo laboral y se interesó por la marcha del trabajo que realizaban. Al marcharse Fidel, Ileana levantó la mano para despedirlo.

En horas de la tarde el líder de la Revolución llegó al campamento de pioneros José Martí, en Tarará, donde dialogó con los niños que se recuperaban de las lesiones sufridas en el accidente de la planta nuclear de Chernobil, en Ucrania, y un grupo de pioneros cubanos. Desaparecieron las barreras del idioma y Fidel logró esa comunicación espontánea con los pequeños visitantes que se admiraban de verlo como un Gulliver en medio de los enanitos. Habló con un grupo que se dirigía hacia la playa, se interesó por la alimentación que recibían y las frutas que más le gustaban, por el tiempo que dedicaban para bañarse en el mar. Los niños respondieron que preferían el platanito y, en segundo lugar, la piña; “desde las seis de la mañana vamos a bañarnos para aprovechar más el tiempo”, agregaron ellos y sus guías.

Fidel con una niña de Chernobil en Tarará

Con una de las pequeñas pacientes atendidas en Tarará. (ARCHIVO-PERSONAL-DE-EQUIPO-MÉDICO

Poco después el Comandante en Jefe se trasladó hasta el hospital pediátrico del campamento para saludar a los niños ingresados y conversar con el personal de la salud que los atendían. En esta instalación la doctora ucraniana Olga Ivanovna Denísova, acompañada de una niña, le regaló un conejito de peluche blanco y una gorra azul y blanca; Fidel le entregó su gorra verde olivo en gesto de reciprocidad.

La doctora Olga es un vivo ejemplo de solidaridad humana, a pesar del alto grado de radiación y a costa de su propia vida, no abandonó la zona del desastre y se dedicó con amor a cuidar a los niños y las madres afectadas por la radioactividad. Ella tiene un gran porcentaje de afectación radioactiva en el organismo. Pertenece a una organización que no ha salido de Chernobil. La médica dijo palabras que provocaron el segundo impacto emocional del día:

—Quiero, en nombre de toda la delegación de Ucrania, darles las gracias muy grandes, y agradecerles de todo corazón a todo el pueblo de Cuba, a su Gobierno y a usted personalmente, Comandante, por la inmensa ayuda que nos ha prestado al pueblo de Ucrania. Esta no es solamente una ayuda médica, sino de un gran apoyo moral para nosotros. En nombre de todas las madres y de todos los niños, inclino la cabeza… como símbolo del pueblo ucraniano que está agradecido por esta ayuda. ¡Muchas gracias!

Al concluir, le entregó la gorra al Comandante y las lágrimas le brotaron.

—Yo le regalo también mi gorra; me alegró mucho ver a los niños muy bien –respondió Fidel.

—No quisiera irme, me siento muy bien en Cuba –dijo Olga.

—¿Cuándo les toca irse, en agosto?

—A finales de agosto.

—Eso va ser un problema, pero siempre va a recordar. Ustedes también tienen cámaras fotográficas, ¿han tomado fotografías?

—Sí, vino un fotógrafo y nos tomó fotos que nos las van a entregar para llevarlas para Ucrania. Quisiera estar millones de años aquí.

—Puede estar todo el tiempo que quiera en Cuba.

—¡Muchas gracias!

Esa misma tarde, cerca de las siete, el Comandante en Jefe se bajó en la construcción del pedraplén de la bahía de Matanzas. Enseguida cientos de personas se agruparon cerca del malecón yumurino para verlo. Fidel departió brevemente con dos compañeros del Comité Provincial del Partido y seguidamente se dirigió hasta el público.

La tercera emoción de la jornada y expresión de calor del pueblo ocurrió allí. Decenas de manos extendidas para saludarlo formaban ese lazo de comunicación entre el dirigente y el pueblo. Odalys Díaz fue una de las más expresivas y entusiastas. Emocionada le besó las manos al Comandante en Jefe y dijo: “¡Verdad que eres el hombre más grande del mundo! ¡Qué tengas mucha salud para toda la vida! ¡El hombre más grande del siglo!”.

De este lugar, el Comandante se trasladó hasta la playita El Tenis donde saludó y conversó con los bañistas y vecinos de la zona. La despedida fue con vivas y consignas revolucionarias.

Minutos después se bajó en la playita Buey Vaca y charló con el público que disfrutaba del sol y el agua. Entonces se vivió un momento en el que el pueblo reafirmó su voluntad de luchar y vencer. El joven ingeniero industrial Raidel Ceballos, con emocionadas palabras dijo:

— ¡Comandante, siempre firmes aquí!

—Muy bien, mi hijo –expresó Fidel.

— ¡Nunca claudicaremos!  ¡Siempre seguiremos el ejemplo de usted, Comandante! ¡Somos formados por usted y no podemos romper ese ejemplo! ¡Socialismo o Muerte!

—¡Socialismo o Muerte! ¿En qué tú trabajas?

—Soy ingeniero industrial formado por la Revolución. Trabajo en la Empresa de Servicios en la reparación de cocinas.

—Vamos a hacer algunas cosas allí en el pedraplén de Matanzas.

Del grupo surgió una voz que gritó fuerte: ¡Qué viva Fidel! Y de inmediato una respuesta colectiva: ¡Viva! Un hombre dice: ¡Qué viva nuestro Comandante en Jefe! Y como un gran coro la gente responde: ¡Viva! ¡Socialismo o Muerte! Esta fue la mejor despedida.

A poca distancia se encuentra la playita El Mamey, donde también Fidel conversó con los bañistas y otras personas que acudieron enseguida. La misma alegría y entusiasmo estuvo presente como en los demás lugares visitados en el recorrido.

Ya casi finalizando la jornada, Fidel llegó al hotel Paradiso, en Varadero, donde conversó primero con Lázaro Moreno, administrador del centro, quien le informó sobre la atención a los turistas y el servicio que prestan. El Comandante expresó que existía una buena opinión en este sentido de algunas personas que han estado hospedados en ese hotel, entre ellos el escritor colombiano Gabriel García Márquez. Seguidamente, dialogó con el periodista Othoniel González, del rotativo matancero Girón, quien se incorporó al grupo en la playita El Mamey. El Comandante le informó sobre las actividades que había realizado ese día y los proyectos para hacer una zona de recreación donde se construía el pedraplén de la bahía de Matanzas.

A continuación, el Comandante en Jefe se dirigió hasta la piscina y saludó a los turistas, argentinos, brasileños, españoles y de otras nacionalidades, que se disputaban un espacio para darle la mano, o tomarse “una foto con Fidel”. Enseguida se produjo esa relación amistosa y cordial, mezcla de admiración y simpatía, como si estuviera ante un público de cubanos.

El encuentro en el Paradiso fue nuevamente emotivo. Un turista madrileño expresó:

— ¡Comandante, me ha devuelto el orgullo de ser comunista, me ha devuelto ese orgullo de verdad! He venido con suma ilusión a Cuba, he visto cosas… Nunca he perdido ese orgullo, pero después de lo que ha ocurrido en Europa del Este, tenía miedo de encontrarme aquí con algo similar. ¡No, usted me ha devuelto el orgullo, nunca lo perdí!

—Procuraremos que no pase nada. Lucharemos por continuar con la obra que viene haciendo la Revolución, respondió Fidel.

Un argentino alto y entusiasta reclamó de sus compatriotas hacer un coro para decir: “¡Fidel, querido, el pueblo está contigo!” También nosotros pensamos con orgullo que no solamente nuestro pueblo, sino otros pueblos están con Fidel.

 

  • ELVIN FONTAINE ORTIZ. Teniente coronel e historiador de la Escolta del Comandante en Jefe. Este texto está tomado del libro en preparación Crónicas junto a Fidel.

Redacción Digital

 
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