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Publicado el 11 Noviembre, 2019 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

Realengo 18, la lucha por la dignidad

Realemgo 18, Tierra o sangre. Cuba Historia

La consigna bajo la cual lucharon los montunos, reflejo del espíritu de lucha que los dominaba. (Autor no identificado):

Por ERNESTO USTARIZ RAMÍREZ*

La historia de Cuba puede ser escrita como la lucha de un pueblo por sus derechos. Grandes batallas como la Guerra de los Diez Años, en ocasiones, son combates pequeños que, con los años, pocos recuerdan, aunque debieran estar siempre presentes. Y entre estos últimos, casi olvidado entre la vorágine de la contemporaneidad, encontramos ejemplos de rebeldía del pueblo común contra los abusos del poder, como los sucesos de Realengo 18.

Si durante la neocolonia La Habana y ciertas ciudades de provincias exhibían aires de modernidad y progreso, la periferia mostraba la pobreza de un país con muchas caras. Pero la más golpeada era la del campesinado, sumido a la explotación feroz, alejado de los reflectores citadinos, sin servicios básicos, sobreviviendo en las más duras adversidades. En la región oriental estas circunstancias, en muchos casos, eran peores.

Al inicio de la colonización española de la Isla, se les entregaron tierras a los venidos de la península. Esta cesión se hacía en calidad de hatos, con forma circular. Así, en la convergencia de los límites de tres de estas grandes propiedades, existía un pequeño espacio no ocupado, las tierras realengas o del Rey. Con el tiempo, el Gobierno colonial dio el visto bueno para que los campesinos blancos pobres, junto con negros y mulatos libres, se establecieran allí y fundaran pequeñas fincas, donde constituyeron familias, que por siglos trabajaron, viviendo del fruto de la tierra abonada con su sudor.

En tiempos de la neocolonia

Al frente de los hombres del Realengo se encontraba Lino de las Mercedes Álvarez, veterano mambí. (Autor no identificado)

Al frente de los hombres del Realengo se encontraba Lino de las Mercedes Álvarez, veterano mambí. (Autor no identificado)

Con el siglo XX llegó la dominación económica y política de los Estados Unidos sobre la naciente República. Y como abanderados del poder yanqui, sus compañías y monopolios en los más disímiles rubros, y la burguesía nacional sumisa a los intereses norteamericanos. Entonces, estas tierras “sin dueños” fueron el botín en disputa. Su riqueza natural, fundamentalmente maderera, las hacía muy apetecible al insaciable capital.

Este afán expansionista hizo inevitable el choque entre los intereses encontrados de campesinos y geófagos. Primero fueron los intentos de compra e intimidación, que se estrellaron en el deseo de los montunos de permanecer en la única posesión que tenían. Algunos de ellos, incluso, habían logrado obtener los títulos de propiedad de sus tierras en los tribunales. Pero todos contaban de su lado con el derecho consuetudinario, producto de generaciones labrando la tierra.

Las compañías estadounidenses y los latifundistas nacionales tenían el respaldo de la temible Guardia Civil y la complicidad de jueces corruptos. En un proceso lleno de artilugios, lograron en 1905 la cancelación de la inscripción de las tierras del Realengo como tierras del Estado. Esto los dejaba sin amparo ante las ansias expansionistas del gran capital.

Esta situación no hizo mella en la dignidad y la capacidad de resistencia de los campesinos, muchos de ellos mambises o descendientes de estos. De esta forma, con la ayuda decisiva del Consejo de Veteranos y los elementos más progresistas de la región de Guantánamo, lograron que en 1920 los realengos fueran readmitidos nuevamente en los registros como tierra del Estado. Esto no significó el fin de la apropiación por parte de los latifundistas quienes siguieron anexándose las áreas continuas a sus propiedades, con la participación decisiva de la Guardia Rural y los tribunales que dieron visos de legalidad al atropello.

Los montunos se organizan

Ante los constantes desalojos, las agrupaciones campesinas se unieron y formaron la Asociación de Productores Agrícolas de El Realengo 18. (Autor no identificado)

Ante los constantes desalojos, las agrupaciones campesinas se unieron y formaron la Asociación de Productores Agrícolas de El Realengo 18. (Autor no identificado)

Ante los constantes desalojos, las agrupaciones campesinas se unieron y formaron la Asociación de Productores Agrícolas de El Realengo 18. Lo cual le dio solidez y estructura a la lucha por sus derechos. Pero la victoria que representó poder ser registrada la tierra como tierra del Estado fue anulada a partir de 1934, basada en resoluciones del Tribunal Supremo de Justicia. De esta manera comienza la etapa que elevaría los justos reclamos de los habitantes de Realengo 18 a planos nacionales, colocándolo entre lo más excelso de nuestras luchas campesinas.

Para enfrentar la situación, se reformó y renovó la organización ya creada, ahora bajos nuevos preceptos, convirtiéndola entonces en la Asociación de Productores Agrícolas de El Realengo y sus Colindancias. Así se unían vecinos de zonas aledañas en iguales condiciones de desamparo, todos bajo la idea de luchar por sus justos derechos. Se crearon grupos que, dirigidos por la nueva agrupación, montaban guardias en diferentes cuartones o localidades, prestos a ir donde la situación lo requiriera.

Al frente de esta asociación se encontraba Lino de las Mercedes Álvarez, negro de tez y pequeño de estatura, mambí que primero combatió bajo las órdenes de José Maceo y después de Calixto García, donde alcanzó los grados de teniente del Ejército Libertador.

El primer enfrentamiento ocurrió el 3 de agosto de 1934, cuando uno de los destacamentos campesinos detuvo un intento de deslindar las tierras por parte de uno de los terratenientes del área. Repelieron por esta vez a los peones del terrateniente y procedieron a dar parte a las autoridades, y a través de una representación que se logró reunir con las autoridades municipales les expresaron de seguir impidiendo el deslinde, que significaría la usurpación de sus tierras.

El 20 de octubre, esta vez acompañado por varios militares, se intentó proceder al deslinde de otro de los cuartones defendidos por los grupos campesinos, que lograron concentrarse en un número considerable, lo que provocó que los militares solicitaran refuerzos al destacamento de Guantánamo. En este momento ya la situación llegó a la prensa nacional, y con ella tomó cartas en el asunto el entonces coronel Fulgencio Batista, que desde el cuartelazo del 4 de septiembre de 1933 era el “Hombre fuerte de Cuba”. Proclamó que en Realengo 18 “habría deslinde o habría sangre”. Esta declaración hizo a los campesinos enunciar la consigna bajo la cual lucharían, “Tierra o sangre”, reflejo del espíritu de lucha que los dominaba.

A medida que aumentaba la tensión, se fueron concentrando en la región efectivos del Ejército que hacían presagiar un enfrentamiento de mayores proporciones. En aras de evitarlo, varios representantes de las autoridades provinciales y nacionales se personaron en la región, pero la ausencia de medidas reales de solución hizo fracasar estos intentos.

La justa lucha convocó la solidaridad de diversos sectores de la sociedad cubana. Destacándose el entonces joven Partido Comunista, que entendió la significación histórica de los reclamos, ofreciéndole su ayuda. Este movimiento solidario tomó gran auge, al punto de temerse una huelga general si El Realengo era invadido por las fuerzas castrenses.

Pablo de la Torriente Brau.

Pablo de la Torriente Brau dio a conocer nacionalmente los sucesos del Realengo 18 con sus artículos publicados por el periódico Ahora. (Autor no identificado)

Se realizaron colectas en muchas regiones, principalmente en centros obreros de la provincia de La Habana con los cuales se compró armamento y parque que hicieron llegar a los realenguistas justo cuando la llegada de refuerzos al destacamento militar hacia inminente la ofensiva. Pero al tener conocimiento de la nueva capacidad de fuego de los campesinos y la amenaza cierta de una huelga general, el Gobierno consintió en asistir a la mesa de negociaciones, donde la intransigencia de los montunos, representada por Lino Álvarez, quedó evidenciada.

De esta forma se llegó al Acta de Lima, donde se recogían varias de los más importantes reclamos campesinos. Algunos de estos eran la retirada del Ejército de toda la periferia de El Realengo. Los campesinos mantendrían las armas y el Ejército no entraría en ese territorio, salvo excepciones y siempre con pleno conocimiento de la organización campesina. Aumento del precio del café de cuatro a ocho pesos el quintal. Anulación en los juzgados y en los cuerpos represivos, así como de los procesos de detención contra todos los dirigentes de El Realengo.

Significación

La ejemplar resistencia y el triunfo alcanzado fue una gran influencia sobre todo el movimiento campesino a nivel nacional. Pero los gobiernos de turno estuvieron siempre plegados a los intereses de la burguesía terrateniente, sumisos a los intereses imperialistas yanquis y sus compañías, y los geófagos no cejaron en sus ambiciones. La utilización de formas más sutiles de despojo, como la firma de contratos engañosos, unida a la desunión que sembraban entre las filas campesinas, hizo que muchas de las conquistas alcanzadas fueran destruidas en los sucesivos años.

El ejemplo de El Realengo 18 quedó en las páginas de la historia y en el imaginario colectivo como paradigma de las luchas campesinas. Las traiciones y manipulaciones a las que fueron sometidos posteriormente no pueden opacar ni un ápice la dignidad de la lucha, ni la valentía de los campesinos enfrentados a un Ejército, ni el ejemplo que esa pequeña región del oriente cubano representa para la historia patria.

*Investigador y profesor universitario.

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Fuentes consultadas

El texto periodístico Realengo 18, de Pablo de la Torriente Brau. Los volúmenes publicados por la Casa Editorial Verde Olivo acerca del Segundo Frente Frank País García y el libro Buró Agrario, de un colectivo de autores.


Redaccion Cultura e Historia