0
Publicado el 13 Diciembre, 2019 por ACN en Historia
 
 

Victoria mambisa en Mal Tiempo fruto de la estrategia de Maceo y Gómez

La victoria mambisa de Mal Tiempo hizo posible la entrada victoriosa de la invasión en el centro y el occidente del país, como lo habían planificado Gómez y Maceo; y constituyó un golpe desmoralizador para España

(Ilustración BLANQUITO)

Por Jorge Wejebe Cobo
Servicio Especial de la ACN

El 15 de diciembre de 1895 en las llanuras cienfuegueras de Mal Tiempo, cerca del poblado de Cruces, miles de infantes del ejército español armados con el entonces novedoso fusil máuser y apoyados por fuerzas de caballería y artillería se aprestaban a enfrentar a la columna invasora mambisa que marchaba hacia el occidente de la Isla.

En la mañana de ese día, las tropas colonialistas a la vista de la caballería del Ejército Libertador establecieron la defensa en cuadro cerrado de bayonetas caladas de los nuevos fusiles de gran volumen y alcance de fuego, con los que parecía imposible que los cubanos tuvieran éxito en sus cargas al machete.

El mando peninsular envió previamente alrededor de 10 mil hombres a la zona de Cienfuegos-Cruces y Mal Tiempo, con la misión de liquidar la invasión de los insurrectos o por lo menos debilitarla.

Las fuerzas hispanas estaban conformadas por jóvenes campesinos denominados quintos, muchos de ellos analfabetos, quienes fueron sacados de sus aldeas para convertirlos en improvisados soldados que manejaban con torpeza los fusiles, cuya longitud muchas veces igualaba la estatura de casi todos por ser bajos de peso y talla.

Al inicio de la guerra de 1895, España designó como Capitán General a Arsenio Martínez Campos que llegó al frente de un refuerzo de miles de soldados, con el fin de que desde el poder de la superioridad bélica impusiera la claudicación de los mambises y los obligaran a aceptar supuestas condiciones generosas para la pacificación de la nación, como lo hizo en 1878.

Pero finalizaba el año y el experimentado general solo cosechó derrotas al no poder debilitar el movimiento insurreccional, ni imponerse militarmente y en Mal Tiempo perdería su última oportunidad de lograr algún resultado.

Las fuerzas insurrectas, que se aproximaban a las líneas hispanas en Mal Tiempo, estaban integradas por unos dos mil hombres bajo la dirección del Generalísimo Máximo Gómez y el Lugarteniente General Antonio Maceo, quienes habían salido de Mangos de Baraguá el 22 de octubre para llevar la tea incendiaria hasta Pinar del Río y destruir la base económica de la metrópoli en Cuba.

El plan de Gómez y Maceo era simple y claro: cada jefe tenía la orden de cargar sin dilaciones al machete contra las tropas hispanas y no darles tiempo a organizar la defensa de los mencionados cuadros, ni en líneas de tiradores.

Los dos legendarios combatientes se abalanzaron con alrededor de 250 jinetes contra las formaciones ibéricas erizadas de bayonetas, que fueron arrolladas al dejar entrar la caballería en su perímetro defensivo, convirtiéndose los dispersos soldados en fáciles blancos del machete de los insurrectos, bajo el cual cerca de 200 sucumbieron, entre ellos alrededor de siete oficiales; mientras más de 100 efectivos fueron heridos.

Como botín ocuparon 150 fusiles máuser, 60 remington, municiones, y gran parte de los abastecimientos, banderas y archivos de las tropas derrotadas.

Las huestes mambisas atacaron con éxito un tren enviado en medio de la refriega con tropas para reforzar a las unidades colonialistas, diezmadas en poco más de tres horas de combate.

La victoria mambisa de Mal Tiempo hizo posible la entrada victoriosa de la invasión en el centro y el occidente del país, como lo habían planificado Gómez y Maceo; y constituyó un golpe desmoralizador para España. En lo adelante, fue casi imposible mantener la producción azucarera por extenderse la guerra a todo el país.

En enero de 1896, el general Martínez Campos fue sustituido y partió a España derrotado política y militarmente, pero antes demostró que su benevolencia y tendencia al diálogo era solo una forma de profesar su ferviente colonialismo al proponer para sustituirlo al general Valeriano Weyler, del cual reconoció que era el único capaz de aplicar las medidas más crueles que consideró necesarias para salvaguardar el dominio de la metrópoli. (Por Jorge Wejebe Cobo, ACN)


ACN

 
ACN