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Publicado el 17 Diciembre, 2019 por ACN en Historia
 
 

Pablo de la Torriente Brau

Vive en ‘el gran triunfo de la revolución’

El último mes del año es un ciclo de importantes casualidades en la existencia de Pablo, quien naciera el 12 de diciembre de 1901 en San Juan, Puerto Rico,  y resultara muerto en combate con apenas 35 años cumplidos el 19 de diciembre, de 1936.
Pablo de la Torriente Brau en el gran triunfo de la revolución

Pablo de la Torriente Brau en el gran triunfo de la revolución / ACN

Por Martha Gómez Ferrals

La figura del intelectual y combatiente internacionalista cubano Pablo de la Torriente Brau, se yergue todavía con un vigor y un brillo que deslumbran, a 83 años de su caída en Majadahonda, cerca de Madrid,  en la batalla por la república española amenazada por el fascismo y luego vencida.

El último mes del año es un ciclo de importantes casualidades en la existencia de Pablo, quien naciera el 12 de diciembre de 1901 en San Juan, Puerto Rico,  y resultara muerto en combate con apenas 35 años cumplidos el 19 de diciembre, de 1936.

Cuando era todavía un niño, su familia se trasladó a vivir definitivamente a Santiago de Cuba. Adquirió la nacionalidad cubana y fue el único varón de una progenie formada por cuatro hermanas. Amó a Cuba intensamente, aunque no olvidó la causa de su país natal.

En la ciudad oriental cursó los primeros estudios hasta que pasó a residir en La Habana para hacer una carrera universitaria que nunca concluyó, pues se dedicó con ímpetu y pasión a las luchas políticas contra el machadato y a un periodismo militante que ejerció de manera brillante, como un eje de su vida.

Hacia 1920 trabajaba para el  periódico El Nuevo Mundo, al tiempo que, además era redactor de la revista El Veterano, en la cual prestaba servicios añadidos de cobrador, repartidor y agente de publicaciones.

Escribía en la Revista Alma Máter y la Revista de La Habana en el año 1930, con gran asiduidad. Sin embargo, más relevante fue su quehacer reporteril en el periódico Ahora, para el cual cubrió sucesos de gran impacto como el proceso de depuración de la Universidad en 1934, además de dar a conocer un tenebroso asesinato, por lo cual posteriormente debió salir de Cuba.

Integró el Directorio Estudiantil Universitario fundado en 1930 . Hecho prisionero, permaneció varios días en la cárcel, y una vez liberado bajo presiones y amenazas, pasó a la lucha clandestina.

Nuevos encarcelamientos lo esperaban al año siguiente y fue obligado a pasar alrededor de 12 meses en el llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos. Acerca de esa experiencia publicó el reportaje titulado 105 días preso, y Presidio Modelo o La Isla de los 500 asesinatos.

Pablo de la Torriente Brau se involucró con ahínco en las denuncias y gestiones a favor de la libertad de Julio Antonio Mella, cuando este realizaba la huelga de hambre que conmocionó al país.

Con el poeta martiano, anti imperialista y comunista Rubén Martínez Villena mantuvo una estrecha relación de amistad y colaboración, que hacía más fuerte la total identificación política e ideológica de ambos luchadores.

A pesar de la extrema juventud con que empezó a abrirse paso dentro del periodismo, Pablo fue considerado ya en su tiempo un brillante cronista, que hacía reportajes memorables y agudas entrevistas.

Hoy se le valora como padre del periodismo testimonial en Cuba, con una obra cuyo estilo y enjundia no envejecen, a pesar del tiempo transcurrido.

Sus innovaciones en los enfoques, el lenguaje afilado, galopante y con gran dominio del idioma, sus valientes denuncias sociales y políticas, siguen impactando hoy tanto al alumno de periodismo bisoño como al lector ávido de estremecedores relatos, críticas o reportajes.

Realento 18, un reportaje publicado en 1934 en “Ahora”, es una perenne lección en varios órdenes y un relato fascinante como acabado de escribir.

Durante un obligado exilio en Estados Unidos, en julio de 1936 decidió dejarlo todo e irse como combatiente a formar parte de las milicias populares e internacionalistas que defendían a la república española, codo con codo con gran parte del pueblo de esa nación.

Allí fue otra vez periodista, comisario político y combatiente. Durante la campaña redactaba sus vivencias sobre las batallas y sus protagonistas, sus compañeros de trinchera. Fue corresponsal de varias publicaciones de América latina y EE.UU.

Sus escritos de la guerra civil póstumamente fueron recogidos en el libro Peleando con los milicianos. Pablo también creo una literatura no testimonial, como cuentos y novelas, que ha sido divulgada.

Aquel joven increíble se fue a combatir como quien marcha hacia la felicidad, pues dijo al decidirlo: “He tenido una idea maravillosa. Me voy a España, a la revolución española. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

“Estaré cuando ni Hitler ni Mussolini puedan sostenerse más y se lancen a la guerra, y entonces vendrá la batalla definitiva entre oprimidos y represores. Y asistiré, sea como sea, el gran triunfo de la revolución”. Y de veras tuvo razón, ha estado presente en todas las causas justas que hizo suyas, aunque no fuera la victoria por aquella gesta.

Después de tantísimos años sus restos no han podido ser encontrados y repatriados, pues fueron a parar a una fosa común. Siguen los esfuerzos de las autoridades cubanas y sus familiares para traerlo, como él quería.

“Me quedaré en España, compañero/ me dijiste con gesto enamorado/ y al final sin tu edificio tronante de guerrero/ en la hierba de España te has quedado”, recordó hace mucho Miguel Hernández en un poema, hoy canción.

También Pablo vive en Cuba.


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