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Publicado el 27 Enero, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Cuba 1895: José Martí

Convertir en triunfo la derrota

El fracaso del Plan de Fernandina no amilanó a Martí en sus planes para el estallido de la guerra necesaria
Martí fue a Santo Domingo a entrevistarse con Gómez a quien informa de los detalles de la expedición abortada. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Martí fue a Santo Domingo a entrevistarse con Gómez a quien informa de los detalles de la expedición abortada. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Ante el golpe demoledor propinado por la Inteligencia española y los funcionarios estadounidenses a la causa mambisa, al hacer fracasar el Plan de Fernandina con la ayuda de un cubano infame, cualquier otra persona se hubiera desmoronado. Menos José Martí. Cuando aún existía una orden de detención en contra de su persona y estaba embargado todo el cargamento de armas de la abortada expedición, el Apóstol se reunía con Horacio Rubens, abogado de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), y le orientaba iniciar un proceso legal para recuperar los pertrechos incautados.

No es de extrañar que por aquellos días le escribiera a su amigo Juan Gualberto Gómez su decisión de sustituir “el lamento inútil con la declaración de que renuevo inmediatamente, por distinto rumbo, la labor que la cobardía de un hombre ha asesinado”. Y que a un colaborador cercano le asegurara de que “en la campaña suprema a que me pongo en camino” al sobreponerse a la infamia y la cobardía, “se convierte en triunfo la derrota”.

Mayía Rodr{iguez y Enrique Collazo

Mayía Rodríguez (izquierda) y Enrique Collazo, tras suscribir con Martí la Orden de Alzamiento, marcharon con él hacia República Dominicana. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Tras suscribir el 29 de enero de 1895, junto con Enrique Collazo y Mayía Rodríguez, la Orden para “el alzamiento simultáneo o con la mayor simultaneidad posible de las regiones comprometidas”, el cual debería ocurrir “en la segunda quincena, no antes, del mes de febrero”, partió de Nueva York en el vapor Athos rumbo a la isla de Santo Domingo, acompañado de los dos patriotas antes mencionados y de Manuel Mantilla. Llegó con sus compañeros a Cabo Haitiano el 6 de febrero, donde recibió los 2 000 pesos de una colecta realizada entre la emigración revolucionaria del sur de la Florida para la causa independentista.

Esa misma noche embarcaron hacia Montecristi, adonde los recibió Máximo Gómez, a quien informaron de todo lo sucedido durante enero. Recorrieron el país: La Reforma, Santiago de los Caballeros, bahía de Samaná. Se les unió Paquito Borrero, procedente de Puerto Plata.

Paquito Borrero se les unió en el recorrido por la isla, procedente de Puerto Plata. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Paquito Borrero se les unió en el recorrido por la isla, procedente de Puerto Plata. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

El 26 de febrero, de regreso a Montecristi, supo de la noticia del levantamiento simultáneo en 35 localidades cubanas, acaecido dos días antes. Eso le obligó a escribir una de las cartas más difíciles de su vida, en la cual trataba de explicarle a Antonio Maceo la imposibilidad de enviarle todo el dinero que solicitaba para su partida hacia Cuba: “Dejemos a Flor Crombet la responsabilidad de atender ahí la expedición dentro de los recursos posibles, porque si él tiene modo de que ustedes [Maceo y los patriotas que estaban en Costa Rica] puedan arrancar de ahí con la suma que hay, ni usted ni yo debemos privar a Cuba del servicio que él puede prestar […] Flor tendrá sus modos. Del Norte irán las armas. Ya solo se necesita encabezar. No vamos a preguntar sino a responder. El ejército está allá. La dirección puede ir en una uña”.

Marzo transcurrió entre gestiones para conseguir armas y fletar una expedición hacia Cuba desde la isla de Santo Domingo. Pero la mayoría de los marinos que fueron a contratar se negaban a tal travesía o exigían sumas desorbitantes. Y la salida de Gómez y Martí hacia la Isla no podía dilatarse más. El Apóstol escribiría, el 25 de marzo, al dominicano Federico Henríquez y Carvajal: “Para mí ya es hora. Pero aún puedo servir a este único corazón de nuestras repúblicas. Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.

Casa-Museo en Monstecristi

Casa de Gómez en Montecristi, actualmente un museo, tal como se conserva hoy día. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

También enviaría una misiva a sus niñas queridas, Carmen y María Mantilla: “Salgo pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo. Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón. Una carta he de recibir de ustedes y es la noticia que me traerán el sol y las estrellas, que no amarán en este mundo sino lo que merezca amor, de que se me conservan generosas y sencillas”. Y a la madre, doña Leonor, le confesaría: “en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Y sin cesar pienso en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; ¿y por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”.

Ese mismo día, aparte de la correspondencia, se dedicaría a redactar el Manifiesto de Montecristi, que Gómez suscribiría también. Y en él anunciaba: “La revolución de independencia, iniciada en Yara, después de preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo periodo de guerra, en virtud del orden y acuerdo del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo…”

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Fuentes consultadas

Obras Completas, de José Martí. Epistolario de José Martí, compilación de Luis García Pascual y Enrique Moreno Pla; y José Martí 1853-1895. Cronología, de Ibrahim Hidalgo.


Pedro Antonio García

 
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