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Publicado el 19 Abril, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Girón. La victoria

La invasión organizada por la CIA fue derrotada tras solo 66 horas de que su brigada mercenaria hollara el territorio cubano
Fidel iba de tripulante en uno de los tanques, con la infantería detrás del último carro.

Fidel iba de tripulante en uno de los tanques, con la infantería detrás del último carro.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Desde las primeras horas de la madrugada del 19 de abril de 1961, las piezas de artillería del comandante Pedro Miret comenzaron el fuego de hostigamiento en la carretera de Covadonga.

En Yaguaramas se fusionaron las fuerzas del comandante René de los Santos con las del capitán Emilio Aragonés. A este último Fidel le encomendó dirigir la ofensiva de las unidades blindadas de las FAR contra el reducto mercenario de San Blas.

El Comandante en Jefe previó que los invasores esperaban el ataque principal por la carretera de Covadonga, y en consecuencia, la ofensiva por la de Yaguaramas contaría con el factor sorpresa. Sobre la carretera de Playa Larga a Girón, a esa misma hora, avanzaba el Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR); en la vanguardia iba su Compañía Ligera, dirigida por el capitán Luis Artemio Carbó.

Para darle apoyo a la brigada mercenaria, los asesores de la CIA, desde Happy Valley (Puerto Cabezas, Nicaragua), enviaron en la madrugada del 19 de abril dos aviones C-54, con pertrechos y alimentos, uno de los cuales aterrizaría en Girón, y seis B-26 para hostigar a las fuerzas cubanas.

Solo cinco de los B-26 llegaron a las costas de Cuba, ya que el mercenario Oscar Vega desertó de la flotilla y regresó acobardado a su base. Un B-26 debía atacar el central Australia, dos de ellos apoyarían a los invasores en San Blas y los restantes a los de Girón.

Entretanto, en la base cubana de San Antonio de los Baños despegaban dos T-33, en misión de reconocimiento y localización. Uno de los pilotos, el entonces capitán Enrique Carreras, avistó la flotilla y le avisó a su compañero de vuelo. Se entabló un combate aéreo.

Dos B-26 mercenarios, tripulados por estadounidenses, cayeron al mar debido a los certeros impactos de los aviones de las FAR. Gonzalo Herrera, acobardado ante el derribo de sus colegas yanquis, descargó sus cohetes y bombas en el cenagal contra inocentes cocodrilos. El cuarto aviador, Seig “Joe” Simpson, ni siquiera se adentró en la Isla y al igual que Herrera, regresó a la base.

El B-26 que bombardeó el central Australia estaba tripulado por otros dos estadounidenses: Thomas Williard Ray y Leo Francis Berliss. Derribados por las antiaéreas cubanas, ambos lograron saltar a tierra, pero murieron al resistir con sus armas a los milicianos que trataban de apresarlos.

A las diez de la mañana, las fuerzas cubanas tomaron San Blas y el aledaño pueblo de Bermeja. Entretanto, en el oeste de Girón, el batallón de la PNR se batía contra los mercenarios. Cuando llegaron los T-34 para reforzar la ofensiva, el capitán Luis Artemio Carbó gritó a la tropa: “Todo el mundo detrás de los tanques. Avancen con ellos, que tenemos que coger a esa gente”. Como un resorte, todos se pusieron de pie.

El fuego enemigo arreció. Una bala alcanzó a Carbó en un hombro y le hizo caer. Se levantó, recogió su arma: “Vamos, adelante”, y siguió disparando con solo una mano. Cuentan que nunca más soltó el arma, aferrado a ella murió de frente al enemigo. Y el batallón de la PNR siguió avanzando. Luis Artemio Carbó, al morir, solo tenía 23 años.

Alrededor de las dos de la tarde del día 19, José Pérez San Román, jefe de la brigada mercenaria, ordenó destruir el equipo de comunicación y junto con los que le rodeaban, sin avisar a sus jefes de frentes, Alejandro del Valle y Erneido Oliva, huyó en dirección a Cienfuegos. Fue apresado con su comitiva poco tiempo después.

Cuando Alejandro del Valle y veinte de sus hombres se replegaron hasta Girón, descubrieron que la jefatura de la brigada había huido. En un yatecito se hicieron a la mar. Estuvieron varias semanas a la deriva hasta que los recogió un tanquero yanqui. Del Valle no sobrevivió a la travesía.

Al acudir a la jefatura en busca de proyectiles, Oliva se percató de la desbandada. No regresó a avisarles a sus hombres, sino que se internó en el monte, intentando huir. También más tarde cayó prisionero.

En el oeste, los batallones de la PNR y de las milicias entraban en Girón sin encontrar una resistencia organizada. Con ellos, montado en un yipi, el capitán Fernández. Al poco rato, llegaba Fidel con el resto de los tanques.

Era las cinco y media de la tarde del 19 de abril de 1961. En menos de 66 horas se había vencido inobjetablemente a la invasión organizada por la CIA. El imperialismo yanqui sufría su primera gran derrota en América.

Fuentes consultadas:

Los libros La Batalla de Girón, de Quintín Pino Machado; Girón, la batalla inevitable, de Juan Carlos Rodríguez; Girón en la memoria, de Víctor Casaus; Girón no fue solo en abril, de Miguel Ángel Sánchez; y la compilación Playa Girón: derrota del imperialismo (4 tomos)


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García