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Publicado el 7 Abril, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

VILMA ESPÍN GUILLOIS. Su incesante batallar por la igualdad

Este 7 de abril se cumplen 90 años del nacimiento de la guerrillera de la Sierra y el llano que en la paz devino gran defensora de los derechos de la mujer y de la infancia
Peleadora incansable por la justicia (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Peleadora incansable por la justicia (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Al triunfo de la Revolución pensó que la asignarían a las Fuerzas Armadas o a laborar como ingeniera en alguna de las industrias. Años después recordaría sonriente: “la primera tarea que se me encargó fue una que yo ni remotamente soñaba. Aunque carecía del menor conocimiento de la radiodifusión y el periodismo, me nombraron directora de Radio Rebelde. En cuanto a trabajar en una organización femenina, ¡ni se me había ocurrido siquiera!”.

Pasaron los meses. Un grupo de compañeras fue a verla para plantearle la necesidad de crear una organización femenina. “Sí, Vilma, eso es importante, porque como tú sabes, las mujeres están discriminadas y es necesario que se empiece a trabajar ya con ellas”. No exageraban aquellas revolucionarias. En 1960, la abrumadora mayoría de las féminas en Cuba –algunos autores afirman que casi noventa por ciento–, se dedicaba a labores de ama de casa o de sirvienta. Las que desempeñaban un empleo no doméstico percibían un salario menor que el de los hombres por el mismo puesto de trabajo. Las condiciones de vida de buena parte de las campesinas eran infrahumanas y la mortalidad materna resultaba considerablemente alta.

Las compañeras iban dispuestas a convencerla. “Tienes un nivel universitario, eres una combatiente destacada en la lucha contra la dictadura y, de seguro, tendrás la aceptación de todos”. Vilma pidió un tiempo para pensar en la propuesta e inmediatamente lo consultó con su esposo. Raúl no pensó mucho su respuesta: “Trabaja en eso”.

La estudiante santiaguera

La joven santiaguera en una protesta estudiantil. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO).

La joven santiaguera en una protesta estudiantil. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO).

Vilma soñaba con ser bailarina, como Alicia Alonso. Su pasión por la danza no le impedía ser una alumna brillante e integrar como capitana el equipo de voleibol de la Universidad de Oriente, donde cursó la carrera de Ingeniería Química. Como tenía una linda voz de soprano, la reclutaron para la Coral estudiantil, donde cantó como solista. Según su compañera de la adolescencia y luego de toda la vida, Asela de los Santos, “gustaba de la música tradicional y del carnaval santiaguero. Sus amigos lo eran más por afinidad y no por su posición social”.

El 10 de marzo de 1952 alguien llegó a su casa con la noticia: “Oigan, dicen que Batista dio un golpe de Estado”. Ella rememoraría luego: “Me pareció hasta prácticamente una ofensa personal aquello de violar las vías legales de la democracia representativa, eso me pareció el colmo. Esa fue la gota que colmó la copa, posiblemente me creó, ya de verdad, un espíritu de rebeldía”.

Con otros condiscípulos comenzó a redactar proclamas y repartirlas casa por casa. En una de ellas, debajo de un poema de José María Heredia, añadió: ¡Abajo Batista! Un sicario fue a la universidad con uno de los panfletos. “Pero ¿quién escribió esto?”. “Heredia”, dijo un profesor. “Sí, yo sé que es de Heredia, pero, ¿quién escribió lo otro, lo que está debajo?”. Vilma no perdía detalle de la escena detrás de una ventana.

Después del Moncada (1954-1958)

Al término de una clase de laboratorio, un condiscípulo le entregó con mucho sigilo a la joven estudiante universitaria un ejemplar de La historia me absolverá. “Lo leí ahí mismo, de un tirón. Estábamos todos fascinados, se hablaba un lenguaje nuevo, en el que se clarificaba un programa alrededor del cual podíamos todos aglutinarnos para luchar, y que era un programa avanzado y atractivo para la juventud. Fidel estaba aún preso en Isla de Pinos, pero nos identificábamos completamente con él y con sus objetivos”.

La guerrillera del II Frente. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

La guerrillera del II Frente. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

En cada conmemoración de fechas históricas la juventud santiaguera se manifestaba contra la tiranía. En una de esas concentraciones Vilma y Asela conocieron a Frank País. La segunda de ellas recordaría ante un periodista años después: “Él tuvo la claridad de entender que a Batista no se le tumbaba con manifestaciones, sino que había que prepararse con las armas. Vilma estuvo desde el inicio en la directiva del movimiento creado por Frank, Acción Revolucionaria de Oriente (ARO). Y cuando él tuvo también la claridad de identificar a Fidel como jefe y puso a disposición de este y del Movimiento 26 de Julio su organización y su talento, ella también lo siguió”.

Para el levantamiento en Santiago de Cuba, en apoyo de los expedicionarios del Granma, “Frank le encargó a ella la confección de los botiquines, la búsqueda de los médicos, [de] casas para esconder a los compañeros, de recursos, de donaciones, el movimiento de armas; todo con vistas al alzamiento del 30 de noviembre. No escatimó nada, aun a riesgo de su vida. Actuaba de forma inteligente, serena, reflexiva, pero con gran valentía y asumía cada vez más responsabilidades”, testimoniaría Asela.

Días antes de caer asesinado, el dirigente santiaguero le encomendó a Vilma la coordinación del Movimiento en la provincia de Oriente. Se convirtió entonces en la legendaria Déborah y llegó a ser una de las personas más buscadas por los aparatos represivos de la tiranía batistiana, razón por la cual en julio de 1958, para preservar su vida, la Dirección del Movimiento le ordenó incorporarse al II Frente Frank País, comandado por Raúl. Según Asela, “allí se desempeñó como coordinadora para todos los abastecimientos del II y III Frentes, incluso los que venían desde el exterior”.

23 de agosto de 1960

De visita en un círculo infantil. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO).

De visita en un círculo infantil. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO).

El mismo día en que se constituye la Federación de Mujeres Cubanas, Fidel expresó la necesidad de estudiar el problema de las madres que deseaban trabajar y no tenían quien atendiera a sus niños. De acuerdo con el testimonio de la propia Vilma, “eliminado el desempleo ya se hacía necesaria la actividad productiva de la mujer, era preciso comenzar a trabajar en la creación de condiciones materiales que facilitasen esa incorporación, y los círculos, futuros centros de formación integral de la infancia, garantizarían a miles de trabajadoras una jornada laboral tranquila, sabiendo que sus hijos estaban correctamente atendidos y educados”.

Más de 4 000 cubanas se prepararon para laborar en los círculos infantiles. La escuela de directoras de estos centros se inauguró a inicios de 1961, con 300 alumnas; al mismo tiempo, 3 400 féminas empezaron a capacitarse como asistentes, algunas incluso todavía eran analfabetas, pero tenían experiencia como manejadoras o domésticas.

El 10 de abril se inauguraron los tres primeros círculos infantiles en La Habana. En los meses venideros la cifra se incrementó a 300 en toda la geografía nacional.

Legado

Como una vez afirmó Asela ante el autor de estas líneas, en la lucha por los derechos de las féminas Vilma comprendió el papel de la Federación. “La batalla porque la mujer pudiera desempeñar las mismas labores que los hombres fue dura, y ella la enfrentó y la ganó. También luchó mucho por la protección de los niños, la licencia de maternidad. Siempre minuciosa, de detalles, y de cosas grandes, porque para ella no había cosas pequeñas, todo lo que importaba era si afectaba o beneficiaba a la mujer”.

De visita en un círculo infantil. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO).

De visita en un círculo infantil. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO).

La Presidenta eterna de la FMC, como suelen calificarla las federadas, denunció públicamente toda manifestación de discriminación por cuestiones de sexo, tanto en la esfera laboral como en lo ético y lo moral. Y no cesó de enfrentarlas. Hizo aportes fundamentales en la redacción de la Ley de Maternidad y el Código de Familia. Batalló denodadamente por garantizar a las féminas una situación legal consecuente con el lugar que les corresponde desempeñar en la nueva sociedad.

Fundó y dirigió el Instituto de la Infancia, mediante el cual impulsó las investigaciones y estudios sobre la atención a niños y niñas. Promovió medidas dirigidas a defender y proteger no solo la infancia, también a los adolescentes, de todo lo que pudiera dañar su normal desarrollo físico, afectivo, sicológico y cultural.

En la redacción de la Ley 62 del Código Penal contribuyó a tipificar como delito, en el Artículo 295, toda acción que discrimine a otra persona o promueva o incite la discriminación por cuestiones de sexo; esa legislación estipula para tales casos una sanción de hasta dos años de privación de libertad. Las mujeres tienen así acceso a cualquier cargo público, incluso a las altas jerarquías en las fuerzas armadas, disposición que, a iniciativa de Vilma, reiteran todos los códigos de Trabajo promulgados por la Revolución.

Su lucha contra la homofobia y contra los prejuicios, tabúes y creencias anticientíficas que aún persisten con respecto a la sexualidad, la llevó en 1989 a crear el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Peleadora incansable por la justicia, como la calificara Asela de los Santos, devino “indiscutible artífice de una revolución dentro de la Revolución, al encarar con energía e inteligencia siglos de discriminación de la mujer y luchar con ejemplar convicción para lograr la emancipación e igualdad de esta en la sociedad. Aquella contienda callada, firme e inclaudicable fue de mayor complejidad que la propia guerra. Transformar mentalidades, modificar costumbres, educar, esa fue la razón de ser de su vida”.

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Fuentes consultadas

El libro Contra todo obstáculo, de Vilma Espín, Asela de los Santos y Martha Verónica Álvarez. La compilación Vilma, una vida extraordinaria, de Juan Carlos Rodríguez. La entrevista que Asela de los Santos concediera a la colega Karina Marrón (Granma. 6 de abril de 2015).


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García