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Publicado el 17 Mayo, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

17 de mayo de 1959: Cuba inicia una nueva era

La primera Ley de Reforma Agraria desencadenó las transformaciones estructurales en el campo cubano al liquidar el latifundio como sistema de explotación y a la gran burguesía terrateniente como grupo de poder
La Plata, 17 de mayo de 1959. (Crédito AUTOR NO IDENTIFICADO)

La Plata, 17 de mayo de 1959. (Fot: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Se acordó que la sesión del Consejo de Ministros se efectuara en La Plata, en pleno corazón de la Sierra Maestra, territorio perteneciente hoy al municipio Bartolome Masó, de la provincia de Granma. Al despuntar el alba del 17 de mayo de 1959, Fidel fue el primero en llegar, pues decidió comprobar en el terreno cómo se habían cumplido sus orientaciones para acomodar el lugar y garantizar la seguridad de los participantes en el acto. En un helicóptero llegaron tiempo más tarde el presidente Urrutia y los integrantes del gabinete. Por una pendiente resbaladiza, había llovido toda la noche, los trasladaron a casa de Julián Pérez, El Santaclarero, un veterano de la lucha insurreccional.

Después del almuerzo, contaba Luis Buch, entonces secretario de la presidencia y testigo presencial del acontecimiento, “comenzamos a escalar hacia lo que fuera la comandancia general del Ejército Rebelde. El trayecto fue fatigoso para los que no estábamos habituados a esas regiones abruptas. Para llegar había que descender al lecho de un arroyo que corre entre rocas, subir una ladera empinada y resbaladiza, que a más de uno de nosotros hizo rodar cuesta abajo, atravesar un improvisado campo de aterrizaje y luego internarse en un tupido bosque que asciende hacia una montaña”.

La Ley de Reforma Agraria entregó la propiedad de la tierra a campesinos hasta un máximo de cinco caballerías, es decir, unas 67 hectáreas. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

La Ley de Reforma Agraria entregó la propiedad de la tierra a campesinos hasta un máximo de cinco caballerías, es decir, unas 67 hectáreas. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Al fin divisaron los bohíos de la comandancia general, tan cubiertos por el follaje que era imposible verlos a distancia, fuera de la arboleda. Gracias a ello nunca pudieron ser detectados por la aviación batistiana en los días de la guerra. La reunión del Consejo de Ministros se efectuó en un bohío llamado “la casa de Faustino”. Ante una rústica mesa se sentaron el Presidente, Fidel (en su condición de primer ministro) y otros miembros del gabinete.

El líder histórico de la Revolución usó de la palabra para subrayar la solemnidad del momento, pues la firma de la Ley de Reforma Agraria, que los había convocado a ese lugar, “habrá de darle al país un nuevo ordenamiento económico y social, creando y desarrollando nuevas fuentes de trabajo en beneficio de las clases más pobres y desposeídas, de la clase campesina y obrera, olvidadas por regímenes anteriores, asegurando que dicha legislación redundará además en provecho de todos los trabajadores en general, tanto de las ciudades como del campo”.

Aunque fomentaba la creación de cooperativas, ya estas existían desde meses atrás en las tierras expropiadas a los malversadores y personeros de la derrocada tiranía batistiana. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Aunque fomentaba la creación de cooperativas, ya estas existían desde meses atrás en las tierras expropiadas a los malversadores y personeros de la derrocada tiranía batistiana. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Se hallaban presentes más de las dos terceras partes del Consejo de Ministros. Su votación para aprobarla fue unánime. A continuación, se designó a Fidel como presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), organismo creado para la puesta en práctica de la nueva legislación. El cargo de director ejecutivo se le encomendó a Antonio Núñez Jiménez.

Desde la reunión en “la casa de Faustino”, durante toda la tarde y las primeras horas de la noche, todo era alegría y nadie se preocupó por garantizar la elaboración de la cena. Según testimonio de Ernesto Vera, quien en funciones de trabajo se hallaba ese día en La Plata haciendo la cobertura periodística para el matutino Revolución, “tanto el presidente como los ministros y todos los que los acompañábamos nos alimentamos con azúcar prieta. Esa fue nuestra única comida esa noche”. Rendidos por el sueño, todos buscaron cobijo en los bohíos para colgar las hamacas. Unos pocos alegaron problemas de columna y durmieron encima de unas mesas. Otros, incluyendo a Vera y algunos ministros, desconfiados de la confección de lona, prefirieron el suelo.

Con esta legislación surgieron nuevas relaciones sociales de producción en el sector agropecuario. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Con esta legislación surgieron nuevas relaciones sociales de producción en el sector agropecuario. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Relataba Luis Buch: “Al amanecer de día 18 bebimos el exquisito café montañés y partimos en el helicóptero, que después de sucesivos viajes nos condujo a Manzanillo. Desde allí nos dirigimos hacia La Habana. Fidel se quedó visitando parajes de la guerra”. En realidad, el Comandante en Jefe quería intercambiar criterios con determinados campesinos, antiguos colaboradores del Ejército Rebelde en la lucha insurreccional. El mismo 18 de mayo se encaminó hacia Palma Mocha, donde dejó fundada una cooperativa ganadera.

Retrospección desde el tercer milenio

Como muchos académicos coinciden en afirmar, la primera Ley de Reforma Agraria, en mayo de 1959, abrió una nueva era en la historia política y económica social de Cuba: desencadenó las transformaciones estructurales en la agricultura cubana y fijó el destino del país por el camino de la justicia social y el socialismo, al liquidar el latifundio como sistema de explotación y a la gran burguesía terrateniente como grupo de poder. A la vez, inició al Estado y a los obreros agrícolas en la dirección del sector agropecuario con nuevas relaciones sociales de producción. También en la lucha de clases ocupó un lugar significativo, pues definió a los defensores y detractores de la Revolución, no es casual que el sector más afectado comenzara abiertamente a conspirar y apelara incluso al terrorismo en sus variantes más extremas.

Esta legislación tampoco agradó a los círculos de poder estadounidenses. A partir de ella comenzaron a sistematizarse los planes de agresión de todo tipo contra Cuba. Derrocar la Revolución devino obsesión y obligado plan de trabajo para los servicios de inteligencia del vecino país norteño.

Fuentes consultadas: Los libros Gobierno revolucionario cubano: génesis y primeros pasos, de Luis Buch; y Reforma Agraria 40 años después, de Carmen María Díaz García.  Las compilaciones Ernesto Che Guevara, Obras 1957-1967, de Casa de las Américas; y Fidel en el año de la Libertad, de Eugenio Suárez y Acela Caner.

 


Pedro Antonio García

 
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