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Publicado el 15 Mayo, 2020 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1955

La única opción

Quedaba bien claro que solo mediante la lucha armada podría combatirse a la tiranía batistiana
A Fidel lo sacaron por una ventanilla y lo pasearon en hombros. (Foto Autor no identificado)

A Fidel lo sacaron por una ventanilla y lo pasearon en hombros. (Foto Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Desde horas tempranas en la madrugada comenzaron a llegar personas al salón de espera de la terminal de ferrocarriles habanera. Ya al amanecer sumaban centenares. Quince minutos antes de las ocho, por una de las vías de la sección izquierda arribó el tren procedente de Batabanó. Todavía estaba en marcha cuando fue literalmente asaltado por la multitud. En uno de los vagones se hallaban Fidel y los moncadistas liberados el día anterior en el Presidio Modelo de Isla de Pinos.

Un periódico de la época describió en su primera página y bajo grandes titulares lo sucedido allí en la mañana del 16 de mayo de 1955: “A Fidel Castro lo sacaron por una ventanilla y lo pasearon en hombros. Un grupo de madres que también perdieron a sus hijos en la sangrienta peripecia desplegaron una bandera cubana y rompieron a cantar el himno nacional. Cientos de voces las acompañaron”.

También había acudido al recibimiento el ejecutivo de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de La Habana, encabezado por su presidente, José Antonio Echeverría, quien exhibía un brazo en cabestrillo. Días antes, el joven estudiante de Arquitectura había ido al Morrillo, a rendirle homenaje a Antonio Guiteras, pues se cumplían 20 años de su caída en combate. Al regresar a la ciudad de Matanzas, la comitiva de la FEU tuvo un violento enfrentamiento con la policía, la cual los golpeó salvajemente.

Los estudiantes muestran la paloma muerta a los fotorreporteros. (Foto Autor no identificado)

Los estudiantes muestran la paloma muerta a los fotorreporteros. (Foto Autor no identificado)

La presencia de José Antonio perseguía, además, otro objetivo. Al ser puesto en libertad el 12 de mayo, había declarado a la prensa: “El estudiantado está en pie de lucha y el próximo 20 de mayo realizará una concentración con la consigna Por la república de Martí, que tendrá lugar en la Escalinata Universitaria y será el marco digno para que se movilice y asista a este acto en el que hablarán presos políticos, exiliados y dirigentes estudiantiles. Será invitado el doctor Fidel Castro para que haga el resumen de este evento patriótico que no tendrá paralelos con otros que se han celebrado”.

Y por supuesto, el Jefe de los Moncadistas confirmó gustoso su participación en el mitin.

El porqué de una amnistía

Tras 32 meses de usurpar el poder, Fulgencio Batista necesitaba darle una apariencia de legalidad a su régimen. Por ello es que convocó a elecciones generales para noviembre de 1954. Antes se había asegurado de tener todo lo necesario para imponerse en los comicios: el apoyo de cuatro partidos politiqueros, que acudirían en coalición enarbolando su candidatura presidencial; todas las alcaldías del país en sus manos; y una ley electoral obsoleta y con muchos resquicios que permitían el fraude.

Como era de esperar, fue “elegido” presidente con una cifra récord. En provincias como Las Villas hubo más votantes que posibles electores y en algunos municipios hasta los muertos ejercieron el voto. Pero las cárceles estaban llenas de presos políticos y había que dar, sobre todo ante los círculos de poder estadounidenses, una imagen de estabilidad.

Tuvo que aceptar la inclusión de Fidel y sus compañeros en esa amnistía, porque así se lo impuso la opinión pública nacional. A su salida del Presidio Modelo, el jefe de los moncadistas, en diálogo con la prensa afirmó: “Pienso permanecer en Cuba, luchando a visera descubierta. Combatiendo al gobierno, señalando sus errores, denunciando sus lacras, denunciando gansters, porristas y ladrones”. Después añadió: “Estamos por una solución democrática. El único que se ha opuesto aquí a soluciones pacíficas es el régimen”. Pronto la vida le daría la razón.

La respuesta de la tiranía

En un manifiesto al pueblo de Cuba, hecho circular a raíz de su excarcelación, Fidel subrayaba en nombre de los moncadistas: “no somos perturbadores de oficio, que si un cambio de circunstancias y un régimen de positivas garantías exigieran un cambio de táctica en la lucha, lo haríamos en acatamiento a los supremos intereses de la nación […] Corresponde ahora a los hombres del régimen demostrar que esas garantías son ciertas y no, como hasta ahora, promesas mentirosas”.

La respuesta de la tiranía no se hizo esperar. Como Fidel declarara al periódico La Calle, para su edición del 21 de mayo de 1955, al concluir una intervención suya en la radio, organizada con todos los requisitos de la ley, “la policía penetró violentamente en el local recriminando al administrador de la planta y llevándose todos los documentos.

“Ayer 20 de mayo agentes de la autoridad penetraron sin mandamiento judicial en la residencia del compañero Pedro Miret, que acaba de salir con nosotros de la prisión, practicando un minucioso registro ante la consternación y el asombro de sus familiares.

“Estamos por una solución democrática. El único que se ha opuesto aquí a soluciones pacíficas es el régimen”. (Foto Autor no identificado)

“Estamos por una solución democrática. El único que se ha opuesto aquí a soluciones pacíficas es el régimen”. (Foto Autor no identificado)

“Más sintomático es el hecho de que al acudir a la Universidad de La Habana en la noche de ese mismo día, invitado por la FEU para hacer el resumen del acto, un grueso cordón policiaco me impidió la entrada en el recinto. Numerosos ciudadanos fueron golpeados brutalmente y el acto suspendido sin justificación alguna pese a su carácter ordenado, pacífico y cívico”.

Sobre este último hecho, todo un escándalo político en la Cuba de 1955, aparecía en esa edición de La Calle una mayor información. A partir de las seis de la tarde de aquel 20 de mayo, un ejército de agentes de los aparatos represivos de la tiranía batistiana, incluyendo a patrulleros de la sección radio motorizada y soldados con armas largas y ametralladoras, cercaron totalmente a la Universidad de La Habana, a la cual ya habían privado de energía eléctrica. El grueso cordón de uniformados cerraba todas las vías de acceso a la Colina e impedían con golpizas brutales que la gente de pueblo se acercara a la casa de altos estudios.

En plena oscuridad, desde lo alto de la Escalinata, se oyó la voz de José Antonio. Los estudiantes utilizaban una pequeña planta para dotar de energía a un micrófono y los altoparlantes diseminados en varios puntos. Al escuchar las denuncias al régimen hechas por el presidente de la FEU y su arenga al combate, los uniformados abrieron fuego desde la encrucijada de las calles L y San Lázaro hacia el estrado en penumbras, ubicado cerca del Alma Máter.

Al día siguiente (21 de mayo), según relatarían varias publicaciones de la época, entre ellas la revista BOHEMIA, los transeúntes contaban los impactos de bala en las instalaciones del recinto docente. Como un extraño símbolo, una paloma muerta yacía en medio de la Escalinata. Para algunos, aquella noche la dictadura batistiana le había declarado definitivamente la guerra a la paz. Pero también algo quedaba totalmente claro: para enfrentar al régimen tiránico no había más opción que la del 68 y el 95.

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Fuentes consultadas: Informaciones aparecidas en el periódico La Calle entre el 12 y el 21 de mayo de 1955, y en la revista BOHEMIA, ediciones del 22 y 29 de mayo. El libro Tiempos precursores, de Mario Mencía. La compilación Fidel periodista, de Ana Núñez Machín.

 

 

 


Pedro Antonio García

 
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