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Publicado el 19 Julio, 2020 por Prensa Latina en Historia
 
 

Haydée Santamaría

Hija de los pueblos de América Latina

Haydée Santamaría Cuadrado (1923-1980) sirvió de inspiración a miles de sus compatriotas, antes y después del triunfo de la Revolución Cubana
Como dijera una colega, un inventario de las acciones revolucionarias de Haydée sería tan emocionante como extenso. (Foto: Autor no identificado)

(Foto: Autor no identificado)

Por Marta Denis Valle*

La Habana, (Prensa Latina) Leyenda y ternura, Haydée Santamaría supo unir a los intelectuales progresistas latinoamericanos en defensa de la Revolución Cubana y a la cultura de Nuestra América, desde el Río Bravo a la Patagonia como soñó el héroe nacional José Martí.  Era una cubana sencilla, que junto a su amiga Melba amaneció la mañana de la Santa Ana rumbo a su destino como heroína del asalto al Cuartel Moncada aquel domingo 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba.

Haydée Santamaría Cuadrado (1923-1980) sirvió de inspiración a miles de sus compatriotas, antes y después del triunfo de la Revolución Cubana, para avanzar en la participación social, e, incluso, muchos pusieron ese nombre a sus hijas.

CAMINO A LA REVOLUCION

En el pequeño apartamento número 603, del edificio de 25 y O, Vedado, La Habana, Haydée y su hermano Abel Santamaría (1927-1953) se convirtieron en anfitriones de jóvenes patriotas como ellos.

Allí se concibió en gran medida el plan insurreccional, encabezado por el futuro líder revolucionario Fidel Castro Ruz (1926-2016), para desencadenar la Revolución por la vía armada, en rechazo al golpe militar del 10 de marzo de 1952, y realizar profundas transformaciones en el país.

Ya en Santiago de Cuba, tras cooperar en todo lo posible, Haydée reclama participar en la acción y es autorizada junto con su amiga Melba Hernández Rodríguez del Rey (1921-2014) a auxiliar como enfermeras al médico Mario Muñoz (1912-1956) en el Hospital Civil Saturnino Lora.

Cuando salieron del Moncada el 28 de julio rumbo al vivac santiaguero, Haydée y Melba Hernández eran las únicas sobrevivientes de la veintena de sus compañeros de la acción del Hospital Saturnino Lora y testigos excepcionales de los crímenes de la soldadesca.

Contra ellas no existían pruebas pues su participación tuvo solo carácter humanitario, según demostraron sus abogados defensores destruyendo falsas acusaciones de que se negaron a curar heridos y actuaron con maldad. No obstante, fueron sancionadas a siete meses de prisión.

Su abogado, el doctor Baudilio Castellanos, pidió al Tribunal absolverla y permitirle volver al hogar a llorar en el regazo de su madre sus cuatro grandes dolores: su hermano Abel, su novio Boris Luis Santa Coloma (1928-1953), su Patria y la Humanidad.

Yeyé Santamaría nunca olvidó las terribles torturas aplicadas a los dos jóvenes, muy cerca de donde ambas estaban y que los verdugos les hicieron saber; tampoco los quejidos de decenas de sus compañeros, arrojados junto a ellas en el mismo salón, ya moribundos, destrozados a golpes.

A la salida de la cárcel tuvo que guardar aquel dolor en su corazón y asumir la reorganización del movimiento revolucionario, difundir la verdad sobre lo ocurrido en el Asalto al Cuartel Moncada y promover la campaña de amnistía para los moncadistas presos.

En 1955 integró la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, y esa misma muchacha rubia que se arrastró bajo las balas a socorrer un militar enemigo herido frente al Saturnino Lora, volvió a Santiago de Cuba a organizar junto a Frank País (1934-1957) el alzamiento del 30 de noviembre de 1956.

Para entonces era María, la luchadora clandestina, la esposa de Jacinto (Armando Hart), quien escribió como en la segunda mitad de 1955 se fueron estrechando sus relaciones y alcanzaron una profundidad tal que le resulta muy difícil describir aquella exquisita y maravillosa mujer.

Varias veces subió y bajó de la Sierra Maestra, donde le hubiera gustado quedarse en las filas del Ejército Rebelde; burló más de una vez el peligro y los órganos represivos, y en otras ocasiones resultó detenida durante los difíciles años de la lucha clandestina en las ciudades.

Con pasión Haydée se entregó a la construcción de la nueva Cuba y la prestigiosa Casa de las Américas, fundada y dirigida por ella durante 20 años, significa su gran obra creativa.

A ella, con refinada sensibilidad, expresó Hart, le correspondió establecer esos nexos entre la cultura cubana y la tradición intelectual y política latinoamericana, y caribeña.

Al mismo tiempo, Haydée hablaba cada día con sus muertos irreparables y los llevaba consigo como íntima presencia, sacando fuerzas para seguir adelante. A los anteriores se habían unido Frank País, en 1957, y el Che Guevara, en 1967.

Así el 28 de julio de 1980, en un momento de depresión, atentó contra su vida.

‘…fue una apasionada combatiente de nuestra Revolución en los días más difíciles y lejanos, compañera entrañable y querida para todos nosotros y para todo el pueblo, una figura de incalculable prestigio internacional, una destacada representante del heroísmo…’, expresó el comandante Juan Almeida al despedir su duelo.

‘Los que la conocimos desde cerca sabemos que las heridas del Moncada nunca acabaron de cicatrizar en ella, pero sobre todo en los años más recientes la compañera Haydée venía sufriendo un progresivo deterioro de su salud y, en adición a esto, hace algunos meses sufrió un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida, lo que agravó su estado tanto físico como psíquico…’, dijo.

* La autora es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina


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