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Publicado el 16 Diciembre, 2020 por Redacción Digital en Historia
 
 

La Gallega Ana María nos deja su contagiosa espontaneidad

A la Gallega le habían llamado la atención las historias de nuestro país empeado en construir el socialismo en un país hispano parlante pero no sospechaba que se convertiría pronto en su nueva patria

Ana María Rovira, La GallegaPOR GIRALDO MAZOLA

El pasado domingo 13 el corazón de Ana María Rovira se negó a seguir latiendo. Nos enteramos por la mañana.

La conocían todos como La “Gallega” y por sus características fue y es una persona difícil de olvidar.

Pocos saben que nació en Francia en 1945 donde sus padres comunistas llegaron exilados en1939 cuando la república por la que lucharon fue aplastada por la barbarie franquista.

El gobierno “socialista” francés en1950 expulsó a su padre a la isla de Córcega dejando a su madre y a ella en una situación económica muy difícil hasta que, en 1951, el movimiento de solidaridad con los exilados españoles, posibilitó que el gobierno polaco le ofreciera asilo en su país.

En Polonia

Casi acababa de concluir la II Guerra Mundial y Polonia comenzaba a resarcirse de la devastación nazi y por tanto siguió viviendo la familia en condiciones difíciles.

No obstante, la satisfacción por la liquidación del fascismo en Alemania, Italia y Japón les daba la esperanza que también en su lejana patria la situación cambiase.

Creció en ese ambiente que sus padres colmaban de esperanzas, pero haciéndole patente que las conquistas futuras requerirían sacrificios y lucha.

De ahí su actividad constante militando en la juventud comunista española en el exilio, en el partido comunista español e incluso en la organización juvenil comunista polaca.

En 1964 el Partido Comunista español le propuso a su padre venir como médico a Cuba dada la situación difícil que enfrentábamos por la emigración a Estados Unidos de la mitad de los profesionales de la salud que teníamos entonces.

A la Gallega le habían llamado la atención las historias de nuestro país empeñado en construir el socialismo en un país hispano parlante pero no sospechaba que se convertiría pronto en su nueva patria.

La aceptación por su padre de venir a Cuba la hizo buscar toda la información posible e iniciar su amor infinito y definitivo por esta isla caribeña.

En Cuba

Llegan a Cuba en 1964 y el Dr. Enrique Rovira comenzó a trabajar en el hospital Naval hasta su jubilación en 1983.

Allí cosechó amistades y afectos por su capacidad como profesional de la salud y su permanente disposición a trasmitir sus experiencias.

Con la inagotable energía de sus 19 años matricula y se gradúa como Licenciada en Literatura y Lengua rusa y comienza a trabajar como guía en el ICAP, en la Academia de Ciencias y finalmente en el MINREX en 1974.

Aún antes ya era de hecho la “traductora oficial” de polaco y en 1972 acompaña al Comandante en Jefe en su visita oficial a ese país como hizo después acompañando a Raúl, a Almeida, Carlos Rafael, Severo Aguirre y otras delegaciones.

Desde luego se incorporó a la UJC y en 1981 al Partido Comunista de Cuba.

En el MINREX

Su labor en el MINREX fue variada; en la dirección de Europa en distintas responsabilidades, directora de Cuadros, jefa de la oficina de Atención a la Población y embajadora de Cuba en Polonia, Suiza y Burkina Faso.

Quienes visitaron su casa y conocieron a su padre coincidirán que heredó su modestia, gracejo y su ameno diálogo sobre cualquier tema.

De la madre Francisca, “la paca”, retuvo su tenacidad y fe en la posibilidad de encontrar soluciones a los problemas cualesquiera que fuera su magnitud y su desprendimiento de las cosas materiales, pero no aprendió sus excelentes e insuperables dotes culinarias.

Gallega, te recordamos con cariño.


Redacción Digital

 
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