0
Publicado el 15 Diciembre, 2020 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

BATALLA DE MAL TIEMPO, 1895

Victoria con el filo del machete

Fue un duro golpe para la moral de España y afectó la producción azucarera, pues permitió que la guerra se extendiera a casi toda la nación

Por ERNESTO USTARIZ*

Gómez y Maceo, cuando decidieron avanzar, no sabían que entre los cuarteles de Mal Tiempo y Cruces aguardaban más de 8 000 soldados. (Ilustración: AURELIO)

Gómez y Maceo, cuando decidieron avanzar, no sabían que entre los cuarteles de Mal Tiempo y Cruces aguardaban más de 8 000 soldados. (Ilustración: AURELIO)

La Invasión a Occidente constituye la más grande hazaña militar de las gestas independentistas cubanas en el siglo XIX y una de las más significativas del continente. La lucha y la victoria contra un enemigo muy superior en número y armas, asombra y emociona cada vez que revisitamos la historia.

La columna invasora había partido el 22 de octubre de 1895 desde Mangos de Baraguá, bajo el mando de Antonio Maceo, y se había unido a las fuerzas de Máximo Gómez en los potreros de Lázaro López, en la hoy provincia de Ciego de Ávila.

El avance de las fuerzas mambisas se sucedía a toda velocidad, la orden dada era no presentar combate hasta que fuera inevitable, retroceder cuando no hubiese otra opción, y continuar hacia occidente siempre. Por esto, durante el inicio de la marcha no hubo más que acciones y escaramuzas de baja intensidad. Pero esto cambió radicalmente en Mal Tiempo, en las inmediaciones de Cruces, el 15 de diciembre de 1895.

Desde días antes los españoles habían perdido el contacto con la columna invasora, cuando tras el encuentro con la retaguardia en Siguanea, Martínez Campos anunció que los cubanos no avanzarían mucho más. El alto mando peninsular ordenó, no obstante, reforzar las entradas de Cruces, territorio azucarero de importancia económica y centro de operaciones del Ejército colonial, tratando de ponerle una barrera infranqueable. La táctica de los generales ibéricos era encerrar a las fuerzas cubanas en un triángulo formado entre los poblados de La Esperanza, Santo Domingo y Cruces. Nada los hacía imaginar lo que sucedería en poco tiempo.

Todo comenzó en la mañana del día 15, cuando los mambises, aplicando la política de la tea incendiaria, le dieron fuego al cañaveral aledaño al central Teresa. Tan imponente era la tropa insurrecta que la guarnición del central observó sin presentar batalla cómo se quemaba el campo. Siguió la marcha de los independentistas, pero un campesino de la zona les avisó que había fuerzas españolas en Mal Tiempo. Tras un breve diálogo, Gómez y Maceo decidieron avanzar, no sabían que entre los cuarteles de Mal Tiempo y Cruces aguardaban más de 8 000 soldados.

El combate se inició de forma inesperada, pues los españoles pensaban que la columna cubana se encontraba desarticulada, cosa que creyeron confirmar tras el primer encuentro. En realidad, los disparos iniciales los realizaron unos insurrectos locales, quienes asistían a un velorio en el lugar; los jefes ibéricos ordenaron a sus efectivos enfrentarlos. Desconocían estos mambises que a menos de un kilómetro se hallaba un escuadrón de avanzada invasor. Este último grupo, a pesar de la orden recibida el día anterior, se desplegó en la zona y no cargó inmediatamente, lapso que aprovecharon los españoles para organizarse en cuadros, una de sus formaciones más socorridas.

Varios regimientos de villareños participaron en la acción bajo el mando de Serafín Sánchez. (Ilustración: ESTEBAN VALDERRAMA)

Varios regimientos de villareños participaron en la acción bajo el mando de Serafín Sánchez. (Ilustración: ESTEBAN VALDERRAMA)

Al oír los primeros disparos, Antonio Maceo, a la vanguardia de la columna invasora, decidió intervenir: “La nave ha entrado en alta mar”, dijo resueltamente. Pero tuvo que vadear una zanja y después se topó con una cerca que lo separaba de los cuadros españoles. Mientras rompía este obstáculo, se le sumó el Regimiento Céspedes, justo cuando del otro lado entraba a toda velocidad Gómez, quien iba secundado por su escolta y varios regimientos de villareños bajo el mando de Serafín Sánchez. Lo seguía poco después el brigadier Luis de Feria, quien comandaba la retaguardia.

A media mañana se desarrollaron, de forma vertiginosa, las acciones. Momento clave fue cuando el Generalísimo ordenó cargar al machete, mientras eran incendiados los cañaverales que flanqueaban el camino por donde avanzaban los españoles. Envueltos en un torbellino de fuego y machetazos, estos tuvieron que retirarse a la desbandada, desoyendo así la orden que días antes había dado el Capitán General de luchar hasta las últimas consecuencias.

No solo huyeron las tropas recién llegadas de Canarias, poco pudieron hacer la caballería lanzada en su apoyo y un destacamento de 500 hombres enviados en tren, todos fueron derrotados.

A Martínez Campos le llamaban el Pacificador porque había sometido en España a carlistas y republicanos. (Crédito: Autor no identificado)

Madrid, tras esta derrota, perdió la confianza en Arsenio Martínez Campos. (Foto: Autor no identificado)

El resultado de la batalla habla por sí solo de la fiereza de los acontecimientos. Más de 200 soldados peninsulares perdieron la vida, entre ellos, casi una decena de oficiales; a esas bajas se sumaron casi 100 heridos. El botín de guerra recogido por los cubanos también es impresionante: alrededor de dos centenares de fusiles de diversos tipos, municiones, abastecimientos, banderas y archivos.

La victoria mambisa tuvo varias causas. La columna enemiga enviada a cortarles el paso no sabía que los insurrectos se hallaban tan cerca. Además, los partes exagerados de los jefes españoles inflaban todas las escaramuzas y las convertían en aplastantes victorias, de tal forma que cuando esperaron encontrar partidas aisladas en la zona, hallaron un contingente perfectamente organizado. También incidió la utilización de formaciones militares anticuadas, no efectivas ante la carga al machete, más cuando estaba tan bien conducida por generales de la estirpe de Maceo y Gómez.

La victoria de Mal Tiempo confirmó la posibilidad real de que los mambises pudieran entrar en el Occidente cubano. Fue un duro golpe para la moral de España y afectó la producción azucarera, permitió que la guerra se extendiera a casi toda la nación. Unido a esto, el Gobierno español dejó de confiar en uno de sus mejores generales, Arsenio Martínez Campos, quien fue relevado de su cargo en enero de 1896.

*Investigador y profesor universitario.

_______________

Fuentes consultadas:

La forja de una nación, de Rolando Rodríguez; El desafío del yugo y la estrella, de José Cantón Navarro; y el Diario de campaña de Máximo Gómez.


Redaccion Cultura e Historia