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Publicado el 19 Febrero, 2021 por Pastor Batista en Historia
 
 

IDALBERTO PEREIRA MORENO

En clave con un guagüero

A tres décadas de haber retornado, triunfantes, los últimos combatientes internacionalistas de Cuba en Angola, un avileño “descifra” ante la pupila de nuestros lectores el misterio, siempre a plena luz, de una epopeya que estremeció al continente africano y al mundo en términos de solidaridad entre pueblos hermanos
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Por PASTOR BATISTA VALDES

 “Quienes defendimos a Cuito Cuanavale no teníamos noción exacta de la dimensión histórica de aquel momento”, afirma Pereira. (Foto: Pastor Batista)

“Quienes defendimos a Cuito Cuanavale no teníamos noción exacta de la dimensión histórica de aquel momento”, afirma Pereira. (Foto: Pastor Batista)

Fotos: Autor y cortesía del entrevistado

Tal vez nadie se lo ha dicho. Quizás ni él mismo lo ha pensado, pero mientras avanzo hacia el fondo de su casa, más bien pequeña, alargada e impecablemente organizada, me sobreviene la nostálgica impresión de estar entrando en uno de aquellos refugios construidos por los combatientes internacionalistas cubanos en el sur angolano, donde cada detalle del espacio interior dejaba una enseñanza y todo devenía silencio, camaradería, seguridad… aunque afuera estuviese –literalmente- explotando el mundo.

Solo que ahora, aquí, no ocurre así. Calles, entrecalles y edificaciones aledañas transpiran una paz tan deseada como la que a su gradual regreso, hace tres décadas, dejaron 50 000 cubanos para el pueblo de Angola.

El patio, no menos familiar, deviene una suerte de jardín de Edén, donde nuestro “personaje” (y sí que lo es) suele sentarse al regresar del trabajo, para escuchar la música de un ayer que no deja de ser reciente, hobby que por lo general combina con alguna labor socialmente útil, con el placer de deshojar con la mirada momentos de gorra y camuflaje, o con el asalto telefónico a los ya retirados generales Miguel Lorente León y Venancio Ávila Guerrero, a Albertico Núñez Betancourt (hoy director del periódico Trabajadores), a Milton Díaz Canter y Rigoberto Senarega, de la Televisión Cubana,  o al matancero Regino Rodríguez de Armas, “yunta” suya  durante más de dos años en geografía de África.

“Es que para mí el tiempo no ha transcurrido –me confiesa el avileño Idalberto Pereira Moreno, casi en un secreto a baja voz.

Le pregunto por qué esa sensación y admite que fue una etapa muy intensa, cargada de fuertes vivencias, de momentos trascendentales que decidieron el destino de aquel sufrido país y el curso posterior de la vida en Namibia y en Sudáfrica.

  • Me estás hablando de Cuito Cuanavale…
La asesoría cubana fue vital para levantar la moral combativa y la preparación integral de las tropas angolanas. (Foto: Pastor Batista)

La asesoría cubana fue vital para levantar la moral combativa y la preparación integral de las tropas angolanas. (Foto: Pastor Batista)

“De Cuito Cuanavale y de Angola en general. No hay día en que no vengan a mí montones de recuerdos, unos asociados a la labor concreta que realicé allí, otros a la valentía, a la amistad, al heroísmo de compañeros que enfrentaban el poderío de la maquinaria de guerra enemiga en cada nuevo ataque u hostigamiento, compartían contigo su ración de comida, el agua de su cantimplora, el contenido de una carta familiar y estaban dispuestos a entregar su vida para salvar la tuya. Esas cosas se dicen, pero para entenderlas bien hay que haberlas vivido”.

  • ¿Artillero, tanquista, zapador…?

“Nada de eso, aunque dispuesto a todo. Yo fui como clavista; o sea, preparado para cifrar y descifrar mensajes entre el mando allá y las máximas direcciones política y militar en Cuba.

“De mi llegada a ese hermano país (18 de septiembre de 1986) hay dos cosas que nunca olvido. Una es mi recogida en la unidad de tránsito para ir hacia la sede central de la Misión Militar Cubana en Angola (MMCA). Recuerdo que el encargado de hacerlo me miró y dijo: ¿A quién se le ocurrió mandar a un guagüero como clavista? La sangre me hirvió, pero me limité a responder: “Una Revolución como la nuestra se hace con todos y para el bien de todos”. Y no se habló más.

“Lo otro fue mi primer contacto con el órgano como  tal. Regino y yo quedamos boquiabiertos. Aquellos compañeros tenían una agilidad increíble, parecían máquinas, robots, qué sé yo. Mi amigo y yo nos miramos y coincidimos en una misma idea: llegar a ser tan buenos como ellos o mejores.”

   ¿POR QUÉ CUITO?
El Guagüero avileño (abajo) junto a Campillo, a la entrada del refugio donde recibían y transmitían mensajes cifrados. (Foto: Archivo del autor)

El Guagüero avileño (abajo) junto a Campillo, a la entrada del refugio donde recibían y transmitían mensajes cifrados. (Foto: Archivo del entrevistado)

Tras el fracaso de la ofensiva angolana Saludando a octubre (con la que Cuba no coincidió por su concepción táctica y características del Teatro de Operaciones), los sudafricanos lograron avanzar, golpear a las fuerzas angolanas y se aprestaban a ocupar la estratégica posición de Cuito Cuanavale, confluencia de los ríos homónimos, para continuar penetrando.

Como apuntaría Rodolfo Puentes Ferro, embajador de Cuba en Angola, a finales de 1987 no solo podían ser exterminados 10 000 soldados angolanos allí: peligraba la estabilidad completa del país, el futuro de la nación.

Ante una nueva solicitud del gobierno angolano, Fidel decide poner en la zona de conflicto todo lo humana y militarmente necesario para resolver el problema de una vez y para siempre.

“Debe haber sido como la una de la madrugada cuando recibí aquel cable del Comandante en Jefe. Al leerlo me ericé de pies a cabeza. Sin perder un minuto se lo llevé y entregué personalmente, como estaba indicado, al Jefe de la Misión.

“Ese mismo día, en pleno vuelo de Luanda hacia Menongue, un grupo de oficiales y combatientes que acumulábamos ya tiempo en Angola y con total dominio de nuestras especialidades, conocimos el destino de la misión (Cuito Cuanavale) y la labor que, como asesores, iniciaríamos allí, para levantar la moral combativa de las diezmadas tropas angolanas e ir creando aceleradamente condiciones para la inserción de refuerzos en la caldeada zona, como el Grupo Táctico encabezado por  Ávila Guerrero y otros medios dirigidos por hombres como Lorente.

“De Menongue a Cuito nos trasladamos en dos helicópteros, volando a muy baja altura, sobre las copas de los árboles y las chanas (vaguadas). Los aparatos no llegaron ni a aterrizar; nos lanzamos a unos dos metros de altura. No habíamos acabado de hacerlo y comenzó el bautismo de fuego. Ni que nos estuvieran mirando por un hoyito.

“Un mayor y yo nos zumbamos de cabeza para un hangar abandonado. Había huecos por todas partes. Humm, en cualquier momento sale una cobra; algo se mueve y… por suerte es un ratón. Entonces aquí no hay serpientes. ¿Pero tú qué haces disparando hacia todas direcciones, contra quién? ¡Cálmate coño! El mayor logra controlarse. Poco a poco el hostigamiento va cediendo. ¿Dónde hemos caído? Cuando se llega a un lugar alguien te espera. Aquí nadie. Solo la guerra, acaso la muerte y esos altavoces, desde lejos, llamando a los angolanos a rendirse. Es el trabajo de inteligencia enemiga repitiendo: lo nuestro no es contra ustedes, sino contra los cubanos; sabemos que están llegando…”.

  • ¿Nerviosismo?
Pereira con dos fragmentos de proyectiles enemigos, lanzados el primero de Enero de 1988. (Foto: Archivo del autor)

Pereira con dos fragmentos de proyectiles enemigos, lanzados el primero de Enero de 1988. (Foto: Archivo del entrevistado)

“Nerviosismo, incertidumbre, miedo inevitable… pero al carajo todo eso. Yo vine a transmitir y allá voy con mi primer mensaje en clave. Este no lo para nadie. Si no ¿de qué me sirven los cientos y cientos que pasé y recibí desde Luanda, mientras en los ratos libres me auto-retaba por si un día tenía que transmitir nombres tan increíbles como Saditanganga de Moma, en Huige?

“Un premio a quien duerma esta primera noche en Cuito, oscura como boca de lobo, sin más colchón que la tierra, por mosquitero el cielo, ración una minidosis de leche condensada con galleta y agua en cantimplora…

“Ay hermano Regino, qué bien hicimos en decidir, por mutuo acuerdo, que vendría yo y no tú. La hipertensión que padeces no es nada buena para un escenario como este. Pero no te preocupes, me cuidaré como gallo fino y mantendremos contacto, vitalidad, aunque yo tenga que destruir todo el material y me quede en opción cero. Para eso ideamos ese sistema, raro, único, que los especialistas enemigos y nadie podría descifrar aunque estuvieran años rompiéndose el cráneo para dar con el contenido del mensaje.”

  • ¿Cuántos al día?

“Muchos, diez, quince… depende de la situación concreta. Podrás imaginar el flujo en momentos de tensión, durante combates como los que tuvieron lugar a todo lo largo de enero, febrero y marzo.”

  • ¿Sensación de soledad, de aislamiento mientras ustedes eran apenas un puñado de asesores?

“Con la llegada del Grupo Táctico (18 de enero) saltábamos de alegría, no lo niego. Aprovecho para decirte que para entonces ya nos habíamos hecho de dos BM-21, Cachita y Libertad, a las que pusimos listas para meterle plomo al enemigo. Pero yo mentiría si dijera que nos sentimos solos porque eso nunca sucedió…

   FIDEL TODO EL TIEMPO ALLÍ
Lorente (extremo izquierdo) y Ávila, junto al yipi que bautizaron como El Guayo, por la cantidad de impactos en su carrocería. (Foto: Pastor Batista)

Lorente (extremo izquierdo) y Ávila, junto al yipi que bautizaron como El Guayo, por la cantidad de impactos en su carrocería. (Foto: Pastor Batista)

Quizás otros, a quienes les llegaban las orientaciones, sugerencias, órdenes, ya procesadas, no sintieron con igual intensidad aquella sensación de permanente acompañamiento. El inquieto guagüero avileño sí. A diferencia de los demás, él sabía que muchas veces, y sobre todo en los momentos más cruciales, quienes estaban al otro lado, convirtiendo más de 14 000 kilómetros en cero milímetro, eran Fidel, Raúl y la más alta dirección política y militar, o lo que es igual: estaba el pueblo de Cuba en peso, atento a todo cuanto aconteciera y a lo más importante: la vida de cada combatiente.

“Al Comandante en Jefe había que mantenerlo permanentemente al tanto de todo. El primero de enero de 1988, por ejemplo, los sudafricanos intentaron sorprendernos. Nos tiraron con algo que explotaba a cierta altura, se fragmentaba y podía ocasionar enormes estragos en las fuerzas vivas. Nuestro mando, encabezado por el entonces coronel Álvaro López Miera, informó y la respuesta no se hizo esperar: se trataba de las famosas Walkirias. Desde Cuba nos enviaron enseguida todas sus características.

“Recuerdo que también se le propuso a Fidel enviar hacia la profundidad a un grupo para destruir el poderoso armamento enemigo y él aconsejó esperar. Emplacen las BM-21 a distancia de tiro directo. Ellos van a volver a tirar dentro de cuatro o cinco días, lo verán. Y así fue. No imaginas lo que le pusimos hacia allá. Quienes luego fueron hasta el lugar dicen que ni yerba quedó.

“Fidel dominaba al dedillo la situación. Yo sentí que estuvo en el combate del 14 de febrero. ¡Valla día! Esa tarde lloré la supuesta muerte de Ciro Gómez con sus heroicos tanquistas, hasta que, oscureciendo ya, se comunicó por fin (¡Ciro está vivo, C…  grité) mientras él pedía que lo apoyaran con preparación artillera porque venía con algunos muertos y heridos.

“Y del 25 de ese mismo mes, ¡ni hablar! El 24, Fidel había sugerido trasladar entre penumbras, en el mayor silencio, a la 25 y a la 59 Brigadas de Infantería Ligera (angolanas). Era como si supiera lo que vendría. En la madrugada el enemigo avanzó con todo su arsenal sobre esas posiciones, ya vacías. Solo encontraron campos minados. Fue infernal para sus tanques e infantería. Por la mañana me subí a un punto de observación para mirar por el telémetro. Todavía volaban en pedazos. Cuando bajé podía exprimir a chorros el sudor de mi camisa. El otro golpe, demoledor y definitivo, ocurriría el 23 de marzo. Un verdadero puntillazo”.

UNA FAMILIA
Estado en que el fuego enemigo dejó las construcciones de Cuito Cuanavale. (Foto: Pastor Batista)

Estado en que el fuego enemigo dejó las construcciones de Cuito Cuanavale. (Foto: Pastor Batista)

“Éramos muchos (los clavistas) y al mismo tiempo uno solo. Lo que yo tiraba desde Cuito, era “empujado” por otros, al instante, para que llegara cuanto antes a La Habana. ¡Dale concho, métele, que ahí va uno por la primera para Alejandro!, repetían.

“Pero no puedo dejar de mencionar a los comunicadores. Sin ellos el clavista es nada. A mí me tocó un muchachito santiaguero. Un muchachito no: ¡una verdadera bola de… valor, para no decir la palabra que uno emplea en la guerra! Con eso te lo digo todo.

“De aquel primer grupo, los últimos en regresar fuimos Gilberto Campillo (otro clavista, habanero, que fue por si yo moría) y yo.

  • Dicen que tu arribo a Luanda fue un acontecimiento, entre colegas.

“Triste porque me encargaron trasladar el cadáver de un combatiente. Y reconfortante porque mis compañeros me estaban esperando. Llegué horas antes de mi cumpleaños (28 de febrero) y, conforme a lo pactado antes de partir, nadie se había tomado ni una línea del ron que reglamentariamente recibíamos cada mes… hasta que yo volviera”.

  • ¿Curandero, además de clavista?

“Bah… yo lo que siempre fui tremendo jaranero. En situaciones así hacen mucha falta el humor, el chiste, el optimismo. Entonces yo lo mismo me hacía el que curaba un empacho que liquidaba un golondrino. ¿Cómo? Casi siempre con lo mismo que recetaba la medicina.

  • Más de 30 años después de haber vuelto y rechazado ofertas ministeriales y a escala de Ejército Central, para seguir pegado a tu natal terruño de Orlando González y a Ciego de Ávila (ahora en  aseguramientos de la Empresa Universal) ¿qué prefieres: el timón o las cifras?

“En tiempos normales, el timón. No dejo de soñar con él. En caso de guerra, nadie lo dude, ¡Las cifras! Lo que bien se aprende no se olvida. Y mi Cuba siempre me tendrá ahí, listo para el combate.

 

Un guagüero de verdad no pierde la oportunidad de una foto como esta en Luanda. (Foto: Archivo del autor)

Un guagüero de verdad no pierde la oportunidad de una foto como esta en Luanda. (Foto: Archivo del entrevistado)

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