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Publicado el 23 Marzo, 2021 por Pastor Batista en Historia
 
 

CUITO CUANAVALE

El puñetazo del 23 de marzo

Tras una infructuosa cadena de acciones, embestidas, golpes y combates, a todo l largo de enero, febrero y marzo de 1988, Sudáfrica vuelve a quedarse con las ganas de tomar Cuito Cuanavale el 23 de marzo, jornada que ellos recordarán eternamente como puntillazo final en esa zona y nosotros como el Día de la victoria allí.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

El enemigo no pudo acceder a su antojo en Cuito Cuanavale./ Pastor

El enemigo no pudo acceder a su antojo en Cuito Cuanavale.

En la Punta de Maisí, en la gran cuenca del Río Cauto, en los llanos de Camagüey, en la cordillera del Escambray o en la Sierra de los Órganos, en plena Habana, en el Cabo de San Antonio… donde quiera que haya un internacionalista cubano, uno de los 377 033 que pasamos por Angola, el 23 de marzo deviene motivo de alegría, de conmemoración, de sano orgullo, en particular para quienes tuvimos el privilegio de estar, defender o combatir en Cuito Cuanavale.

Como se sabe, ese apartado paraje fue escenario de una aplastante derrota que, junto al indetenible avance de las tropas cubanas y angolanas por el flanco sudoccidental, obligó a Pretoria  a retirarse de suelo angolano y sentarse sin condicionamiento alguno a la mesa de negociaciones , al tiempo que condujo a la implementación, por fin, de la Resolución 435 de la ONU (para la independencia de Namibia) y al fin del régimen de segregación racial del Apartheid en Sudáfrica.

Tanque Olifant, neutralizado por nuestras tropas y abandonado por los sudafricanos en su estampida./ Pastor

Tanque Olifant, neutralizado por nuestras tropas y abandonado por los sudafricanos en su estampida.

Varios e intensos combates tuvieron lugar en Cuito Cuanavale, desde que el primer grupo de asesores cubanos se lanzó de los dos helicópteros en que habían volado, procedentes de Menongue (5 de diciembre de 1987)  y, al momento, una embestida artillera cernió sobre ellos plomiza irreverente bienvenida.

Intentos de la inteligencia enemiga, desde ese mismo minuto, por conminar a que los angolanos se rindieran (“porque el asunto es contra los cubanos”); lluvias de proyectiles de G-5, G-6 y Walkirias, aviones teledirigidos, ataque con tanques y medios blindados, cruentos combates en los que Sudáfrica puso todo su poder de fuego y muerte…  de todo ello hubo a lo largo de enero, febrero y el propio mes de marzo.

Tales acciones fueron cimentando un triunfo que tenía, necesariamente, que llegar.

Labor de asesoría cubana, en las Brigadas de Infantería Ligera angolanas/ Pastor

Labor de asesoría cubana, en las Brigadas de Infantería Ligera angolanas.

Aquel pequeño grupo no solo desempeñó un importantísimo rol en términos de asesoría para la preparación de jefes y combatientes angolanos en las Brigadas de Infantería Ligera replegadas hacia la zona. También contribuyó a elevar la moral combativa de esas tropas, a organizar mejor la defensa y a crear condiciones para insertar fuerzas y medios cubanos, a fin de resolver la delicada situación que se había creado allí, con el enemigo envalentonado, tras el fracaso de la operación Saludando a Octubre, concebida por las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA) a pesar de que a Cuba no le había parecido prudente hacerlo.

Combates como los del 13 y 14 de enero, 14  y 25 de febrero, por solo citar algunos, tuvieron su colofón el 23 de marzo cuando, tras realizar fuerte preparación artillera y embestidas de la aviación, el enemigo se lanza sobre la 25 BIL, en desesperado intento por ocupar el territorio.

Los hoy generales retirados Miguel Lorente (izquierda) y Venancio Ávila, junto al yipi bautizado como El Guayo, por la cantidad de impactos en su carrocería./ Pastor

Los hoy generales retirados Miguel Lorente (izquierda) y Venancio Ávila, junto al yipi bautizado como El Guayo, por la cantidad de impactos en su carrocería.

Habían olvidado lecciones como las del 25 de febrero, en la madrugada,  cuando al caer sobre las posiciones donde supuestamente estarían las 25 y 59 BIL, no encontraron en ellas un alma ni un arma. ¿Cómo podía ser posible, si la víspera estaban allí, “mansitos”, cubanos y angolanos? Tontos… Fidel es mucho Fidel e indicó trasladarlo todo, urgentemente, en el mayor silencio, durante la noche. Resultado: solo campos minados, explosiones, sorpresa, desconcierto, contraataque y muerte esperaba por el agresor.

El 23 de marzo no se torna distinto. De nada sirven los 700 proyectiles de G-5 que, entre otros mortales explosivos, descarga Pretoria, luego de marcar con proyectiles fumígenos la dirección principal del ataque. La andanada que, en respuesta, les llega, se vuelve insoportable por intermedio de casi 500 disparos de cañones 130 mm, más de 600 de obús 122 mm y casi 700 cohetes lanzados por las aterradoras BM-21, encabezadas por “Cachita, Victoria, Libertad y Patria o Muerte: las buscapleitos”: como las han bautizado nuestros combatientes.

Pero nadie quiere quedar fuera. Tanquistas abren fuego a la distancia de tiro directo. También lo hacen armas antitanques, ametralladoras, fusiles… para cerrar broche de oro con la inserción de los aterradores MIG, en contra de lo que el mando racista había imaginado, por las adversas condiciones climáticas.

Cuiito Cuanavale, flanco sudoccidental, Calueque… ¡La victoria!./ Pastor

Cuiito Cuanavale, flanco sudoccidental, Calueque… ¡La victoria!

Tal vez nadie dio tácitamente la orden, pero escapar con vida de tal infierno es lo que todo el mundo intenta, a la vez, sin importar que, en la estampida, las esteras muelan cuerpos humanos de sus propios aliados.

Imágenes así, de desprecio total por la vida de los demás, de abandono al soldado propio, al hermano de trinchera, de dotación, de combate, nunca hubo al lado de acá, entre cubanos y angolanos. Todo lo contrario.

Por eso me parece ver al  soldado tunero Rafael Durañona transfundiéndole su propia sangre a un combatiente herido para luego echárselo a cuestas y salvarlo; o a Ciro Gómez, arriesgando su vida por proteger la de esos tanquistas que lo adoran, como también sucede con los artilleros de David Hernández y con infinidad de combatientes  bajo el mando de hombres como Álvaro López Miera, Miguel Lorente, Gustavo Fleitas, Ermio Hernández, Venancio Ávila y muchos más a distintos niveles y especialidades.

El 23 de marzo no concluyó la guerra en Cuito Cuanavale. Aunque no exentas de actividad, en las jornadas siguientes prevaleció el ladrido de perro a distancia mostrando colmillos para tratar de meter miedo.

El ulterior avance de nuestras tropas por el flanco sudoccidental, la autonomía de vuelo que permitió la construcción del aeropuerto en Cahama y la efectividad de golpes como el de la aviación en Calueque significaban ya “demasiado para un solo corazón” y a Sudáfrica no le quedó más alternativa que recoger su pita e ir a empinar papalote en territorio propio.

Por eso si usted -que ahora lee estos párrafos y mira las imágenes acompañantes- conoce a alguien que haya cumplido misión internacionalista, solidaria, humana y desinteresada, como la que protagonizaron 377 033 hombres y mujeres de nuestro país en Angola a lo largo de tres lustros, no tenga pena en acercarse y felicitar a esa persona hoy 23 de marzo. Este día tiene un olor inconfundible a Cuito Cuanavale. Huele a Victoria.


Pastor Batista

 
Pastor Batista