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Publicado el 17 Abril, 2021 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

REFERENCIA EN INFORME DE RAÚL

Cuando la Enmienda Platt ya no fue necesaria

Como parte de los reajustes del sistema neocolonial, Estados Unidos apela a otros mecanismos como el Tratado de Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de 1934

Raul castro presenta informe el VIII Congreso del PCC.En su informe ante el 8vo. Congreso del Partido, Raúl dijo:

Históricamente el hegemonismo imperialista de los Estados Unidos ha planteado una amenaza para el destino y la supervivencia de la nación cubana. No es un fenómeno nuevo. Ha acompañado a los cubanos desde los orígenes de la Patria cuando surgieron los primeros anhelos de soberanía e independencia en nuestro pueblo. 

Era ya un reto para los héroes que emprendieron la contienda contra el colonialismo español en el siglo XIX. Lo enfrentamos las generaciones de cubanos que continuamos la lucha en el siglo XX y lo encara el pueblo que en nuestros días defiende, en estrecha unidad, la libertad y la justicia alcanzadas.

Se materializó con particular crudeza durante la ocupación militar de nuestro país entre 1898 y 1902, y la posterior imposición de la Enmienda Platt como apéndice de la Constitución.

Se consolidó con el Tratado de Relaciones de 1934, un tema que he observado en conversaciones que he tenido con diferentes ciudadanos que se domina poco, que el vecino del norte impuso al gobierno nacional de turno bajo la presencia amenazante de unidades navales de la marina estadounidense en la bahía de La Habana. Se sustituyó así, en aparente e hipócrita  gesto amigable, a la Enmienda Platt, cuyas disposiciones más lacerantes permanecieron en el nuevo instrumento, junto con los compromisos políticos y económicos que consolidaron la subordinación y dependencia de Cuba a los Estados Unidos hasta enero de 1959.

Es un desafío íntimamente asociado a la concepción imperialista del Destino Manifiesto, a la brutal Doctrina Monroe y a las visiones del Panamericanismo con que han pretendido subyugar a nuestra región desde los tiempos de Simón Bolívar.

 

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, optó por mecanismos más eficaces y sutiles de dominación sobre Cuba

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, optó por mecanismos más eficaces y sutiles.

En 1901, Estados Unidos impuso, como condición para otorgarle la independencia a Cuba, un apéndice constitucional, la Enmienda Platt, mediante el cual se abrogaba el derecho de intervenir en los asuntos internos de Cuba cuando lo estimara pertinente.

Si bien en las dos primeras décadas del siglo XX la Enmienda constituyó un fuerte respaldo para el asalto de la oligarquía yanqui a la economía cubana, su costo político era inmenso al provocar un sentimiento antiyanqui en la población.

Estudiantes e intelectuales cubanos se unían a la clase obrera en el rechazo total a tal injerencia. Incluso, sectores que no iban más allá de un tímido nacional reformismo enarbolaban la derogación del apéndice constitucional como bandera política.

En septiembre de 1933, asume el poder en Cuba el llamado Gobierno de los 100 días y aunque lo integraban elementos reaccionarios como Fulgencio Batista y nacional reformistas como Grau San Martín, el ala radical, liderada por Guiteras, logró la promulgación de leyes progresistas.

Enmienda Platt, caricatura

En las dos primeras décadas del siglo XX la Enmienda constituyó un fuerte respaldo para el asalto de la oligarquía yanqui a la economía cubana

Uno de los compañeros de Guiteras, Ángel Alberto Giraudy, encabezó la delegación cubana a la Conferencia Interamericana de Montevideo y logró en ese foro que se condenara la Enmienda Platt.

Derrocado ese Gobierno por una conspiración fraguada entre Batista y el embajador yanqui Jefferson Caffery, Estados Unidos comprendió que había llegado el momento de deshacerse de la molesta Enmienda y sustituirla por mecanismos más eficaces y sutiles.

De todos modos, razonaron los tanques pensantes de Washington, si no hizo falta Enmienda alguna para invadir a México, República Dominicana, Haití, Nicaragua y otros países de América Latina, ¿quién nos va a impedir que invadamos Cuba cuando se nos antoje?

Mecanismos de dominación

Para seguir manteniendo a Cuba en el estado de neocoloniaje, Estados Unidos perfeccionó algunos viejos mecanismos económicos e ideó otros nuevos.

El 9 de mayo de 1934, el presidente Franklin Delano Roosevelt aprobaba la Ley Costigan-Jones, mediante la cual se asignaba una cuota fija de importación para los principales abastecedores de azúcar del mercado estadounidense.

Mediante un complejo procedimiento arancelario, el azúcar cubano gozaría de un precio preferencial en el mercado estadounidense, muy superior al precio del mercado mundial.

Pero según estipulaba la Costigan-Jones, Estados Unidos se reservaba el derecho de aumentar, disminuir y/o suprimir la cuota según la actitud “amistosa” (léase, sumisa) mostrada por la nación “favorecida”.

Un argumento tan sólido para atemorizar burguesías antinacionales y desgobiernos timoratos como si se desembarcara una división de marines para una intervención armada.

El 29 de mayo de 1934 se suscribió el Tratado de Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, que abolía el Tratado Permanente de 1903 y a la vez, a la Enmienda Platt, ya que el primero reproducía los siete primeros acápites del oprobioso apéndice constitucional.

El nuevo convenio de 1934 ratificaba los actos realizados en la primera ocupación estadounidense y convalidaba la permanencia de la base naval de Guantánamo al no fijarle fecha límite de ocupación. Es decir, se abolía “parte” de la Enmienda Platt, pero no “toda” la Enmienda Platt.

Excelente ejemplo de “reciprocidad”
Base Naval de EE.UU. en Guantánamo, impuesta a Cuba

El Tratado de Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de 1934 convalidaba la permanencia de la base naval de Guantánamo al no fijarle fecha límite de ocupación.

No por gusto el diario The Washington Post, en un editorial publicado por aquellos días, alertaba: “Los Estados Unidos han renunciado a la responsabilidad por el mantenimiento de la ley y el orden dentro de la Isla, pero nuestro derecho a intervenir para la protección de las vidas y propiedades de los estadounidenses subsiste”.

Con el Tratado de Reciprocidad Comercial, firmado el 3 de junio de 1934, se completaría la ejecución del conjunto de medidas ideadas para la estabilización del sistema neocolonial.

A cambio de ventajas arancelarias entre un 20 por ciento y un 50 por ciento a unos 35 productos cubanos, se le otorgaban rebajas entre un 20 y un 60 por ciento a más de 400 artículos norteamericanos. Excelente ejemplo de “reciprocidad”. Azúcar, vegetales, frutas y tabacos aparecían como los rubros cubanos más favorecidos.

A cambio, nuestro mercado se inundó de mercancías estadounidenses, que al hacerle una desleal competencia a la incipiente industria nacional, le provocaba grandes perjuicios.

Estos mecanismos serían aplicados en los años subsiguientes. Cuando el gobierno de Carlos Prío (1948-1952) comenzó a discrepar de Estados Unidos en algunas votaciones en organismos internacionales, la cuota del azúcar cubano sufrió descensos. Fue una forma de llamar a capítulo a ese gobierno y la amenaza  dio excelentes resultados.

Con otros países de América Latina semejante metodología ha sido muy exitosa a lo largo de los años. Incluso hoy día, cuando Estados Unidos busca condenar a alguna “díscola” nación en organismos internacionales, utiliza ese mecanismo.

No siempre le ha dado buenos resultados. En 1960, ante la intervención por parte de Cuba de compañías yanquis que se negaban a refinar petróleo soviético, Estados Unidos volvió a aplicar la misma metodología y redujo la cuota azucarera cubana a menos de la mitad de su cifra histórica.

La Revolución, no obstante, continuó con sus medidas antiimperialistas. Entonces cancelaron todas las exportaciones cubanas y decretaron el bloqueo comercial, económico y financiero a la Isla, el cual aún existe, 60 años después.

Pero no han podido doblegar a la Revolución cubana.

Fuentes consultadas: Historia de la Enmienda Platt, de Emilio roig de Leuchsenring, y Documentos para la Historia de Cuba, de Hortensia Pichardo.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García