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Publicado el 12 Abril, 2021 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

CUBA 1961

El “frente político” contrarrevolucionario

Por ANDRÉS ZALDÍVAR DIÉGUEZ*

Contrarrevolucionarios detenidos al ser neutralizada la conspiración yanqui-batistiano-trujillista en agosto de 1959. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Contrarrevolucionarios detenidos al ser neutralizada la conspiración yanqui-batistiano-trujillista en agosto de 1959. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Algunos de los antecedentes de la actual mafia terrorista de Miami podemos encontrarlos en la gran operación subversiva que organizó el imperialismo yanqui, a través de la Agencia Central de Inteligencia, la cual culminó con el desembarco en Cuba de una brigada invasora en abril de 1961.

Para llevar a cabo ese plan, crearon un “frente político” contrarrevolucionario en territorio norteamericano, con el objetivo de hacer creer que en las acciones terroristas que se sucederían no había responsabilidad alguna de Washington.

Conocer bien aquel proceso es de gran actualidad e importancia: los herederos materiales, biológicos y espirituales de ese suceso continúan siendo –más de seis décadas después– un instrumento vital para las acciones anticubanas gestadas en Washington, aunque las ideas políticas que ahora sustenten no sean, ni por asomo, las que engañosamente se adoptaron en aquellos momentos para convocar al pueblo a enfrentarse al Gobierno Revolucionario.

El verdadero objetivo perseguido
Al asumir John F. Kennedy la presidencia de los Estados Unidos tuvo lugar una importante adecuación con respecto al “frente político”. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Al asumir John F. Kennedy la presidencia de los Estados Unidos tuvo lugar una importante adecuación con respecto al “frente político”. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

La primera organización contrarrevolucionaria que se trazó como objetivo el derrocamiento de la Revolución fue La Rosa Blanca, fundada el 28 de enero de 1959, en Nueva York, por el antiguo subsecretario de Gobernación del batistato: Rafael Díaz Balart. Este grupúsculo apareció como cara pública de la conspiración yanqui-batistiano-trujillista frustrada militarmente en la ciudad de Trinidad en agosto de 1959, que precisamente por su confesa filiación ni tuvo ni podía tener respaldo popular en Cuba.

Restituir el statu quo anterior al 1º de enero de 1959 continuó siendo el verdadero propósito de la política de Estados Unidos hacia Cuba, pero lo acaecido en la sureña ciudad espirituana les mostró que no podían proclamar abiertamente tal finalidad ni rodearse de la claque del derrocado régimen tiránico. Por tal causa, en la nueva operación subversiva, que terminó estrepitosamente en Playa Girón, intentaron hacer creer que no se pretendía destruir la Revolución sino “hacerla volver a sus cauces originales”, como si gozasen de legitimidad para ello. Ya tendrían tiempo, más adelante, de proclamar su intención de reimplantar el dominio neocolonial.

Por un imperativo de las acciones encubiertas, ninguna de ellas podía realizarse de forma tal que pudiese culparse a Washington. Por eso, parte importante de los esfuerzos organizativos de la operación contrarrevolucionaria se encaminó a la creación del ya mencionado “frente político”. A toda costa debía darse la impresión de que se trataba de “un asunto entre cubanos”.

Entre septiembre y diciembre de 1959, en que la CIA realizó un pormenorizado estudio de la situación interna de Cuba, para fundamentar el plan en ciernes, se dieron a la tarea de identificar las instituciones y elementos opositores a la Revolución que podrían utilizar para lograr sus fines.

Los más importantes documentos de la Central de Inteligencia, desclasificados 40 años después, son explícitos al respecto. El inspector general de ese organismo, refiriéndose al último trimestre de 1959, confiesa que “el concepto era clásico. El consejo de cubanos exiliados serviría como cobertura para una acción que sería conocida públicamente”. Y ampliaba poco después: “El Estado Mayor y la Estación Habana [de la CIA] estaban haciendo un estudio de los dirigentes cubanos de la oposición para la preparación de un frente político unificado que sirviera como el instrumento encubierto para operaciones clandestinas”.

El plan que desencadenó esta operación, aprobado por el presidente Dwigth D. Eisenhower el 17 de marzo de 1960, estipulaba: “Se alentará al Consejo (frente político) a que adopte como lema ‘Restaurar la Revolución’, para que desarrolle una posición política que se avenga con el mismo”. Sobre ese pretexto volveremos más adelante.

El concepto de “revolución traicionada
Elementos provenientes de los gobiernos auténticos, como Tony Varona (izquierda) y Justo Carrillo, o vinculados a la jerarquía eclesiástica como José Ignacio Rasco (derecha), eran idóneos para la operación encubierta. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Elementos provenientes de los gobiernos auténticos, como Tony Varona (izquierda) y Justo Carrillo, o vinculados a la jerarquía eclesiástica como José Ignacio Rasco (derecha), eran idóneos para la operación encubierta. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Al menos dos etapas tuvo el mencionado Consejo: la de su gestación y creación en un hotel de Nueva York, el 11 de mayo de 1960, como Frente Revolucionario Democrático (FRD); luego su conversión en el Consejo Revolucionario del Pueblo (CRP), el 20 de marzo de 1961.

Para la fundación del FRD, la CIA concentró su atención principalmente en personalidades y grupos que habían participado en el Gobierno Revolucionario o lo apoyaron en algún momento, pero que se habían distanciado, deviniendo opositores. Fueron seleccionados sujetos provenientes del denominado “autenticismo” (Antonio Tony Varona Loredo, Justo Carrillo y Aureliano Sánchez Arango), o vinculados con la jerarquía eclesiástica, como José Ignacio Rasco y Manuel Artime Buesa, aunque por artes de birlibirloque a este último se le fabricó una fachada falsa de antiguo héroe guerrillero.

La organización que él supuestamente dirigía (en realidad prefabricada por el aparato paramilitar de la CIA desde Miami), el Movimiento de Recuperación Revolucionaria, era la principal receptora de armas, explosivos y otros medios de guerra, en aras de incrementar su prestigio y la de su supuesto dirigente, designado luego como líder político de la Brigada 2506 que desembarcó en Girón. Es lógico suponer que la Agencia le estaba cimentando un preeminente papel político tras la destrucción de la Revolución.

Algunos líderes contrarrevolucionarios, como Manuel Ray Rivero, del Movimiento Revolucionario del Pueblo, no eran aceptados en el FRD por identificárseles en demasía con la Revolución, criterio que variaría a instancias de la administración Kennedy.

José Miró Cardona fue seleccionado para encabezar el gobierno provisional que la CIA pretendía imponer en Cuba. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

José Miró Cardona fue seleccionado para encabezar el gobierno provisional que la CIA pretendía imponer en Cuba. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

De los laboratorios de la CIA surgió el concepto de “revolución traicionada” como lema político de aquella operación. No se defendería el batistato y tampoco se renegaría de la Revolución sino de “sus excesos”. El centro ideológico que promocionaría el eslogan sería la rama estadounidense del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), engendro de la CIA surgido en Berlín en 1950 para garantizar su labor entre la intelectualidad. El CLC y en particular el ideólogo anticomunista Theodore Draper fungieron en aquel primer semestre de 1960 como punta de lanza en la tarea de promover la opinión de que los revolucionarios cubanos en el poder habían traicionado los ideales por los cuales se había luchado contra la dictadura batistiana.

Para difundir tal postura, el CLC realizó en Maracay, Venezuela, el 22 de abril de 1960, semanas antes de la creación del FRD, el II Congreso Interamericano Pro Democracia y Libertad. Allí los que supuestamente estarían en pocos meses detentando el poder en Cuba, con la Revolución ya destruida, pudieron alternar con los más importantes líderes políticos latinoamericanos del momento y con quienes tras bambalinas eran artífices del fundamento teórico de la actividad contrarrevolucionaria en que se empeñaban.

Dirigió la estructuración del FRD el veterano oficial de la CIA Frank Bender (Gerry Droller), quien había asumido una función similar en la operación contra Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954; ahora supuestamente representando a un grupo de comerciantes privados estadounidenses interesados en el cambio político en Cuba. Papel protagónico también le correspondió a E. Howard Hunt, en cuyo libro Give Us These Days realizó las más vívidas descripciones de las pugnas internas entre cada uno de aquellos elementos (sobre todo en la pugna por el dinero que a manos llenas se les entregaba) y del papel que gustosos desempeñaron. Valga solo una de sus expresiones recogidas en ese texto: “Eran títeres en nuestras manos”.

El Consejo Revolucionario del Pueblo
Howard Hunt en los días del escándalo Watergate. Años antes había desempeñado un papel protagónico en los preparativos para la invasión de Bahía de Cochinos. (Foto: el confidencial.com)

Howard Hunt en los días del escándalo Watergate. Años antes había desempeñado un papel protagónico en los preparativos para la invasión de Bahía de Cochinos. (Foto: el confidencial.com)

La asunción por John F. Kennedy de la presidencia, el 20 de enero de 1961, y la premura con que debía dársele utilidad a la Brigada 2506, pues era insostenible mantener por un tiempo mayor sus entrenamientos en territorio guatemalteco, trajeron consigo una importante adecuación con respecto al “frente político”, orientada desde la primera reunión en que se le presentó a Kennedy el plan subversivo, el 28 de enero de 1961. La nueva indicación era congruente con la reformista política del mandatario hacia América Latina, denominada Alianza para el Progreso. No por gusto la administración recién estrenada había recalcado la necesidad de “que Estados Unidos pusiera en claro que su posición con respecto al Gobierno cubano se debe a su oposición irrevocable a una penetración comunista en las repúblicas americanas y no a ninguna hostilidad hacia revoluciones democrático-sociales ni reformas económicas”.

La composición política del FRD no era la más adecuada ante la nueva estrategia, por lo que se impuso reorganizarlo; paralelamente se adoptó otra hipócrita decisión: el uso de la fuerza militar abierta debía hacerse solo bajo el manto de un acuerdo de la OEA, por solicitud de un “gobierno” cubano opuesto a la “dictadura castrista”.

Arthur Schlesinger, como emisario de Kennedy, recorrió América Latina en busca de apoyo para la agresión armada a Cuba. (Foto: WIKIPEDIA)

Arthur Schlesinger, como emisario de Kennedy, recorrió América Latina en busca de apoyo para la agresión armada a Cuba. (Foto: WIKIPEDIA)

La administración Kennedy requería para su política anticubana el respaldo de las oligarquías en el poder. De ello se ocupó su principal asesor para asuntos latinoamericanos, Arthur Schlesinger, quien viajó prestamente a la región. Según un documento del 15 de febrero de 1961: “Para determinar si habrá apoyo de América Latina sería necesario hacer sondeos discretos. No existe la posibilidad de obtener apoyo de América Latina para una resolución que autorice el uso de la fuerza armada contra Cuba. Nuestra mejor oportunidad de obtener apoyo sería proponer una resolución para el reconocimiento colectivo de un gobierno rebelde [lo que] daría un viso de legalidad al apoyo a la operación”.

Estas nuevas concepciones acerca del “frente político” se comenzaron a materializar de inmediato. Sus componentes, ahora de un “gobierno provisional cubano”, satisfarían la política latinoamericana de Kennedy.

Un informe de la CIA presentado al Consejo de Seguridad Nacional, el 11 de marzo de 1961, consignaba: “En un período de un año aproximadamente, el FRD (Frente Revolucionario Democrático), que se creó con la esperanza de que se convirtiera en el cuerpo organizativo de una oposición unificada a Castro, ha demostrado ser de gran utilidad como un mecanismo administrativo encubierto, pero los elementos políticos de importancia se negaron a unírsele.

“Por consiguiente, hace tres semanas se realizó un importante esfuerzo para formar un Consejo Revolucionario más amplio que abarcaría al FRD y que conduciría al establecimiento de un gobierno provisional […] Se espera que muy pronto se logren los resultados deseados. Lo que ha surgido de estas negociaciones es un gobierno provisional con una orientación política de centroizquierda y una plataforma política que contiene gran parte de los objetivos principales del Movimiento 26 de Julio”.

José Miró Cardona, con la credibilidad de haber sido Primer Ministro del Gobierno Revolucionario entre enero y febrero de 1959, fue seleccionado para presidir el CRC y encabezar el gobierno provisional que, desde la cabeza de playa que ocupase la Brigada 2506, llamase a la intervención extranjera. A las oligarquías latinoamericanas les bastaba aquella farsa.

Una de las mejores evaluaciones de lo que en realidad sucedió lo ofrece el informe del Inspector General de la CIA: “El incidente final que demostró públicamente el papel insignificante de los líderes cubanos y el menosprecio por ellos, ocurrió en el momento de la invasión. Aislados en una casa de seguridad en Miami, ‘voluntariamente’ pero bajo fuerte persuasión, los miembros del Consejo Revolucionario esperaban el resultado de una operación militar que ellos no habían planificado y de la que conocían poco, en tanto que boletines escritos por la Agencia eran emitidos a todo el mundo en su nombre”.

Concluimos estas líneas, al igual que comenzamos, con una referencia a la actual mafia terrorista de Miami. Podemos preguntarnos: ¿es ella heredera del “frente político” creado como requerimiento de la operación subversiva que concluyó con la derrota en Playa Girón?

La respuesta es positiva, en el sentido de que ha heredado la enorme estructura de aseguramiento, sustento económico y relaciones con el entorno gubernamental, legislativo, político, comunicacional, creada por la CIA en Miami para estructurar aquella operación, y otras durante toda la década de los años 60.

Además, parte de ella es heredera, incluso biológicamente, de la primera de las organizaciones contrarrevolucionarias, aquella de origen batistiano creada en Nueva York el 28 de enero de 1959 por Rafael Díaz Balart.

* Doctor en Ciencias Históricas. Presidente de la filial La Habana de la Unión de Historiadores de Cuba (Unhic)

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Fuentes consultadas: La conspiración trujillista. Una fascinante historia, de Andrés Zaldívar y Pedro Etcheverry; La guerra encubierta contra Cuba, de Tomás Diez Acosta; El rostro oculto de la CIA. Antesala de Playa Girón, de Manuel Hevia y Andrés Zaldívar. Informe del Inspector General de la CIA sobre la operación de Bahía de Cochinos (Informe Kirkpatrick).

 


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