0
Publicado el 5 Abril, 2021 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

CUBA 1961

La impotencia de un imperio

Los intentos de la CIA de una invasión mercenaria con la implantación previa del miedo, chocaron contra la vigilancia y acción del pueblo, y sus incipientes órganos de seguridad, las milicias y el Ejército Rebelde

Por MANUEL HEVIA FRASQUIERI *

El brutal sabotaje al buque La Coubre causó 101 muertos, más de 400 heridos y la destrucción total de instalaciones aledañas al puerto. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

El brutal sabotaje al buque La Coubre causó 101 muertos, más de 400 heridos y la destrucción total de instalaciones aledañas al puerto. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Muchos cubanos de estos tiempos se sobrecogen ante los actos de terror que el imperialismo ha realizado durante las últimas décadas en sus guerras genocidas a lo largo del mundo, las cuales han acarreado no solo la muerte de civiles, sino también la destrucción de zonas pobladas, reducidas prácticamente a cenizas en medio de la desestabilización económica, el hambre y la miseria de la población civil.

Cuba ha sido objeto de esa política agresiva para tratar de causar pánico y desconcierto en sus habitantes, dañar su economía y apelar, cuando exista una situación propicia, a la agresión armada. Derrocar a la Revolución Cubana se convirtió en un importante objetivo de la CIA en contubernio con el Consejo Nacional de Seguridad, el Grupo Especial, y otras agencias y departamentos del Gobierno yanqui.

Con la rúbrica del presidente D. Eisenhower, el programa de acciones encubiertas contra Cuba se hizo firme el 17 de marzo de 1960 (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Con la rúbrica del presidente D. Eisenhower, el programa de acciones encubiertas contra Cuba se hizo firme el 17 de marzo de 1960 (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

La aprobación formal del programa de acciones encubiertas contra Cuba se hizo firme el 17 de marzo de 1960 con la rúbrica del presidente Eisenhower. Aquel proyecto secreto propugnaba una guerra civil, el terrorismo interno, la guerra económica y de propaganda, la preparación de una invasión mercenaria y, aunque no lo expresaba en su letra, concibió la eliminación física del máximo líder cubano, el Comandante en jefe Fidel Castro Ruz.

La mano detrás de los atentados

Ante todo era necesario obstaculizar que la revolución se pertrechara. El 4 de marzo de 1960 estalló el barco La Coubre en el puerto de La Habana, cargado de explosivos y municiones que resultaban vitales para la defensa del país. El brutal sabotaje causó 101 muertos (entre ellos seis marineros franceses) y más de 400 heridos. Fidel denunció enérgicamente el crimen acusando directamente a la CIA. La indagación realizada por el Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (CIHSE), cinco décadas más tarde, documentó las presiones de la agencia yanqui y su gobierno por impedir la compra de aquellas armas en Europa y aportó nuevas evidencias sobre la realización de un golpe preparado en el extranjero.

La industria cubana del petróleo fue considerada igualmente un blanco. Cuando las refinerías norteamericanas que operaban en Cuba rehusaron procesar el crudo soviético, la Agencia valoró interrumpir su flujo, presionando al magnate griego Aristóteles Onassis y a otros operadores navieros independientes para que rehusaran cargar el combustible procedente de la URSS.

Los historiadores de la CIA intentan minimizar el impacto del ataque contra objetivos económicos y sociales dentro de Cuba, al señalar que las acciones de los “disidentes” internos no eran coordinadas con la Agencia. Esta apreciación resulta absurda, ya que altos funcionarios de los servicios de inteligencia yanquis han reconocido su activa complicidad en los golpes propinados en campos y ciudades a lo largo de 1960 y los primeros meses de 1961, hasta la invasión de Girón, al declarar que “una gran parte de los actos de sabotaje fueron el resultado de los medios de destrucción que suministraron a los diferentes equipos y ‘grupos de acción’ dentro de Cuba, con los cuales estuvimos en contacto […] Aproximadamente 15 000 de las más de 100 000 libras de material puestas en manos de las fuerzas internas fueron materias de demolición para acciones de sabotaje”.

Un informe (ya desclasificado) elaborado por el coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA para la proyectada invasión anticubana, señala sin el más mínimo pudor que antes de abril de 1961 (mes en que se produjo el desembarco de la brigada mercenaria) perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, colocaron más de 200 bombas, descarrilaron seis trenes, dejaron inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar, provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas “de comunistas” y 800 incendios en campos de caña.

En este período, la Estación Habana de la CIA, que radicaba en la embajada yanqui, efectuaba en sus propias instalaciones reuniones y otros contactos directos con la contrarrevolución interna y les suministraba armas y explosivos. Como consecuencia recrudecieron los actos de terror en lugares públicos y de gran concurrencia en la capital y otras ciudades del país. El preludio de la invasión que tendría lugar en abril de 1961, se inició.

Implantar el pánico

Ya en septiembre de 1960 las embarcaciones estadounidenses Reefer y Wasp, que operaban desde la Florida, comenzaron a transportar armas y explosivos a un punto de la costa junto al Club Náutico de la entonces barriada de Marianao. El almacén se hallaba en la estadounidense ciudad de Cayo Hueso y la red clandestina de la organización terrorista Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) distribuía los suministros bélicos dentro de la capital cubana.

Además, durante los meses anteriores a la invasión por Playa Girón, el autodenominado Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), siguiendo instrucciones de la CIA perpetró diversos actos de terrorismo y sabotaje, en conexión con el llamado Movimiento 30 de Noviembre.

El 9 de octubre explotaron dos artefactos en los cines 23 y 12 y La Rampa, ambos en la concurrida avenida 23 del Vedado, causaron daños materiales y resultó herido el ciudadano Rafael del Toro. Otra bomba, colocada en la tubería conductora de agua que cruza por las calles de Macedonia y Bellavista en el Cerro, afectó el área residencial por varios días. El 23 de octubre, en la peletería La Buena Vista, situada en Marianao, estalló otro artefacto. Alberto Jiménez Yupart, un niño de 13 años de edad, perdió la vida el día 27 al manipular inocentemente un dispositivo explosivo encontrado al azar en un céntrico barrio de la capital, lo que causó gran consternación en la población.

En noviembre de 1960 se acrecentaron los ataques en La Habana al detonar petardos los días 14, 17 y 23 en una bodega de la avenida 47 (Marianao), en la popular tienda de vestir Los Precios Fijos, la peletería Villarnovo y el salón de conferencias del Banco de Seguros Sociales de Cuba, ubicado en el Capitolio Nacional. El día 15 se desató un incendio intencional en un camión estacionado en la calle Zulueta; en el frigorífico de Jovellanos, Matanzas, el 25 ocurrió otro incendio provocado por elementos contrarrevolucionarios y el 29 estalló un petardo en la planta eléctrica de Tallapiedra, frente al puerto habanero. Los autores de este último hecho fueron detenidos y se les ocuparon explosivos y armamentos.

Esa misma jornada un grupo de terroristas que conspiraban dentro de la empresa eléctrica de la capital (fueron detenidos posteriormente) colocaron bombas-reloj en registros situados en varios lugares de la urbe. Durante la madrugada tuvieron lugar las explosiones y se interrumpió el fluido eléctrico por varias horas.

A lo largo de la primera quincena de diciembre estallaron nuevas bombas en diversos lugares de La Habana. El 17 de ese mes, una madre visitaba la tienda Flogar junto a sus tres hijos menores de 10 años y minutos después una detonación hirió a dos de esos niños. Martica Romagosa declaró a la prensa “Me llevé un susto horrible al ver sangrar de la cabeza a mi hermanito y cojeando seguí a mi mamá que llevaba a Juanito en brazos”. Ellos y otras 12 personas lesionadas fueron trasladados a un centro de salud cercano, en medio del clamor del pueblo concentrado en las calles Neptuno y Galiano: ¡Paredón para los traidores! ¡Justicia revolucionaria para los terroristas!

El 29 de diciembre una explosión en el cine Cándido, en Marianao, a las 10: 05 de la noche, cuando numeroso público, principalmente adolecentes, asistía a la exhibición de la cinta El fantasma del circo: causó heridas a siete jóvenes, uno de ellos de carácter grave.

La prensa revolucionaria desplegaría ese jueves 29 grandes titulares: “¡Condenación del pueblo a atentados terroristas! […] Coinciden la clase obrera, entidades revolucionarias y otros sectores en pedir castigo para los autores de esos criminales hechos”. Destacaban “la espontaneidad de las masas que salieron a repudiar los recientes atentados recrudecidos en estos días pascuales, que tenían entre sus objetivos tratar de frustrar el júbilo general de los ciudadanos y brindar una sensación de caos interno a cientos y cientos de huéspedes extranjeros que nos visitan”. En esa etapa los contrarrevolucionarios arremetieron contra más de 20 cines, mayoritariamente en la capital.

En el resto del país también se produjeron actos terroristas, entre otros: en Matanzas, el 10 de diciembre, estallaron explosivos en el cine Rex, el instituto (preuniversitario) y la escuela de maestros primarios; en Trinidad fue incendiada una tienda de víveres en el barrio Guaniquical.

Al caer la tarde del 31 de diciembre de 1960 se inició un incendio intencional en la tienda La Época, uno de los establecimientos habaneros más grandes y concurridos entonces. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Al caer la tarde del 31 de diciembre de 1960 se inició un incendio intencional en la tienda La Época, uno de los establecimientos habaneros más grandes y concurridos entonces. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

El año 1960, segundo de la Revolución, concluía en su último día con un sabotaje en la tienda La Época, uno de los establecimientos más grandes y concurridos, en la céntrica esquina habanera de Galiano y Neptuno. El incendio se inició poco después de las siete y media de la noche de aquel sábado, por la segunda planta, y se prolongó hasta las cinco de la tarde del domingo (hora en que los bomberos y milicianos lograron extinguir los últimos focos), causando estragos en el edificio de cuatro plantas y en las edificaciones cercanas.

Según Manuel Berman, gerente de La Época, aquella tarde había permanecido en su oficina después de marcharse los empleados y cerrar el establecimiento a las seis de la tarde, en compañía del jefe de personal Mariano Costa y el cajero Mario Entralgo, anotando la recaudación del día, “cuando se percataron del humo que ya corría por el edificio […] los almacenes estaban repletos de mercancías, principalmente juguetes, con motivo de la proximidad de la fiesta de los Reyes Magos”. Las pérdidas ascendieron a más de cinco millones de pesos. Resultaron lesionadas unas 50 personas.

El sabotaje fue perpetrado por el Movimiento 30 de Noviembre, utilizando materiales incendiarios conocidos como gelatina y fósforo vivo, de los cuales se ocuparon residuos en la propia tienda. Un día antes, el periódico Revolución anunciaba en sus titulares: “Ocupan fábricas de bombas, detenidos 17 terroristas”; e informaba que en el operativo fueron ocupadas grandes cantidades de dinamita gelatinosa de fabricación norteamericana introducidas en cajetillas de cigarrillos de la marca EDEN y utilizadas contra cines y teatros.

Continúa el terrorismo
La embajada yanqui rompió unilateralmente sus relaciones diplomáticas con Cuba y retiró su personal el 3 de enero de 1961. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

La embajada yanqui rompió unilateralmente sus relaciones diplomáticas con Cuba y retiró su personal el 3 de enero de 1961. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Muchos hombres y mujeres milicianos despidieron el año y conmemoraron el triunfo de la Revolución distantes de sus hogares, con las armas en la mano y cavando trincheras en la primera gran movilización militar que tenía lugar en el país. El 4 de enero de 1961 el Consejo de Ministros aprobó la ley contra terroristas y saboteadores –un justo reclamo del pueblo–, en la que se establecía la pena de muerte para los culpables de todo acto de terrorismo. Un día antes, la embajada yanqui había retirado el personal al romper unilateralmente sus relaciones diplomáticas con Cuba.

El pueblo de la capital conoció el 7 de enero la detención de un grupo que fabricaba sus bombas en una casa situada en la calle San Lázaro número 403. Al día siguiente un incendio destruyó la colchonería OK (calle Cristina esquina a Concha, en la barriada de Luyanó). El 14 fue incendiado el almacén de tabacos de la firma Rothshield Samuell, en la calle Dragones entre Industria y Amistad, en Centro Habana.

Seguirían otros atentados, pero el más alevoso, que causó repulsa en toda la capital, tuvo lugar el 28 de febrero a las tres y media de la tarde, al estallar durante el recreo una bomba en el servicio sanitario de la escuela conocida como Academia Nobel, en el barrio de la Víbora: destruyó el baño, dos aulas y lesionó a ocho adolescentes –una de ellas gravemente, con pérdida del ojo izquierdo– y a una maestra. El acto criminal fue realizado por el autodenominado Frente Revolucionario Democrático.

En la Academia Nobel, ubicada en la Víbora, una bomba destruyó dos aulas y lesionó a ocho adolescentes –una de ellas gravemente– y a una maestra. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

En la Academia Nobel, ubicada en la Víbora, una bomba destruyó dos aulas y lesionó a ocho adolescentes –una de ellas gravemente– y a una maestra. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Los actos de terror se incrementaron más aún pocas semanas antes de la invasión. El 3 de marzo muere a consecuencia de un artefacto explosivo de fabricación norteamericana el joven de 20 años José María Méndez Marrero, cuando visitaba los locales de la empresa de Industrias Consolidadas de la Construcción, en la capital, lugar donde pensaba laborar próximamente. Tres días más tarde es asesinado el miliciano Carlos Rodríguez Borbolla e incendiado un almacén de bobinas de papel en el Cerro; asimismo, la explosión de un artefacto colocado en el tanque del carro 134, en la refinería de petróleo Belot (actualmente Ñico López), en La Habana, destruyó un camión cisterna de combustible, dañó otros cinco vehículos y quemó la nave donde se encontraban parqueados.

Nuevos sabotajes dañarían construcciones en Matanzas y la capital. El 13 de marzo de 1961, dos horas antes del amanecer, la ciudad de Santiago de Cuba despertó con el ulular de las sirenas de los bomberos y socorristas que acudían presurosos a la refinería de petróleo Hermanos Díaz, en Punta Gorda, a la entrada de la bahía. Hacia las cuatro de la madrugada una embarcación artillada con ametralladoras de grueso calibre había abierto fuego contra la instalación. Procedía del buque madre pirata Bárbara J., de la CIA. René Rodríguez Hernández, quien se hallaba de guardia, se batió heroicamente contra los agresores descargando 14 de los 15 tiros que tenía en su carabina, hasta caer muerto por un proyectil en la cabeza. En el ataque resultó herido también gravemente el miliciano Roberto Ramón Castro, de 19 años, que cubría otra posta. Los disparos causaron serios daños materiales. La lancha escapó mar afuera, evadiendo la persecución de las embarcaciones cubanas; se presume que haya logrado refugiarse en la Base Naval yanqui de Guantánamo.

Petacas incendiarias estallaron el 14 de marzo en los Ten Cents de Monte y Suárez, y Obispo y Habana, y causaron heridas a tres empleados. Un incendio intencional devastó el día 24 la destilería de Bodegas Morera, en Lawton, La Habana, y hubo varios lesionados entre bomberos y milicianos.

El terrorismo se haría sentir con mayor fuerza en fechas cercanas a los sucesos de Playa Girón. El 6 de abril artefactos colocados en los portales de las tiendas de la calle Galiano destruyeron parcial o totalmente las vidrieras de varios establecimientos, entre estos, El Encanto, El Bazar Inglés, el Ten Cents y la joyería La Casa Quintana. Un día después otra explosión, ahora en la conductora central de la Cuenca Sur, en La Habana, interrumpió el suministro de agua a gran parte de la ciudad durante 48 horas.

Apenas dos días antes del ataque a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, como preludio a la invasión mercenaria, fallecieron cuatro obreros agrícolas durante el siniestro provocado en los cañaverales de la cooperativa Esteban López Ayné, del central Stewart, en Ciego de Ávila.

Un terrorista colocó en la tienda habanera El Encanto dos petacas explosivas de nitro-almidón-H4, introducidas clandestinamente al país por la CIA, estas ocasionaron un incendio que destruyó el inmueble y provocó la muerte de la empleada Fe del Valle (a la derecha, con sus dos hijos). (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Un terrorista colocó en la tienda habanera El Encanto dos petacas explosivas de nitro-almidón-H4, introducidas clandestinamente al país por la CIA, estas ocasionaron un incendio que destruyó el inmueble y provocó la muerte de la empleada Fe del Valle (a la derecha, con sus dos hijos). (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Ese mismo 13 de abril, un terrorista colocó dos petacas explosivas de nitro-almidón-H4 en el interior de unas prendas de vestir que se encontraban en el departamento de sastrería de la tienda nacionalizada El Encanto, la más grande y lujosa del país, situada en la calle Galiano, entre San Miguel y San Rafael. Horas después las llamas hicieron desplomar el edificio. Allí perdió la vida valientemente la trabajadora y miliciana Fe del Valle Ramos y resultaron heridas 18 personas.

A pesar de la intensidad y salvajismo de aquellos ataques cobardes y su grave secuela de pérdidas humanas, la vigilancia y acción del pueblo y sus incipientes órganos de seguridad, las milicias y el Ejército Rebelde frustraron otros muchos intentos de actos terroristas de la CIA y sus servidores. Al iniciarse la invasión por Playa Larga, Matanzas, el 17 de abril, se detuvo a una gran parte de los cabecillas y miembros de organizaciones y grupos contrarrevolucionarios internos. Y en menos de 66 horas los mercenarios fueron derrotados en Playa Girón.

* Doctor en Ciencias históricas. Director del centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (CIHSE)


Redaccion Cultura e Historia