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Publicado el 18 Junio, 2021 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Carlos Baliño: El gallardo proletario

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Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

En 1925 estuvo con Carlos Baliño entre los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba. (Ilustración: ROMAY)

En 1925 estuvo con Carlos Baliño entre los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba. (Ilustración: ROMAY)

Cuando los anarcosindicalistas proclamaban que la clase trabajadora no debía involucrarse en la lucha por la liberación nacional, pues sostenían el erróneo criterio de que los obreros no tenían patria, él se opuso vehemente a ese dislate. Supo comprender que para lograr la emancipación social era necesario alcanzar primero la independencia nacional. Y puso todo su empeño en ello colaborando con José Martí en la fundación del Partido Revolucionario cubano (PRC) y participando en la redacción de las bases y los estatutos secretos de esa organización.

Y en 1892, durante la conmemoración del Grito de Demajagua, a Carlos Baliño (Guanajay, 13 de febrero de 1848 – La Habana, 18 de junio de 1926) se le escuchó decir, tal como lo reseña La Voz Obrera, en su edición del 7 de noviembre siguiente: “El período de lucha entre la libertad y la tiranía no se cierra definitivamente sino con el triunfo de la libertad y en Cuba se estará siempre fraguando la revolución mientras que ese pueblo no sea dueño de sus destinos.

“Cuando estalle el conflicto, estarán al lado del gobierno español todos los que aman el pasado, y la esclavitud, y las sombras, todos los seres que han nacido con alma de lacayo, cualquiera que sea el color de su piel y el lugar de su nacimiento; y al lado de la revolución cubana estarán todos los que aman el porvenir, y la libertad, y la luz, todos los que tienen hambre y sed de justicia, todos los seres de alma libre y corazón generoso, cualquiera que sea el color de su piel y el lugar [en] que hayan nacido”.

No es de extrañar que, ante discursos como esos, José Martí lo llamara “cubano de oro” y en carta a Ángel Peláez afirmara: “¿Y el gallardo proletario? Quiérame a Baliño, que es redondo de mente y corazón”. Y en el periódico Patria (7 de noviembre de 1892) lo calificara como “un cubano que padece con alma hermosa por las penas de la humanidad y solo podía pecar por la impaciencia de redimirlas”. Luego comentaría, en esa misma publicación, (10 de abril de 1893) que era una fortuna para Cuba tener hijos como él, pues “sabe conciliar la libertad ardiente con la elevación que la acredita y asegura, que padece, angustiado, de toda pena de hombre”.

Una vez iniciada la guerra necesaria, como miembro del club revolucionario Patria y Libertad, adscrito al PRC, Baliño colaboró con periódicos como La Nueva República y, en diversos actos donde intervino, siguió recabando más apoyo a la causa de la independencia.  Sobre su quehacer en aquellos días el patriota Néstor Carbonell rememoraría años después cómo laboró “por sacar al país amado del vilipendio en que la podredumbre colonial lo tenía. Jamás se le vio flaquear ni exhalar una queja, ni mostrarse cansado en la tarea callada de ir tejiendo el alma de la patria, centavo a centavo y pecho a pecho. Porque él fue uno de los tejedores”.

Fundador, junto con José Martí en 1892 del Partido Revolucionario Cubano. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Fundador, junto con José Martí en 1892 del Partido Revolucionario Cubano. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Incansable, también tuvo tiempo para ofrecer a los obreros cubanos en la emigración conferencias sobre el Socialismo. Igualmente tradujo y prologó La nueva esclavitud, obra de H. Davis acerca de la explotación capitalista, que le sirvió para denunciar las amenazas del imperialismo yanqui sobre Cuba.

Tras el cese de la dominación española, regresó a la Isla. Buscó empleo en los talleres tabacaleros, pero se lo negaron porque la Sociedad (sindicato) de Escogedores, integrada por españoles, discriminaba al obrero cubano. Para ganar el sustento trabajó en pequeños chinchales que pagaban una miseria. Escribió para varias publicaciones y en el diario La Discusión (5 de julio de 1902), alertó sobre cómo lastraba a la soberanía nacional la dependencia de los Estados Unidos. “Sin libertad económica la libertad política no es más que un espejismo engañoso. Prueba fehaciente de esta verdad es la situación por la que atraviesa nuestra patria. Roto el yugo de la antigua metrópoli política […] está hoy el pueblo de Cuba esperando con anhelo la decisión del Congreso [norte] americano sobre la modificación de las tarifas, porque de ella depende su prosperidad o su ruina”.

A finales de 1903 fue uno de los fundadores del Club de Propaganda Socialista de La Habana. Redactó artículos para La Voz Obrera y llevó a la imprenta el folleto Verdades socialistas, primera exposición científicamente fundamentada sobre el marxismo publicada en nuestro país. Cuando surgió el Partido Socialista de Cuba (1906) integró su Comité Central. Pero tres años después anunció públicamente su renuncia a esa organización, ante la posición de ciertos dirigentes de origen español que respaldaban la actitud chovinista de los sindicatos controlados por peninsulares, en los que discriminaban a los trabajadores cubanos.

Se unió a Julio Antonio Mella y otros revolucionarios para constituir el primer Partido Comunista de Cuba. (Foto: F. BLANCO)

Se unió a Julio Antonio Mella y otros revolucionarios para constituir el primer Partido Comunista de Cuba. (Foto: F. BLANCO)

El triunfo de la Revolución Rusa de Octubre (1917) lo llenó de optimismo y entusiasmo. La prensa obrera acogió sus artículos en saludo al triunfo de Lenin y los bolcheviques; ese mismo año, junto con otros líderes obreros, revivió la Agrupación Socialista de La Habana. Estuvo entre los fundadores de la primera agrupación comunista en la capital cubana (18 de marzo de 1923), de la cual fue miembro de su comité ejecutivo. Luego, en agosto de 1925, participó junto con Julio Antonio Mella y otros revolucionarios en la constitución del primer partido marxista-leninista.

Ya casi octogenario se le vio desafiar a la policía en manifestaciones contra la tiranía machadista. Conservaba el bigote copioso, ya encanecido; la barba blanca y la mirada bondadosa le daban un aire de patriarca generoso a quien todos acudían en busca de consejo. Los trabajadores comenzaron a llamarlo “el viejo roble”. Solo una grave dolencia lo apartó de la lucha. Hasta su lecho de muerte fue a llevarle la orden de encarcelamiento un juez infame.

Con motivo de su deceso publicó el Boletín del cigarrero en su edición de julio de 1926: “Un insurrecto menos, un roble que cae desplomado por los años; pero hay un símbolo, un modelo de abnegación, un ejemplo de actividad y lealtad […] si alguna vez la debilidad nos hace retroceder, recordemos a Carlos Baliño”.

Fuente consultada: La compilación Carlos Baliño, Documentos y artículos.

 

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Pedro Antonio García

 
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