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Publicado el 5 Junio, 2021 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Enrique Loynaz del Castillo, un joven del 95

General mambí a los 27 años, en la neocolonia combatió fraudes electorales y tiranías

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Loynaz del Castillo

El joven patriota. (Foto. AUTOR NO IDENTIFICADO)

Tenía entonces 23 años y ardía en deseos de cargar al machete en la manigua por la independencia de Cuba. Cumpliendo orientaciones de José Martí, introdujo un alijo de armas y municiones por la bahía de Nuevitas, Camagüey, en marzo de 1894. Descubierto por las autoridades colonialistas, tuvo que abandonar la Isla en un carguero alemán.

El Apóstol lo envió a la ciudad de San José, en Costa Rica, donde se desempeñó como ayudante de Antonio Maceo. Joven impetuoso, Enrique Loynaz del Castillo protagonizó en aquella urbe una polémica con un libelo pro español que solía injuriar al pueblo cubano.

Los peninsulares comenzaron a maquinar una conspiración para asesinar al Titán de Bronce y a la vez, al joven patriota. El momento idóneo era el 10 de noviembre de 1894 cuando, como se sabía, ambos asistirían a un espectáculo teatral.

Al terminar la función, ya los cubanos en la vía pública, varios españoles rodearon a Loynaz, profiriendo insultos y amenazas. El General Antonio se puso al lado de su ayudante. Esta era la ocasión esperada y desde la esquina, donde se hallaban agazapados, un grupo de peninsulares, comenzó a disparar.

Los cubanos y el patriota colombiano Adolfo Peña ripostaron. El tiroteo se generalizó. Hacia Maceo avanzó Isidro Incera, un acaudalado hispano residente en la nación centroamericana, quien tenía la misión de ultimar al Héroe de Baraguá. Una bala lo paró en seco (según algunos testigos, procedente del revólver de Loynaz).

En la neocolonia siempre defendió causas justas. (Foto. AUTOR NO IDENTIFICADO)

En la neocolonia siempre defendió causas justas. (Foto. AUTOR NO IDENTIFICADO)

Los integristas huyeron a la desbandada. Los cubanos se retiraron del lugar para eludir dificultades con la policía costarricense.

Hijo de mambises

Enrique Loynaz del Castillo nació en Puerto Plata, República Dominicana, el 5 de junio de 1871. Sus padres trabajaban y residían en la sede de la delegación revolucionaria en esa ciudad, y promovían la solidaridad de aquel pueblo hermano con la causa mambisa.

Tras el enfrentamiento a los españoles que atentaron contra Maceo en San José, marchó a Norteamérica. Participó en la organización del Plan de Fernandina como uno de los ayudantes de Martí y en julio de 1895 hizo realidad su sueño al incorporarse al Ejército Libertador, luego de integrar la expedición Sanchez-Roloff, que desembarcó por el sur de Sancti Spíritus.

En la manigua

Destinado al estado mayor del general Serafín Sánchez, cargó al machete en los combates de Taguasco y Los Pasitos. Los mambises camagüeyanos lo eligieron representante a la asamblea Constituyente de Jimaguayú y formó parte del contingente invasor como ayudante de campo del Titán.

Enrique Loynaz del Castillo. En la neocolonia siempre defendió causas justas. (Foto. AUTOR NO IDENTIFICADO)

En la neocolonia siempre defendió causas justas. (Foto. AUTOR NO IDENTIFICADO)

Al paso por el Camagüey de esa fuerza, que se dirigía hacia Lázaro López (hoy perteneciente a la provincia de Ciego de Ávila) a encontrarse con Máximo Gómez, Loynaz descubrió en la pared de una casa señorial unos versos infamantes contra los cubanos.

El joven oficial mambí, ni corto ni perezoso, rayó al lado del poema colonialista unas encendidas estrofas insurrectas, las cuales terminaron convirtiéndose en la letra del Himno Invasor. Por méritos de guerra lo ascendieron a teniente coronel en 1896, a coronel en 1897 y a general de brigada en 1898.

En la neocolonia

Se opuso con las armas al fraude electoral de Estrada Palma en 1906 y, para vengar la alevosa muerte del general Quintín Bandera, encabezó la carga al machete que diezmó la tropa asesina. Volvió a alzarse, esta vez contra Mario García Menocal, cuando este, en 1917, quiso desconocer la voluntad popular en las urnas.

Combatió la tiranía machadista y promovió la solidaridad con el pueblo dominicano en su oposición al tirano Trujillo. El 1º de enero de 1959, al frente de un grupo de veteranos mambises, se negó a respaldar el intento de escamotear el triunfo revolucionario, jugada que organizaban el general Cantillo y la embajada yanqui.

Su libro Memorias de la guerra, donde vertió sus vivencias como combatiente en la contienda del 95, es un clásico de nuestra historiografía. Falleció en La Habana el 10 de febrero de 1963.

Fuentes consultadas

Los libros Antonio Maceo. Apuntes para una historia sobre su vida, de José Luciano Franco; Memorias de la guerra, de Enrique Loynaz del Castillo. El Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba. La Edición de la Libertad de la revista BOHEMIA (enero-febrero de 1959).


Pedro Antonio García

 
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