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Publicado el 15 Junio, 2021 por María de las Nieves Galá León en Historia
 
 

Raúl: la sencillez que conmueve

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Al triunfar la Revolución, Aida tenía 16 años de edad, así y todo fue fundadora de las Milicias Revolucionarias y alfabetizó, luego estudió Economía y asumió múltiples responsabilidades. (foto: YASSET LLERENA)

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Todavía Aida Ena Hernández Sabourín puede respirar el olor de las mariposas silvestres que florecían en medio de las montañas o a la orilla de los ríos. Alguna que otra vez las recogía y se las enganchaba en su pelo. También evoca el aroma de las guayabas encontradas a su paso, apetitosas y reparadoras de fuerzas.

Los recuerdos afloraron más de seis décadas después, en la saleta de su casa, en el capitalino municipio de Cerro, mientras rememoró el primer viaje que realizó al Segundo Frente Oriental Frank País, el 29 de marzo de 1958. Según expresó, ese fue un día inolvidable, lleno de emoción, pues conoció al Comandante Raúl Castro Ruz, a quien solo había visto en fotos.

Noemí Rodiles Planas, Víctor Manuel Nicot Palacios (Chichito) y ella fueron los designados por la Dirección del Movimiento 26 de Julio en el territorio guantanamero para entregar un mensaje a Raúl, que, según conocieron después, confirmaba el encuentro que sostendrían él y el jefe de acción y sabotaje del M-26-7, René Ramos Latour (Daniel).

La jovencita se había vinculado a la lucha a través del movimiento estudiantil siendo casi una niña. Cuando se paró delante de sus padres, Vicente y Carmen, para decirles que pertenecía al movimiento revolucionario, el papá le preguntó: ‘¿Y tú, con solo 12 años de edad, sabes bien lo que vas a hacer y lo que eso significa?’. Muy decidida, le respondió que sí, y para su sorpresa, ellos le expresaron que la ayudarían en todo y correrían igual riesgo.

Así fue cómo desde su ingreso en el Instituto de Guantánamo se vinculó a las luchas estudiantiles y participó en movilizaciones, colocó junto a otros compañeros bombas en cines y clubes; realizó prácticas de tiro y apoyó las acciones del 30 de noviembre de 1956.

“A partir de ese año, además de las misiones desarrolladas por la Federación Estudiantil Revolucionaria de Oriente (FERO), apoyamos, mediante la compañera Margot Hernández, el abastecimiento del primer grupo de guerrilleros que operaba en la zona de la Sierra Cristal, en Guantánamo”. El gran número de acciones en las que participó dan fe de la valentía de los jóvenes de aquella generación. “Éramos 10 hermanos y hasta los más chiquitos apoyaban la lucha”.

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Castro Ruz, jefe del Segundo Frente Oriental Frank País. (foto: TOMADA DE GRANMA)

Un encuentro inolvidable

Mientras conversamos, la pequeña Ceily del Carmen, sobrina-nieta, se acercó. Aida se detuvo, la observó con ternura, calló unos segundos y luego afirmó: “Su segundo nombre es igual que el de mi mamá, es una niña muy inteligente…”

Después de las muestras de cariño de la pequeña, ella retornó a los recuerdos. “Ese 29 de marzo de 1958 salimos temprano por la carretera de Guantánamo-Baracoa. En Puriales de Caujerí encontramos a Carlos Lahite, quien nos llevó hasta Félix Pena. Ahí vimos compañeros que hacía alrededor de un mes habían salido de Guantánamo para garantizar la llegada de Raúl. Allí nos dieron un guía, que fue el compañero Celso Sevila Rodríguez, y seguimos hacia donde estaba Raúl, allá en Guayabal de Yateras”, señaló.

De acuerdo con sus palabras, el encuentro fue muy emotivo. “No teníamos la certeza de que podríamos verlo. Al principio, estaba algo cohibida. Pero él enseguida nos trató con mucha naturalidad y sencillez, como si nos conociera de hacía tiempo. Lo abrazamos y estuvimos hablando con él casi toda la noche. Se refirió a la travesía realizada de la Sierra Maestra hasta la Sierra Cristal y narró algunos de los obstáculos que vencieron en el camino.

“Comentó también acerca de las ideas que tenía sobre la fábrica de granadas M-26 para fusiles, que iban a montar en esa zona. Fue una conversación de mucho optimismo y fe en lo que representaba la creación del Frente para el triunfo revolucionario.

“En ese momento conocimos a Armando Torres Mesones (el Francés), Manuel Piñeiro Losada, Conrado Jerez Mariño, Ciro Frías Cabrera y Patricio Sierralta, que habían hecho el cruce con él.

“Apenas dormimos. Raúl nos decía: ‘Por la mañana temprano voy a llevarlos a la fábrica para que vean la granada M-26’. Se refirió a ella con toda la seguridad de que sería un arma muy importante, que iba a definir la victoria en aquel momento. Nos explicó su potencial y que se colocaba en el Springfield para ser disparada.

“Como había prometido, nos llevó hasta la fábrica a ver la famosa granada e hizo una prueba. La primera vez no se disparó, pero insistió y en la segunda oportunidad hubo una tremenda explosión. Luego regresamos por el mismo camino hacia la ciudad. Ese día, en horas del mediodía, partió René Ramos Latour (Daniel) al encuentro con el jefe guerrillero”.

A partir de ahí incrementamos los viajes a la Comandancia y a las Columnas No. 6, 18 y 20. “Después de terminada la prueba con la granada, Raúl nos entregó una relación de los elementos necesarios para la fábrica creada en Guayabal de Yateras. Incluía, entre otros recursos: sopletes de gasolina para la soldadura con estaño, estañadores, barras de estaño, hojalatas de zinc y estopas, entre otros elementos. Todo eso lo conseguimos y enviamos en menos de 48 horas”.

Enseñanzas de la guerra

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La pequeña es la continuidad de la historia familiar de los Hernández Sabourín. (foto: YASSET LLERENA)

Para Aida fue impactante lo ocurrido en abril, durante el ametrallamiento a Bayate. En esa oportunidad llevaron abastecimientos a la Comandancia y también entregaron a Raúl un informe sobre el resultado de los ataques a los cuarteles de Caimanera y Jamaica. “En esa misión participamos Daisy Rosell, Noemí González-Rodiles Planas y yo. El yipi lo condujo Miguel Montoya. Cuando nos retirábamos, cerca de la Comandancia, nos divisaron desde una avioneta y empezaron a dispararnos. Estábamos en una zona que tenía pocos árboles, solo uno o dos, y, por desconocimiento, nos tiramos debajo del carro.

“Hasta ese momento, nosotras no sabíamos qué era un ametrallamiento de la aviación. Cuando la aeronave se fue, vimos que el carro tenía varios agujeros. En realidad, nacimos ese día. Si las balas hubieran hecho impacto en el tanque de la gasolina, no hubiésemos hecho el cuento”.

Preocupado por los estragos de la avioneta y lo que pudo ocurrirles a las jóvenes, Raúl envió a Alberto Vázquez García, Vazquecito, a un recorrido para conocer lo sucedido.

“Al llegar a la casa donde estaba la Comandancia, vimos que también había sido agujereada por los proyectiles. Raúl nos comentó que se inquietó porque como era nuestra primera experiencia en ese tipo de situación, no sabía cuál pudo ser la reacción. Nos explicó qué debíamos hacer en casos como estos: siempre buscar un árbol bajo el cual protegerse. Y a partir de ahí, pasamos otros ametrallamientos sin ningún problema”.

Rememoró Aida que, al retornar, Vazquecito le informó a Raúl que la única pérdida había sido una mula e indagó qué iban a hacer con esta, a lo cual el jefe del Segundo Frente respondió: “¿Qué vamos a hacer? ¡Tasajearla! Tendremos buena comida”.

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Aida Hernández (primera de derecha a izquierda), en una Marcha de las Antorchas, junto a Raúl y Melba Hernández. (foto: CORTESÍA DE LA ENTREVISTADA)

Las caras de las muchachas se transformaron. “Eso fue tremendo, porque habíamos visto la mula y estaba que ya no se podía montar, tenía todo el lomo cubierto de llagas. Yo me dije: ¡Qué bueno que nos vamos temprano porque no la queremos comer!

Sin embargo, días después Aida y Noemí llevaron un cargamento a la Comandancia. También esta vez condujo el yipi Montoya. “Ese día hablamos mucho con Raúl y hasta comimos juntos. Para mí que él vio la cara que yo puse la vez anterior, porque al poco rato me preguntó: ‘¿Sabes lo que acabas de comer?’. Le respondí: ‘Carne de res’. Y él dijo: ‘Esa es la mula a la que ustedes le huyeron hace unos días, se las tenía guardada’.  Ellas se rieron de la trastada que les hizo.

Las visitas de Aida Hernández y otras compañeras de la lucha clandestina a la Comandancia y columnas que operaban en el Segundo Frente fueron reiteradas: llevaban alimentos, medicinas, armas, proyectiles…, enfrentaron situaciones difíciles, pero nada las amilanó.  Entre esas destacadas mujeres mencionó a Antonia Rodiles Planas (Ñiquita), Magaly Vaillant, Julia Abascal y Maura Heredia.

No tiene imágenes que conserven aquellas complejas experiencias vividas durante la lucha revolucionaria. Solo en una foto aparece y en ella se distingue a la joven crecida en el fragor del momento, cuando era casi una niña. Pero en su memoria están grabadas para siempre sus compañeros de filas, hombres y mujeres dispuestos a darlo todo por la libertad de la Patria. Y está también, como si fuera hoy, el recuerdo de Raúl Castro. “Ese hombre que sigue siendo sencillo, afable, valiente… He admirado siempre en él la lealtad sin límites a su hermano Fidel y a la Revolución”.

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 90 cumpleaños de Raúl)

La sencillez que conmueve (pdf pág. 38-41)

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María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León