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Publicado el 17 Julio, 2021 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Cubanos con la adarga al brazo

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Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Rodolfo de Armas (izquierda primer plano) y la Centuria Guiteras. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Rodolfo de Armas (izquierda primer plano) y la Centuria Guiteras. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

A punto de partir para su gesta en otras tierras del mundo, en carta de despedida a sus padres, el Che escribió. “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con la adarga al brazo”. Años después, tal vez evocando las palabras del Guerrillero Heroico, el escritor Jaime Sarusky describiría a Pablo de la Torriente Brau –y por extensión, a los cubanos que pelearon en España contra el fascismo– como un “Quijote indomable, invencible”, símil exacto del ingenioso hidalgo en su arista combativa, que no envainaba la espada mientras hubiera un entuerto por deshacer, una injusticia por combatir.

Casi l 500 internacionalistas cubanos partieron a España entre 1936 y 1939 a luchar por la libertad del pueblo hermano, por la república y la democracia de ese país, ante una sublevación de militares reaccionarios que enseguida contaron con el apoyo de la Alemania hitleriana y la Italia de Mussolini.

Cuando el 18 de julio de 1936 estalló en la nación ibérica la asonada fascista, muchos cubanos vivían exiliados en Madrid. Casi todos se incorporaron a las milicias populares, como los guiteristas María Luisa Laffita, su esposo Pedro Vizcaíno y Alberto Sánchez (cuando cayó en combate en 1937 comandaba una brigada); el comunista Moisés Raigorodsky El Rusito, como le decían cariñosamente sus compañeros del Ala Izquierda Estudiantil; y el anarquista Policarpo Candón, quien de soldado llegaría luego a comandante de brigada. Participaron en la toma del cuartel de la Montaña, en los combates de Buitrago, del canal del Lozoya, Somosierra, Robregordo) y la sierra de Guadarrama.

También los cubanos residentes en Barcelona se incorporaron a la lucha desde el primer día. Uno de ellos, Juan Botifoll, al frente de 11 catalanes y nueve cubanos se enfrentaron exitosamente a un destacamento fascista. Luego partieron al frente de Aragón para unirse a la tropa del coronel republicano Alberto Bayo (quien años después colaboraría con Fidel en el entrenamiento de los expedicionarios del Granma).

Pablo de la Torriente Brau, el cronista de la gesta española de 1936. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Pablo de la Torriente Brau, el cronista de la gesta española de 1936. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

En su exilio de Nueva York, Pablo de la Torriente Brau seguía paso a paso los acontecimientos en la península. Y una idea comenzó a obsesionarlo. El 6 de agosto de 1936 anunciaba a un amigo: “Me voy a España, a la revolución española […] en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos”. Ya el 18 de septiembre se encontraba en Cataluña, vía Francia. Dos días después fechaba su crónica “Barcelona bajo el signo de la Revolución”. Y el 24 de septiembre llegó de noche a Madrid. Se topó allí con el escultor cubano Francisco Maydagán, quien lo llevó al frente. Ahí se abrazó con varios compatriotas y sostuvo su célebre duelo verbal con un cura falangista en pleno campo de batalla. De sus vivencias en aquellas jornadas habla en su crónica “En el parapeto”, uno de sus mejores textos como corresponsal de guerra.

Como había venido a luchar más que a escribir, poco a poco el combatiente dominó al periodista: asumió el cargo de Comisario en la tropa de Valentín González, el legendario Campesino, uno de los más destacados jefes militares republicanos. Pablo cayó en el combate de Majadahonda, el 19 de diciembre de 1936.

Entretanto, para garantizar la victoria de los militares fascistas, la Italia de Mussolini y la Alemania hitleriana los reforzaron con más de 100 000 y 50 000 efectivos, respectivamente –se les sumarían 90 000 mercenarios marroquíes y los 20 000 soldados portugueses enviados por Oliveira Salazar–, aparte de grandes suministros de aviones, tanques y armas de todo tipo. Ante esta situación el movimiento comunista mundial convocó a todos los hombres y mujeres del planeta a formar las Brigadas Internacionales, voluntarios “para combatir por la libertad de sus países sobre el suelo de España”. Los revolucionarios cubanos respondieron rápidamente a este llamado.

Los exiliados en Estados Unidos, a través del club Julio Antonio Mella, de Harlem (Nueva York), conformaron un primer grupo de compatriotas (en total fueron 125 personas), integrados como la Centuria Guiteras. Comandados por Rodolfo de Armas; ya en febrero de1937 combatían por la defensa de Madrid. Al mismo tiempo, organizado por el militante comunista Ramón Nicolau, desde el 15 de abril de 1937 partieron de Cuba varios destacamentos que agregaron otros 850 hijos de la mayor de las Antillas.

Páginas de coraje y de gloria escribieron los internacionalistas de nuestro país en los campos de batalla ibéricos. Su sangre se derramó en Jarama, Guadalajara, Brihuega, Brunete. Cuando a finales de 1938 el Gobierno republicano español decidió la retirada de las Brigadas Internacionales, la mayor parte de los cubanos fueron concentrados en Barcelona y Gerona. Al comenzar la batalla de Cataluña muchos compatriotas se reincorporaron al Ejército republicano, pero la superioridad de los adversarios hizo imposible toda resistencia. Junto con más de 400 000 peninsulares que huían de las represalias de los fascistas, se internaron en territorio francés.

Según estudios de la historiadora María Sánchez Dotres, entre 1936 y 1939 participaron del lado republicano 1 412 cubanos, aunque esta cifra puede aumentar, a tenor de nuevas evidencias. Ellos eran básicamente jóvenes de 25 a 27 años de edad e integraron la Brigada Internacional Abraham Lincoln y unidades del Ejército republicano. De acuerdo con la investigadora francesa Denise Urcelay-Maragnés, 130 alcanzaron el grado de oficial.

El 21 de diciembre de 2013 se develó en el cementerio madrileño de Fuencarral una tarja en homenaje a los cubanos caídos en la contienda, como muestra de afecto y agradecimiento del pueblo de la península a quienes atravesaron el Atlántico para luchar por la democracia y la libertad.

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Fuentes consultadas:  Los libros Cartas y crónicas de España, de Pablo de la Torriente Brau,  y Pablo con el filo de la hoja, de Víctor Casaus. La compilación Pablo, 100 años después.

 

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