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Publicado el 31 Julio, 2021 por Redacción Digital en Historia
 
 

PRIMERO DE AGOSTO DE 1958

La masacre de la prisión de El Príncipe

Cuando ocurre ya la tiranía estaba estratégicamente derrotada; en el frente principal, la Sierra Maestra, se le había quebrado el espinazo a sus unidades élites y la llamada ofensiva o Plan FF, dirigido a liquidar el principal bastión guerrillero había fracasado y se había convertido en una contraofensiva que no se detendría hasta la victoria del primero de enero de 1959
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Vicente Ponce Carrasco, Roberto de la Rosa y Reinaldo Gutiérrez

Vicente Ponce Carrasco, Roberto de la Rosa y Reinaldo Gutiérrez, combatientes revolucionarios asesinados en la masacre en de El Príncipe el primero de agosto de 1958

Por Giraldo Mazola

Fue una más de las aberrantes y criminales acciones de la dictadura batistiana cometida ese día contra los detenidos  en la principal prisión de la capital y consecuencia de su impotencia para detener el auge de la lucha popular para dar fin a tanta opresión e ignominia.

Cuando ocurre ya la tiranía estaba estratégicamente derrotada; en el frente principal, la Sierra Maestra, se le había quebrado el espinazo a sus unidades élites y la llamada ofensiva o Plan FF, dirigido a liquidar el principal bastión guerrillero había fracasado y se había convertido en una contraofensiva que no se detendría hasta la victoria del primero de enero de 1959.

Nos habían advertido días antes que se fraguaba una represalia pues a medianoche en la víspera del 26 de julio habíamos cantado el himno nacional y el del 26 de Julio los prisioneros políticos condenados o en espera de los juicios, secundados por cientos de presos comunes.

Cuando comenzamos a preparar ese coro gigante supimos que era una idea de Armando Hart, recién llegado a la cárcel en espera de ser trasladado al presidio de isla de Pinos y eso nos estimuló a organizarlo mejor.

Semanas antes, a través de nuestros abogados habíamos reclamado la liberación de los detenidos durante meses sin ser juzgados. Decidieron iniciar juicios con algunos jueces venales para amedrentar con años de cárcel a los detenidos en prisión preventiva, pero los pocos acusados que convocaron, se volvieron los acusadores del régimen, denunciado virilmente a los torturadores presentes y convirtiendo esos escenarios en tribunas de denuncia y suspendieron ese intento de intimidación.

También casi en la víspera trasladaron a una treintena de los detenidos en el vivac a la cárcel aludiendo el abarrotamiento existente aunque la cárcel no tenía mejores condiciones. Comentábamos entre nosotros que era para separar de la masa mayor de detenidos a los más activos pero dejaron a otros igualmente destacados y eso distorsionaba nuestra valoración de esa decisión.

Por algunos familiares que nos visitaron después de la cantata comenzamos a recibir comentarios del impacto que tuvo en aquella ciudad silente ese coro masivo de protesta y de combate escuchado en una extensa área pero realmente, al menos yo, no aprecié entonces su alcance como gesto de rebeldía y propaganda.

El ambiente estaba caldeado y y los batistianos mas que molestos con los prisioneros en El Príncipe que debían ser sometidos. Les faltaba buscar una chispa que sirviera de pretexto y la provocaron.

Hubo maltrato a los visitantes de los compañeros ya condenados en la cárcel que respondieron protestando y el abuso aumentó y se extendió a los que acudían a ver los detenidos en el vivac que hicimos lo mismo.

Es conveniente aclarar que el contacto entre los condenados en la cárcel y los detenidos en el vivac no era fácil. Algunas veces a gritos desde la última galera del vivac y en alguna ocasión mediante notas con un visitante que iba a ambos lugares.

Abajo, se obstruyó la entrada en la galera de los detenidos y arriba, en el vivac, hicimos lo mismo. La exigua presencia de policías en el zaguán donde se recibía a los visitantes se retiró y nos adueñamos del área obstruyéndola con literas y colchonetas que quemamos.

La balacera comenzó desde el patio de la cárcel y los proyectiles rebotaban en la sólida construcción colonial haciendo inseguro cualquier rincón.

Desarmamos literas para tener tubos para defendernos y rompimos una pared para usar sus pedazos de ladrillos como proyectiles.

En pocos minutos llegaron los más connotados esbirros capitalinos y lograron entrar al vivac desde cuya entrada continuaban el tiroteo contra centenares de prisioneros desarmados.

Avanzaron hasta la entrada de cuatro galeras que habíamos bautizado como “Cuatro caminos” y en una de ellas un matarife del SIM asesinó a Vicente Ponce Carrasco, Roberto de la Rosa y Reinaldo Gutiérrez e hirió a otra decena de prisioneros.

Detuvieron los disparos y nos fueron empujando hasta un pequeño patio al fondo de la que llamábamos galera 21, al final del vivac.

Allí a empellones e insultos nos quisieron obligar a virarnos de espalda y una decena de ellos montaron sus ametralladoras como amenazando con continuar la matanza.

Controlada lo que según ellos era un intento de fuga masiva se retiraron y la guarnición de la prisión nos fue encerrando en las respectivas galeras.

Ese tarde mantuvieron las galeras cerradas y no hubo comida. Logré que la guarnición me permitiera salir para ver a algunos compañeros heridos a quienes curé o más bien lavé con agua sus heridas y lastimaduras porque el poco alcohol y mertiolate que teníamos en un pequeño local que calificábamos exageradamente como enfermería fue usado para quemar los colchones de la puerta de acceso del vivac.

Para mi aquel día es inolvidable. Me hirieron a sedal en la cabeza y sangré mucho. Tuve miedo y me asusté pensando que era el fin.

Conocían que yo y Alipio Zorrilla, estudiantes entonces de medicina, tratábamos de atender allí a nuestros compañeros, particularmente a los que traían torturados y golpeados de los distintos centros represivos y eso facilitó que me dejaran salir.

Habíamos propuesto que solo salieran a tratarse en hospitales aquellos heridos de bala que era imposible atender aquí y los de menores lastimaduras e incluso heridas de bala superficiales se quedaran pues temíamos que en vez de curarlos los asesinaran.

A la guarnición y particularmente a los jerarcas policiacos les daba lo mismo y accedieron pues consideraban que nos habían dado una lección para reducir nuestra rebeldía.

Al atardecer un grupo escuchamos en un radio de pilas el parte oficial de la sedición. Lo leyó Eddy Martin, muy conocido después como narrador y comentarista deportivo que por sus méritos fue condecorado como Héroe del Trabajo.

Vicente Ponce Carrasco (Foto: EcuRed)

Vicente Ponce Carrasco (Foto: EcuRed)

Había salido del vivac unos días antes. Detenido porque la emisora donde trabajaba fue una de las dos donde se difundió el llamado a la huelga del 9 de abril y cooperó con el comando que ejecutó esa acción e incluso trasladó en su auto al jefe de la operación. Conoció en las mazmorras de la quinta estación de policía a Vicente Ponce y establecieron una amistad que consolidaron en el vivac donde ambos daban clases a los compañeros con escaso nivel escolar y donde Vicente lo incorporó formalmente al MR 26.

La voz enérgica y viril que todos recordamos, esa noche se quebró al tener que leer la cínica versión de aquel crimen donde informaban la muerte de tres revoltosos, 21 heridos y particularmente al mencionar el  nombre de su amigo y compañero.

Años después, al ser condecorado con tan alta distinción dijo que lo estimulaba a actuar en la vida era haber nacido el mismo día que Maceo y el Che y el recuerdo de su compañero Vicente, asesinado en plena juventud y con el que simboliza a todos los combatientes caídos que no conoció.

Hay escuelas, fábricas y centros deportivos y otras instituciones que llevan el nombre de Vicente, Reynaldo y Roberto, pero el mejor monumento de recordación a su memoria, en vísperas del 63 aniversario de su asesinato, es la masiva movilización popular enfrentando en estos días a quienes bajo la guía imperial han intentado  revertir las conquistas en la salud, la educación, cultura, seguridad y orden alcanzadas por la revolución, con la lucha y sacrificio de ellos.

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Redacción Digital

 
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