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Publicado el 24 Julio, 2021 por María de las Nieves Galá León en Historia
 
 

Pijirigua en el Moncada

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Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ y FELIPA SUÁREZ

Fidel Labrador, Pijirigua, Artemisa, asaltante Moncada

José A. Labrador, asesinado el 26 de julio de 1953, en el cuartel Moncada. (foto: TOMADA DE ECURED)

El nombre de Pijirigua, según lo contaba la abuela María Borrego, procedía de una leyenda indígena. Así se lo narraron a ella sus padres: allí vivía una pareja de indios, Piji y Cigua, hasta que llegaron los españoles y uno trató de conquistar a Cigua. Airado, Piji no lo permitió y con sus propias manos fue hacia el colonialista y este lo mató en el acto. Desesperada, Cigua se quitó la vida. El amor de la pareja quedó inmortalizado cuando todos empezaron a llamar a la localidad: Pijirigua.

En cambio, el portal digital del gobierno en Artemisa expone que ese nombre proviene de una pareja de esclavos muy enamorados; ella Pilar y él Jirigua. Para su matrimonio ambos tuvieron el consentimiento del colono, y para vivir este les cedió una casita de madera próxima al camino.

Todos admiraban y querían a aquella pareja, hasta un día en que un incendio quemó todas las casas del lugar. Ella murió primero y después él, agobiado por los sufrimientos. Fueron enterrados cerca del camino y, al pasar el tiempo, las lluvias borraron casi por completo el nombre de ella. Más adelante, cuando alguien preguntaba alguna dirección, todos le decían que era cerca de donde estaba el matrimonio enterrado. Así, con el Pi de Pilar y Jirigua, nació Pijirigua.

¿Cuál de las dos versiones será la verídica? ¿Ficción o realidad? A estas alturas nadie puede decirlo. Los más viejos han partido. Quizás la imaginación de la abuela creó la historia, o tal vez existió en algún recodo. Lo cierto es que el barrio, surgido a unos ocho kilómetros de Artemisa, tuvo vida propia, incluso, allí existió un juzgado donde fueron inscriptos muchos hombres y mujeres de otros lugares.

En la memoria de los mayores quedó también el paso de los mambises por la zona y, en no pocas casas, la veneración hacia el Mayor General Antonio Maceo.

Del nombre de Pijirigua se pudiera decir más, y algunas permeadas por la leyenda. Lo que no es mito, sino motivo de orgullo, es el número de jóvenes que salió de esta barriada para participar en las acciones del Moncada, el 26 de julio de 1953.

Con Francisco Acosta, Colo, un vecino que ganó un espacio en el corazón de la familia, recordamos más de una vez aquellos sucesos y a través de él (ya fallecido), descubrimos la vida de los que se involucraron en las acciones revolucionarias.

Francisco Acosta, Colo (ya fallecido), junto a su esposa, María del Carmen Flores. (foto: AGUSTÍN BORREGO)

Francisco Acosta (ya fallecido), junto a su esposa, María del Carmen Flores. (foto: AGUSTÍN BORREGO)

Colo conoció de muy cerca a los primos José Antonio Labrador Díaz y Fidel Labrador García. “Llegué al barrio en 1945. Vivíamos en la finca Santa Ana, perteneciente a José Pestana Cabello, quien la tenía arrendada, pues en realidad era de Gerónimo Martinto. Resulta que mi familia era seguidora del Partido Auténtico, y como no votamos por Batista nos desalojaron del rancho. Mi padre, Jacinto Acosta, mambí que peleó bajo las órdenes de Serafín García, se encolerizó. Esa gente no respetaba a ningún patriota.

“En Pijirigua, compramos el terreno a otro veterano de la independencia, nombrado Alejandro García. Enseguida me relacioné con los muchachos de la zona, que también tenían inquietudes políticas. Pertenecíamos a la Juventud Ortodoxa y, además, trabajábamos juntos en la siembra y recogida de piña”, afirmó.

Al describir a José Antonio, lo detalló como una persona muy noble, sencilla, preocupada por sus compañeros. “Éramos obreros agrícolas en la finca La Esperanza, de Elasio Martínez, y en El Suizo, de Pedro Iturralde, con salarios muy bajos: el canasteo de piñas lo pagaban a dos pesos con ochenta centavos; y cuando laborábamos en la caña, un peso con setenta y cuatro centavos.

“A veces, los miembros de la Juventud Ortodoxa nos reuníamos en el billar. Recuerdo que una vez hacíamos una actividad en apoyo a Eduardo Chibás, y cuando más contentos estábamos se apareció un guardia de apellido Reyes, y nos quería llevar presos. Por suerte, el cabo Joseíto Díaz, sobrino de mi mamá, intervino y le dijo que no había motivos, pues nosotros no nos estábamos metiendo con nadie”.

Apuntó Colo que nunca sospechó de las actividades revolucionarias de José Antonio, Fidel y Ramón Callao Díaz, pues de haberlo sabido hubiera estado entre los asaltantes. “Fue todo muy secreto, incluso, por aquí hubo una finca en la cual hicieron prácticas de tiro”.

La niñez de José Antonio fue triste. Nació en la finca Vidal, en el barrio de San José, en el kilómetro cuatro de la carretera de Viñales, en Pinar del Río. A los siete años quedó huérfano de madre, y su padre se trasladó a Pijirigua con sus tres hijos. Como otros tantos de su generación, no tuvo infancia, pues a los ocho años de edad se vio obligado a comenzar a trabajar. En el campo hizo de todo un poco: repartió leche, guataqueó, cortó caña… Sin dudas, la incorporación al movimiento insurreccional fue a través de su primo.

El 16 de julio de 1977, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, inauguró el Mausoleo a los Mártires de Artemisa. (foto: AGUSTÍN BORREGO)

El 16 de julio de 1977, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, inauguró el Mausoleo a los Mártires de Artemisa. (foto: AGUSTÍN BORREGO)

Rebelde, así recordaba a Fidel Labrador, quien muy temprano se rebeló contra las injusticias cometidas con los trabajadores agrícolas. Muy joven empezó a trabajar en el envasadero de piñas de Pijirigua, propiedad del magnate Manuel Pérez Galán.

Contaba Colo que Fidel fue de los primeros en incorporarse a la Juventud Ortodoxa y se convirtió en su dirigente en el barrio y también en delegado de este en la municipalidad de Artemisa. Como tantos otros de su tiempo, se pronunció contra el golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista, y participó en manifestaciones de protesta contra el tirano.

Luego de los entrenamientos, cinco de los hombres nacidos en tierra pijirigüeña (según tenemos constancia) fueron seleccionados para las acciones: Fidel Labrador, José Antonio y Ramón Callao. También estarían Guillermo Granados Lara* y Florentino Fernández León**.

En el combate

Según contó Ramón Pez Ferro en el texto Artemisa en el Moncada, publicado el 25 de Julio de 2014, en el periódico Juventud Rebelde, durante las acciones del 26 de Julio, Fidel Labrador García protagonizó un hecho, al que catalogó como relevante.

“En medio del fragor del asalto al Moncada, nuestro jefe, Fidel Castro, dio la orden de retirada, al darse cuenta de la imposibilidad de tomar el cuartel, dada la gran diferencia de medios entre las dos fuerzas y con el fin de proteger las vidas de sus compañeros. En ese momento, junto a Pedro Miret y a otros tres asaltantes, Fidel Labrador decidió mantenerse disparando para proteger la retirada. En esa acción, el artemiseño recibió un balazo en el ojo, que lo puso al borde de la muerte, aunque finalmente salvó la vida”.

José Antonio Labrador fue de los que acompañó a Abel Santamaría en la toma del Hospital Civil Saturnino Lora, y resultó prisionero de los esbirros de la tiranía. Fue asesinado el 26 de julio de 1953, aunque hicieron creer que había muerto combate.

De esa manera, el poblado de Pijirigua quedó en la historia; fueron hijos de su tiempo entregados a la Patria.

Notas:

* Guillermo Granados Lara nació en Pijirigua el 23 de octubre de 1923, a los pocos años la familia se trasladó para Artemisa. Caído en combate en el asalto al Moncada.

** Florentino Eduardo Fernández León, participante de la gesta del Moncada, nació en Pijirigua el 22 de agosto de 1927 y a los ocho años su familia se mudó a Guanajay. Sobrevivió a la acción y falleció en 2017.

 

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María de las Nieves Galá León

 
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