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Publicado el 14 Agosto, 2021 por Redacción Digital en Historia
 
 

Algunas reflexiones

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La situación creada con el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 demandó el surgimiento de una vanguardia revolucionaria que asumiera la lucha arma-da. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por MARTHA VERÓNICA ÁLVAREZ MOLA *

Al estudiar el desarrollo de la lucha librada en la década del 50 del pasado siglo en Cuba, emerge la necesidad de aproximarse al conocimiento del pensamiento militar de Fidel Castro Ruz quien dirigió aquella contienda con una acertada estrategia militar y una concepción adecuada a las características del momento en que tenía lugar.

Un aspecto de capital importancia a tener en cuenta, es la firme convicción del líder de la Revolución cubana de hacer de la participación del pueblo la piedra angular de la lucha, muy en especial la que necesariamente tendría lugar en el orden militar con el propósito de lograr el derrocamiento de la tiranía implantada por Fulgencio Batista como paso indispensable para acometer la grandes transformaciones que requería el país en su condición de república neocolonial. Fidel devino, en aquella complicada encrucijada, genuino y digno representante de las mejores tradiciones combativas del pueblo.

La situación creada con el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 demandó el surgimiento de una vanguardia revolucionaria que asumiera la lucha armada para alcanzar la libertad cercenada por el cuartelazo, además, que fuera capaz de encauzar el batallar hacia el logro de una justicia social profunda con  la solución de los problemas, de toda índole, que agobiaban a los cubanos.

Los asaltos a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo no resultaron exitosos en el orden militar, pero conmo-cionaron la conciencia nacional. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Fidel, al frente de los llamados jóvenes de la Generación del Centenario, dio inicio al enfrentamiento armado con las acciones del 26 de julio de 1953 que golpearon al régimen y conmocionaron la conciencia  nacional. Los asaltos a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo no resultaron exitosos en el orden militar, pero sentaron un precedente de capital importancia para la futura lucha revolucionaria.

Nosotros siempre tuvimos en mente ensayar primero la sublevación de una región y tratar de mantenerla, y si la operación no daba resultado, entonces ir a las montañas con todas aquellas armas e iniciar allí la lucha. Ha señalado Fidel.

Juzgado y condenado a prisión por aquellos hechos Fidel dirigió desde la cárcel la divulgación clandestina del texto de su alegato de autodefensa conocido como La historia me absolverá, que fue factor de capital importancia en el hecho de que el revés militar sufrido en el Moncada deviniera contundente victoria en el orden político.

Durante su estancia tras las rejas del mal llamado Presidio Modelo, Fidel pudo analizar con cierto sosiego lo sucedido por lo que el cautiverio en la otrora  Isla de Pinos constituyó un eslabón significativo en el desarrollo de su pensamiento político militar. Allí concibió la adecuación necesaria en los planes militares para reiniciar la lucha armada en nuevas condiciones. En carta a su compañero Antonio López, Ñico, expresó: “La prisión es para nosotros academia de lucha y nada podrá detenernos cuando la hora llegue”.

Luego de muchas reflexiones Fidel concibió iniciar la contienda armada con el establecimiento en las montañas directamente a fin de emprender la guerra irregular como primer paso. En concordancia con esta determinación puso en práctica, en México, donde preparó a los futuros expedicionarios, un tipo de entrenamiento capaz de asegurar que estuvieran en facultades de adaptarse a condiciones difíciles y desarrollar en ellas acciones combativas con eficiencia.

El 25 de noviembre de 1956, los 82 expedicionarios partieron de México en el yate Granma con los elementos indispensables para el reinicio de las acciones militares. De esa forma nació el Ejército Rebelde, el 2 de diciembre de 1956, con el desembarco del destacamento revolucionario organizado en tres pelotones y un estado mayor bajo el mando de Fidel. El objetivo era fijar a los guerrilleros en el terreno propicio para desarrollar la guerra de guerrillas y comenzar su desarrollo paulatino hasta el punto en que las fuerzas rebeldes llegaran a adquirir las características de un ejército competente para producir el colapso militar de la tiranía.

Nació el Ejército Rebelde con el desembarco de los expedicionarios del yate Granma, quienes contaban con los elementos indispensables para el reinicio de las acciones militares. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Después del agotador desembarco, el bautismo de fuego en Alegría de Pio y la dispersión, se produjo el reagrupamiento en Purial de Vicana. Una parte de los expedicionarios con Fidel al frente, junto a unos pocos campesinos que se habían sumado, partieron rumbo a las zonas elevadas de la Sierra Maestra, teatro de operaciones del Primer Frente “José Martí”.

De inmediato comenzaron las acciones combativas. Desde el principio el jefe rebelde decidió que había que atacar constantemente al enemigo. En este sentido ha señalado: “Durante todo el período de la guerra nunca estuvimos sin realizar operaciones […] no perdíamos el menor chance de golpear al enemigo”.

Una forma fundamental de operar del ejército revolucionario fue el ataque sistemático a las columnas enemigas en movimiento. Sobre este aspecto Fidel ha señalado: “El enemigo es fuerte en su campamento y débil cuando se mueve. Por eso para nosotros golpearlo en movimiento siempre era mejor […] Se pretendía hostigar una columna quitarle su actitud de ofensiva y ponerla a la defensa ponerlos a cuidarse con lo cual nosotros podíamos evadir mejor la persecución de las otras columnas”.

Por otra parte, la lucha contra los refuerzos devino otro importante modo de actuar del Ejército Rebelde, que en lo esencial mantenía el principio de atacar al adversario en movimiento, pero contemplaba, además, sitiar una posición militar con el propósito de obligarlo a enviarle refuerzos y atacarlo durante el desplazamiento.

En este sentido ha explicado: “La táctica que nosotros empleábamos, era la táctica de rodearles las posiciones como una provocación, ningún ejército  puede dejar que le rindan una unidad sin ir a apoyarla y entonces las combatíamos en movimiento y le hacíamos terribles bajas”.

La correcta táctica y estrategia empleada por el jefe del Ejército Rebelde condujo a continuados éxitos en las acciones militares desarrolladas durante 1957, primer año de la guerra, que concluyó con un balance totalmente favorable a las armas rebeldes, sosteniendo más de 15 combates victoriosos. Para entonces contaba con dos columnas con cierta estabilidad territorial, la Primera mandada por él y la Cuarta por Ernesto Guevara, Che y daba los primeros pasos en la organización de una retaguardia guerrillera en el territorio.

El primer año de la guerra concluyó con un balance totalmente favorable a las armas rebeldes, cuyas dos columnas (la de Fidel y la del Che) sostuvieron más de 15 combates victoriosos en el periodo. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Fueron estos meses de guerra el laboratorio donde Fidel probó y perfeccionó la táctica a emplear contra el enemigo, logró conocer su modo de actuar sus fortalezas y puntos vulnerables, al tiempo que lograba tener dominio de las condiciones del terreno y aprendió a provechar al máximo las ventajas de la guerra irregular. También el quehacer combativo de aquellos momentos, fue decantando el personal y le permitió identificar a los que tenían condiciones de jefe y podían asumir con acierto los planes estratégicos que debían conducir a la derrota de las fuerzas de la tiranía en el terreno militar.

En el análisis del resultado de este primer año de guerra deben tenerse en cuenta otros factores que Fidel consideró de primer orden y a los cuales prestó especial atención como son: el desarrollo del movimiento clandestino y su apoyo a la lucha en las montañas;  la incorporación, de una u otra forma, de la población serrana a las actividades de sostén al ejército revolucionario y el respaldo mayoritario del pueblo en todo el país.

En estas condiciones iniciaba el año 1958, decisivo en el desarrollo de la contienda. La tiranía se hallaba en una situación sumamente difícil no solo en el terreno militar. Sus planes para destruir al Ejército Rebelde y al movimiento clandestino fracasaban a todas luces.

En el mes de marzo de 1958 Fidel decidió poner en práctica la línea que había trazado desde finales del año anterior de extender la guerra fuera del territorio del Primer Frente. Para ello creó dos nuevas columnas, la No. 3 “Santiago de Cuba” bajo el mando de Juan Almeida Bosque y la No. 6 “Frank País” por Raúl Castro Ruz  con el objetivo de crear dos nuevos frentes de combate. Poco después envió un grupo de combatientes encabezados por Camilo Cienfuegos Gorriarán a desarrollar una campaña militar en territorios de la llanura del Cauto con la Columna No. 2.

Ese mismo mes se celebró en la Sierra Maestra  una importante reunión de la dirección nacional del Movimiento 26 de Julio donde se planteó organizar y llevar a cabo un paro nacional. A pesar de que Fidel no estaba realmente convencido de que era el momento adecuado para ello, ante la certidumbre de los dirigentes de la lucha clandestina que existían las condiciones, accedió a firmar el documento que la convocaba.

Siguiendo su estrategia de extender la guerra fuera de la Sierra Maestra, conformó las nuevas columnas de Almeida y de Raúl, con el fin de crear dos nuevos frentes de combate. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por diversos factores el intento de huelga fracasó y constituyó uno de los más amargos reveses sufridos en la lucha. El 3 de mayo, en Altos de Mompié, Sierra Maestra, tuvo lugar una nueva reunión de la dirección nacional para analizar los errores que condujeron al fracaso. Entre los acuerdos destaca nombrar a Fidel Castro jefe de todas las fuerzas incluidas las milicias urbanas hasta entonces supeditadas a la dirección del movimiento clandestino.

Ante el golpe que había recibido el movimiento revolucionario, el enemigo consideró que había llegado el momento de lanzar una ofensiva poderosa para destruir al Ejército Rebelde y liquidar a su jefe. Ese plan fue denominado FF (Fase Final o Fin de Fidel).

Precisamente el enfrentamiento a la Ofensiva de Verano del ejército de la tiranía fue uno de los momentos en que más alto brilló el pensamiento militar de Fidel, quien puso a prueba, de forma creadora, toda la experiencia adquirida.

El plan de defensa del territorio rebelde que concibió contemplaba, como paso previo, la detención del golpe del adversario para una vez logrado, pasar de inmediato a la contraofensiva. El Ejército Rebelde entraba en una nueva etapa de desarrollo en la que debió ser capaz de demostrar capacidad para sostener una elástica guerra de posiciones. Así lo reconoció el alto mando enemigo:

Aprovechando el terreno el enemigo ha pasado de la guerra de guerrillas a la guerra de posiciones, atrincherándose con un sistema de defensa escalonado para varios hombres, sobre todo en los estribos o subidas posibles al firme de la Sierra Maestra, minando los caminos habituales, construyendo numerosos refugios antiaéreos.

El adversario resultó totalmente sorprendido con este cambio. Preparado para combatir bajo los conceptos tácticos que rigen la guerra irregular encontró todo lo contrario. Por otra parte, también quedó atónito ante la concentración de las fuerzas rebeldes que enfrentó pues las suponía divididas. Fidel  había decidido poner en marcha lo que históricamente se  ha denominado la reagrupación estratégica que significó concentrar en el Primer Frente a los combatientes incluyendo el regreso a la Sierra Maestra de Camilo Cienfuegos y Juan Almeida con parte de sus hombres. Al comandante Raúl Castro le ordenó defender el Segundo Frente Oriental “Frank País”, donde  darían un golpe secundario.

La ofensiva comenzó el 25 de mayo. El enemigo lanzó unos 10 000 efectivos que fueron rechazados por alrededor de 300 combatientes rebeldes. La ofensiva terminada en el mes de agosto fue un fracaso tal que el Che expresó que el adversario había terminado con su espina dorsal rota.

A partir de ese momento la iniciativa había quedado en manos rebeldes y Fidel se había dispuesto a explotarla a fondo. Como paso previo decidió reorganizar al Ejército Rebelde, incrementado en hombres y armas, abrir nuevos frentes y extender las fuerzas fuera de la provincia de Oriente.

El enfrentamiento a la Ofensiva de Verano del ejército de la tiranía fue uno de los momentos en que más alto brilló el pensamiento militar de Fidel. (AUTOR NO IDENTIFICADO)

Mientras la tiranía intensificaba su campaña para la celebración de unos fraudulentos comicios, Fidel, se aprestaba a dar la batalla final. Su idea estratégica quedó claramente expresada en una importante carta que envió al comandante Juan Almeida donde delineaba dos objetivos centrales: entorpecer las falsas elecciones y hacer de esas acciones la antesala de la gran ofensiva rebelde para tomar toda la provincia de Oriente.

En la noche del 13 de noviembre Fidel se dirigió a todo el pueblo de Cuba y a los jefes de los diferentes frentes a través de las ondas de Radio Rebelde con indicaciones muy detalladas sobre el próximo desencadenamiento de la gran ofensiva final.

Con la victoria obtenida en la batalla de Guisa comenzó la arremetida rebelde que se desarrolló en completa concordancia con el pensamiento militar de Fidel que condujo al derrocamiento de la tiranía y la gran victoria del primero de enero de 1959. Quedaba demostrada la justeza de la línea estratégica trazada por el máximo líder y su acertada conducción de la guerra que abrió la posibilidad real de hacer una profunda e irreversible transformación de nuestra patria hacia una sociedad más justa.

*Master en ciencias Históricas. Investigadora de la Oficina del Historiador de las FAR

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Fuentes utilizadas

La compilación Fidel Castro. Discursos 1973-1978. Los libros La Prisión Fecunda, de Mario Mencía; y Che, de la Sección de Historia de las FAR. El número especial de Verde Olivo (31 de diciembre de 1978) y el de la Revista Cuba correspondiente a diciembre de 1978.

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 95 aniversario del nacimiento de Fidel)

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Redacción Digital

 
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