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Publicado el 12 Agosto, 2021 por Redacción Digital en Historia
 
 

El concepto de Revolución en su pensamiento político

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El 1º de Mayo de 2000, Fidel ofreció una definición del concepto de Revolución, que contiene las armas, los instrumentos y hasta las vías para que el avance de la sociedad que construimos no se detenga

Por EUGENIO SUÁREZ PÉREZ *

En las honras fúnebres de Fidel Castro Ruz –como expresión de la voluntad de nuestro pueblo de dar continuidad a sus ideas y a la práctica revolucionaria que conduce al Socialismo–, millones de cubanos suscribimos el juramento de cumplir fielmente el concepto de Revolución que el líder revolucionario diera a conocer el 1ro. de mayo de 2000. La firma del compromiso no fue un acto formal y frío, sino una acción consciente y profundamente sentida de la voluntad de un pueblo decidido a mantener irreversible nuestro proyecto socialista.

Ya no es posible definir la Revolución cubana como lo aprendimos en sus orígenes. Hoy, por supuesto, la definición es más compleja. En ella están representados todos los años de lucha y experiencia desde el momento en que los cubanos se levantaron en armas contra el colonialismo español el 10 de octubre de 1868, dos periodos de ocupación directa del imperialismo yanqui y 57 años de una república neocolonial lastrada por el servilismo al gobierno norteamericano, hasta el triunfo revolucionario de enero de 1959, así como las seis décadas en que el poder ha sido ejercido por su pueblo. Cada etapa ha tenido y tiene sus objetivos. Los de hoy, por supuesto, no son los mismos que nos propusimos en 1959, cuando la Revolución triunfante se enfrentó a la compleja situación del país, con las arcas del tesoro de la República vaciadas por aquellos malos gobernantes y llevadas a los Estados Unidos.

No obstante, el concepto general de la Revolución Cubana desarrollado por nuestros patriotas a través de largos años de lucha en situaciones muy adversas, ha mantenido en su esencia una serie de elementos que son los que la validan como una Revolución verdadera. Para evitar interpretaciones equivocadas, durante mi análisis, acudo a las palabras textuales del compañero Fidel para argumentar cada uno de los aspectos tratados.

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“No habría Revolución si no hubiese existido tanta injusticia […] La culpa de que nuestro país se vea envuelto en una revolución la tienen los grandes abusos que se cometieron durante tantos años con nuestro pueblo”.

El 1º de mayo de 2000, enfrascados en una batalla de ideas, Fidel ofreció una definición del concepto de Revolución que contiene las armas, los instrumentos y hasta las vías para que el avance de la sociedad que construimos no se detenga: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

La definición es coincidente con aquellas palabras que Fidel expresara a solo 15 días después del derrocamiento de la tiranía batistiana, cuando dijo: “Las leyes de la Revolución son, fundamentalmente, principios morales. Los propósitos por los cuales se está luchando, esos propósitos son los que guían y trazan el derrotero de la Revolución. La Revolución no es una cosa loca, la Revolución es algo que tiene una ruta trazada, una serie de principios a los cuales se ajusta y, además, una serie de principios fundamentales que son necesarios dejar bien sentados para que la Revolución se pueda desarrollar pacífica y ordenadamente”.

Antes del triunfo revolucionario del 1º de enero de 1959 para la inmensa mayoría del pueblo cubano, el concepto de Revolución se limitaba a la acción directa y muchas veces violenta, especialmente, a la lucha armada. Una vez que triunfa el Ejército Rebelde y el pueblo alcanza su verdadera independencia, el concepto se amplía y concibe la Revolución como la acción de todo el pueblo, y a las organizaciones que se van creando bajo la dirección del Gobierno Revolucionario y comandado por el líder de la Revolución.

Ha sido una constante del compañero Fidel explicar siempre el significado de la Revolución Cubana. Así, el 9 de marzo de 1959, cuando se preguntaba a sí mismo en qué se parecía nuestro proceso a cualquier otro del mundo, expresó: “La nuestra es una revolución sui géneris, de mayoría, con opinión pública que es la fuerza más poderosa del Universo. Esta es una Revolución que va haciendo su obra sin violencia”.

Poco menos de un año después, el 24 de febrero de 1960, diría: “Es posible que muchos empiecen ahora a comprender la Revolución en toda su significación y en toda su grandeza, porque, incluso, era una palabra muy en boga, muy repetida y que para muchas personas no tenía sino una significación sonora, una idea confusa, porque, incluso, se llamaba revolución a cualquier cosa y cualquiera se llamaba revolucionario”.

Nacionalizaciones de 1960. La Revolución es la única que puede conmover los cimientos de una sociedad y las columnas sobre las cuales se erige un orden social, a lo que destruye para luego construirlos.

En este discurso dejó esclarecido la complejidad de una Revolución como la nuestra: “Y fácil parecía una revolución y, sin embargo, una revolución no es tarea fácil. Una revolución no es un acontecimiento sencillo en la historia de un pueblo. Una revolución es un hecho complejo y difícil, que tiene además la virtud de ser una gran maestra, porque nos va enseñando sobre la marcha, y sobre la marcha va fortaleciendo la conciencia del pueblo, y sobre la marcha nos va enseñando qué es una revolución.”

Meses después, precisaría aún más: “Una revolución no es sino una gran batalla entre los intereses del pueblo y los intereses contrarios al pueblo; una revolución es una gran lucha en la cual todos somos actores; una gran lucha en la cual todos estamos participando, y una gran lucha de la cual nadie puede pretender sustraerse, porque sus consecuencias afectan igual por igual a los que luchan y a los que pretendieron ser indiferentes a esa lucha.”

Ahondaba más, cuando el 2 de enero de 1961, en el acto conmemorativo del segundo aniversario de la llegada del pueblo al poder, explicaba: “Una Revolución no se produce sin causas […] No habría Revolución si no hubiese existido tanta injusticia en nuestro pueblo. Es bueno partir de esta base: de que la culpa de que nuestro país se vea envuelto en una revolución la tienen los grandes abusos que se cometieron durante tantos años con nuestro pueblo, la tiene la explotación a que se vio sometido el país, a que había estado sometido siempre”.

Por lo tanto, puntualizó, la Revolución era una necesidad, pero no un proceso pacífico y tranquilo ni un camino de rosas: “Es de todos los acontecimientos históricos, el más complejo y el más convulso”.

Una ley infalible de todas las revoluciones, destacó, es que son extraordinariamente convulsivas. Ella es la única que puede conmover los cimientos de una sociedad y las columnas sobre las cuales se erige un orden social, a los que destruye para luego construirlos.

También aclaró que la Revolución Cubana no fue un hecho casual y aislado. “No es un fenómeno providencial, un milagro político y social divorciado de las realidades de la sociedad moderna y de las ideas que se debaten en el universo político. La Revolución Cubana es el resultado de la acción consciente y consecuente ajustada a las leyes de la historia de la sociedad humana”.

Al definir las características del nuevo proceso social, puntualizó que la primera de ellas es la continuidad histórica de las luchas que se iniciaron en 1868 y prosiguió después en 1895 contra el colonialismo español; luego el batallar contra la humillante condición a que nos sometió los Estados Unidos con la oprobiosa Enmienda Platt ; se encadena con las luchas de los obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales durante más de medio siglo contra gobiernos neocoloniales corruptos y explotadores. Por eso Fidel, en el centenario del inicio de las luchas por la independencia, el 10 de octubre de 1868, en Demajagua, sentenció que ese día significaba, a la vez, el comienzo de cien años de lucha y de la Revolución en Cuba porque en nuestro país sólo ha habido una: la iniciada por Carlos Manuel de Céspedes y que nuestro pueblo lleva adelante.

Una Revolución que tiene pueblo

Otro de los conceptos que el compañero Fidel significó de la Revolución Cubana es que no solamente acabó con los atropellos, las torturas, los golpes y las humillaciones, sino que el pueblo había llegado al poder. Subrayó como otras importantes características, por una parte, la de ser necesariamente la interpretación de los deseos y  anhelos de la mayoría del pueblo, no para que mande un grupo de hombres; y por otro lado, su espíritu democrático, convertida ya en verdadera tradición revolucionaria, como expresara el 27 de noviembre de 1959: “Todo lo que hace [la  Revolución] nada lo impone, sino que lo hace realidad primero en la conciencia de los ciudadanos, y cuando es realidad en la conciencia de los ciudadanos, se vuelve ley, se vuelve medida revolucionaria, y el pueblo mayoritariamente la respalda”.

Para el Comandante en Jefe, como expresó el 30 de noviembre de 1959, la Revolución vale por lo que significa de esperanza para los que nunca tuvieron esperanza; por lo que significa de atención para los que siempre fueron olvidados; para que el hombre humilde del pueblo no se sienta avergonzado de su humildad, para que ningún compatriota porque sea pobre o porque sea negro, tenga que sentirse avergonzado.

La Revolución Cubana, primero fue un sueño, una aspiración de muchas generaciones de cubanos. En el devenir de los tiempos ha pasado por varias etapas. En la segunda mitad del siglo XX fue necesario otra vez formar un nuevo Ejército Libertador. Pero la Revolución, aclaró Fidel, ahora no podía tener el mismo contenido que en 1868 y 1895. Las condiciones eran otras.

Etapas de la Revolución
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Fidel puntualiza en el centenario del grito de Demajagua que en nuestro país sólo ha habido una Revolución: la iniciada por Carlos Manuel de Céspedes y que nuestro pueblo lleva adelante.

En cada una de las últimas etapas, la Revolución ha tenido sus objetivos bien definidos, como apreciamos muy bien en las intervenciones del Comandante en Jefe. Primeramente había que alcanzar el poder mediante la movilización popular.

Al respecto ha señalado: “Una revolución verdadera solo se podía producir en las condiciones en que estaba nuestra patria, de lo contrario, no hubiese sido posible. Sin razón para la rebeldía nacional, sin razón para aquella lucha, aquella lucha habría fracasado irremediablemente, pero existían condiciones reales para una revolución y por eso se logró la primera etapa, que fue movilizar al pueblo, llevarlo a la lucha contra aquel régimen, y destruirlo, destruir sus bases, sobre todo su base militar, que fue la primera tarea de la Revolución, destruir el aparato en que se sustentaba aquel régimen, y que era, no solo el sustento del régimen político, sino que también era el sostén del régimen económico, porque, desde luego, todo aquel aparato político y el aparato militar estaban al servicio de los grandes intereses, extranjeros fundamentalmente.

El 15 de octubre de 1960 el compañero Fidel proclamó el cumplimiento del Programa del Moncada. Había concluido la etapa definida como democrática-popular, agraria y antimperialista de la Revolución. En su comparecencia ante las cámaras y micrófonos del Frente Independiente de Emisoras Libres (Fiel), dijo: “Declaramos aquí que la Revolución ha cumplido la primera etapa, que entra en una nueva etapa; que los métodos de la primera etapa tenían que ser necesariamente métodos distintos a los de la segunda etapa. Los métodos de la primera etapa tenían que ser drásticos; no se podía estar contemporizando con los monopolios extranjeros; no se podía estar contemporizando con los grandes latifundios, los grandes privilegios; había que liquidar el poderío económico de una minoría que controlaba el poder económico y el poder político y había hecho uso abusivo y explotador de ese poder económico y político que tenía en sus manos. […]

“En la nueva etapa de la Revolución, los métodos drásticos de orden económico y social desaparecen. ¿Por qué? Porque el poder mayor, el poder principal de orden económico, los que controlaban la economía del país, han sido puestos fuera de combate en virtud de las medidas de la Revolución. Queda el pueblo, quedan numerosos intereses. En la segunda etapa de la Revolución, los métodos no van a ser métodos drásticos, de orden económico y social. Si nosotros nos vemos obligados a tomar un método drástico, es por razones de tipo revolucionario, de defensa de la Revolución contra los que conspiran, contra los que se unen al imperialismo, contra los que se unen a los enemigos de la patria; pero no por razones de orden económico y social.

“Y por eso aquí, en nombre del Gobierno Revolucionario, nosotros queremos declarar que la primera etapa de la Revolución se ha cumplido y que la Revolución entra en una segunda etapa.

A partir de ese histórico momento, la Declaración de La Habana, aprobada por el pueblo cubano unas semanas antes –el 2 de septiembre de 1960–, pasó a ser el programa de lucha de la Revolución Cubana y, sin dudas, el antecedente de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, el 16 de abril de 1961. Así lo reconoció Fidel en el artículo que escribiera en septiembre de 1961 para el primer número de la revista Cuba Socialista, “La Revolución no se hizo socialista ese día. Era socialista en su voluntad y en sus aspiraciones definidas, cuando el pueblo formuló la Declaración de La Habana”.

El concepto de Revolución fue proclamado por el Comandante en Jefe en el momento en que los Estados Unidos había intensificado el bloqueo contra nuestro país tras la caída del campo socialista y la agresión contra Cuba adquiría un matiz especialmente agudo, motivado por el secuestro de un niño por la mafia anticubana de Miami.

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Desde que el pueblo cubano asumió el poder como resultado de la propia Revolución se formó la convicción de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Que estas son mucho más poderosas que las armas.

Ese día, 1º de mayo de 2000, Fidel inició sus palabras de la siguiente forma: “Estamos viviendo días de intensa y trascendental lucha. Cinco meses llevamos batallando sin tregua. Millones de compatriotas, todos casi sin excepción, han participado en ella. Nuestras armas han sido la conciencia y las ideas que ha sembrado la Revolución a lo largo de más de cuatro décadas”.

En la moral de la Revolución y en sus leyes se manifiesta la igualdad y libertad plenas, el combate contra la discriminación de sexo y de raza, contra los rezagos de marginalidad. Ella ha llevado la salud y la educación a los rincones más apartados del país, donde en tiempos de la neocolonia no existían centros hospitalarios ni escuelas, y los seres humanos morían analfabetos y de enfermedades de la que ya se habían descubierto curas.

Desde que el pueblo cubano asumió el poder como resultado de la propia Revolución se formó la convicción de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Que estas son mucho más poderosas que las armas. Así lo aprendimos, así hemos crecido y así estamos dispuestos siempre a defenderla.

Por ello, el concepto de Revolución enunciado por Fidel podemos decir, es la esencia misma y resumen de su pensamiento político martiano y marxista-leninista, y la práctica revolucionaria aplicada desde el mismo triunfo del 1º de enero de 1959, que los cubanos hemos jurado defender hasta nuestro último aliento. Está escrito en letras doradas en una pared de hormigón escoltando la piedra de granito que guarda sus restos, en el cementerio de Santa Ifigenia.

  • Doctor en Ciencias Históricas. Director de la Oficina de Asuntos Históricos

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 95 aniversario del nacimiento de Fidel)

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Redacción Digital

 
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