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Publicado el 11 Agosto, 2021 por Redacción Digital en Historia
 
 

El pueblo como protagonista

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Eje fundamental del pensamiento de Fidel es su concepción acerca del pueblo y su papel como actor principal de la historia. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Por MANUEL ENRIQUE RODRÍGUEZ LLATA*

Durante los más de cien años de lucha, por la independencia nacional primero, por la defensa de sus conquistas revolucionarias, después, Cuba le ha dado una lección al mundo de lo que es capaz de hacer un pueblo cuando se le humilla, se le explota, se le desprecia, y cuando toma conciencia de sus necesidades, de sus aspiraciones y de su fuerza para lograrlo. A lo largo de ese proceso, se ha desarrollado toda una tradición de pensamiento y de práctica revolucionaria que conforman hoy el patrimonio fundamental de la ideología y el sustento de nuestra Revolución, cuya expresión más elevada lo constituye el pensamiento y la obra de su líder histórico, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Uno de los ejes teóricos del pensamiento de Fidel Castro, puesto de manifiesto durante todo su accionar político, que ha devenido esencia misma del proceso revolucionario cubano, es su concepción acerca del pueblo y su papel como actor principal de la historia, particularmente en la lucha por su independencia y emancipación social.

El pueblo en el pensamiento de Fidel
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En su alegato de autodefensa expresó su definición de Pueblo, que todos apelan a ella a la hora de abordar esta problemática. (Ilustración: H. MESA)

La interpretación objetiva que hizo Fidel Castro acerca de la realidad cubana en los años 50 del siglo pasado, le permitió comprender la esencia antipopular del régimen imperante en el país, que frenaba toda aspiración de emancipación y dignificación que poseía el pueblo cubano, asignándole a este el rol de principal protagonista, como cualidad esencial del proceso revolucionario.

Pero, para poder comprender la esencia de esta concepción es preciso determinar, ante todo, qué era el pueblo para Fidel, a quiénes incluía y a quiénes no en ese concepto, en las condiciones de la lucha revolucionaria.

Bien conocida es la definición de Pueblo expresada por él en su histórico alegato de defensa La historia me absolverá, y prácticamente todos apelan a ella a la hora de abordar esta problemática. Sin embargo, con anterioridad a este hecho, expone ya importantes ideas acerca del papel de las masas populares en la historia, resultado de su quehacer político tanto en el plano nacional, como en el escenario latinoamericano, que mostraban ya un pensamiento renovador y profundamente revolucionario.

Su experiencia vivida en 1948 –con apenas 21 años de edad y siendo aún estudiante universitario–, durante los acontecimientos en Bogotá, Colombia, a raíz del estallido por el asesinato del entonces político progresista de ese país, Jorge Eliécer Gaitán, influyó significativamente en sus concepciones acerca de los pueblos explotados y oprimidos y, sobre todo, de la necesidad de la preparación, la organización y la dirección de un movimiento popular. Al respecto, años después el propio Fidel expresa: “Yo diría que la influencia más grande fue en la estrategia revolucionaria de Cuba, la idea de educar al pueblo durante nuestra lucha”. Y más adelante afirmaba: “la experiencia de Bogotá me hizo identificarme más con la causa de los pueblos […]. Creo que influyó notablemente en mí desde el punto de vista de mis sentimientos revolucionarios […], me quedé con el dolor del pueblo explotado, me quedé con el dolor del pueblo ensangrentado, me quedé con el dolor del pueblo derrotado; y me quedé con la impresión de lo que puede hacer el imperialismo, de lo que puede hacer la oligarquía, de lo que pueden hacer las clases reaccionarias y, sobre todo, me quedé con el dolor de la traición”.

Expresión de ello es que su proyecto político inicial para llevar a cabo la revolución social en Cuba concebía, en primer plano, la preparación e instrucción del pueblo, pues partía de la convicción de que solo con la movilización y el apoyo resuelto de éste podría lograrse tal objetivo. Sin embargo, el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, con el cual se desvanecían las aspiraciones populares de lograr importantes conquistas democráticas, reforzando aún más la política neocolonial y agudizando en extremo las ya precarias condiciones en que vivía el país, lleva a Fidel a modificar su concepción táctica y optar por la lucha armada, bajo el presupuesto de que, en esas nuevas condiciones, el factor subjetivo (conciencia del pueblo) podría lograrse durante el propio proceso de lucha revolucionaria, lo que constituiría un importante aporte a la teoría revolucionaria mundial.

“Nosotros entendemos –afirmaba– que es necesario el cumplimiento de un requisito, que es el triunfo de las ideas revolucionarias en las masas, no en todas las masas, sino en una parte suficientemente amplia. Esto no quiere decir que la acción deba esperar el triunfo de las ideas […] Si nosotros hubiésemos tenido esa concepción, jamás habríamos iniciado un proceso revolucionario. Bastó que las ideas tuviesen fuerza en un número suficiente de hombres para iniciar la acción revolucionaria; y, a través de la acción, las masas fueron adquiriendo esas ideas, y las masas fueron adquiriendo esa conciencia”.

Como subrayara Raúl, el asalto al Moncada no fue una acción a espaldas de las masas, sino para conse-guir los medios con que armar a las masas y movilizarlas a la lucha armada. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

En documentos tan importantes como Revolución no, zarpazo, Yo acuso, Al tribunal de urgencia y Recuento crítico del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), todos previos a las acciones del Moncada, aparecen también importantes consideraciones teóricas, que aportan elementos clave de la concepción de Fidel Castro acerca del pueblo.

En el primero de los documentos citados, denunciando el Golpe de Estado, Fidel sentencia: “No es felicidad, es luto y tristeza lo que siente la nación frente al trágico panorama que se vislumbra. Nada hay tan amargo en el mundo como el espectáculo de un pueblo que se acuesta libre y se despierta esclavo”. Aquí se devela la identificación que establece Fidel entre Pueblo y Nación, a partir de una concepción amplia acerca del pueblo como unidad estratégica de diversos sectores, capas y clases sociales oprimidas por el sistema, capaces de armarse de profundas convicciones y principios, y por ellos unirse, luchar e incluso hasta morir, además de establecer la diferenciación entre opresores y pueblo, lo que va delimitando el campo social de cada uno.

Esta concepción queda expresada también en Yo acuso, cuando alerta: “a Cuba le queda un solo camino: el sacrificio, la inmolación en aras de sus amadas libertades”.

Singular importancia adquiere, en este sentido, el análisis realizado por Fidel en Recuento crítico del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), con motivo de la crisis que tuvo lugar en la dirigencia de dicho partido luego de la muerte de Eduardo Chibás, con su lógica expresión en la masa que conformaba o confiaba en tal organización política. Sus ideas renovadoras quedan expuestas aquí, cuando afirma: “Para los que tengan fe ciega en las masas, para los que crean en la fuerza irreductible de las grandes ideas, no será motivo de aflojamiento y desaliento la indecisión de los líderes, porque esos vacíos son ocupados bien pronto por los hombres enteros que salen de las filas. […] La Revolución abre paso al mérito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte”.

Estas reflexiones adquieren gran relevancia y definen lo que Fidel entiende por pueblo, el papel que a este le asigna en estos momentos cruciales de nuestra historia, develan, sobre todo, la esencia martiana y marxista de su pensamiento, pues al decir de él mismo: “Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo”.

Es por ello que, apartado de todo dogmatismo y en correspondencia con la realidad nacional, había llegado a la conclusión de que el lugar cimero, el carácter de la nueva Revolución que se gestaba debía corresponder a la ya existente clase obrera cubana, armada de una ideología revolucionaria, en estrecha alianza con los campesinos y las capas medias de la sociedad, capaces de arrastrar tras de sí a los sectores más atrasados y humildes del pueblo, portadores todos de nuevos intereses sociales y económicos.

El compañero Raúl Castro, en ocasión del VIII aniversario del 26 de julio, refiriéndose al carácter de la acción armada que, concebida y dirigida por Fidel, desembocó en los hechos del Moncada, expresó: “no se trataba de organizar una acción a espaldas de las masas, sino de conseguir los medios para armar a las masas y movilizarlas a la lucha armada; […] de iniciar la acción revolucionaria para llevar el pueblo al poder”, lo que devela otra idea esencial en el pensamiento del Comandante en Jefe: la constitución del pueblo revolucionario en un destacamento armado, como única garantía de la toma y mantenimiento del poder y, posteriormente, como baluarte de la defensa de las conquistas de la Revolución.

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“Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos” (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Momento esencial de la dimensión del pensamiento de Fidel acerca del pueblo y su papel en la lucha revolucionaria, lo constituye la definición expuesta en La historia me absolverá, donde se reafirma la consecuente defensa del derecho de las masas a ser independientes y soberanas, así como la delimitación estructural de dicho concepto, a partir de aquellas clases, grupos y sectores sociales que, por su condición y situación, fueran capaces objetivamente de integrarse a la lucha revolucionaria como múltiple y potente sujeto del cambio.

“Cuando hablamos de pueblo –expresa en el alegato de autodefensa– no entendemos por tal a los sectores acomodados y conservadores de la nación, a los que viene bien cualquier régimen de opresión… Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre”.

Esta determinación, que excluía a la burguesía y a los terratenientes, no puede ser interpretada como una visión política estrecha o sectaria de Fidel, pues es preciso notar, por un lado, que en ella se especifica el fenómeno de “lucha” como indicador clave en la distinción, y por otro, que la acotación estructural que hace estaba basada en los objetivos de la lucha y del nuevo proyecto social a construir desde el poder. La revolución que se gestaba debía tener un carácter eminentemente popular a partir de los intereses más genuinos de los sectores humildes y explotados de la sociedad cubana. Ello quedaría reafirmado durante el discurso pronunciado el 27 de noviembre de 1960, en homenaje a los estudiantes de medicina fusilados en 1871, cuando Fidel define la Revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”. Este calificativo estratégico y programático lo reiteraría posteriormente el 16 de abril de 1961, en ocasión de la histórica declaración del carácter socialista de la Revolución.

La definición del concepto de Pueblo en La historia me absolverá adquirió un gran significado no solo por su contenido estructural, sino, además, por su impacto en la conformación de la conciencia necesaria como parte del proceso formativo de las masas populares como protagonistas del cambio que se promovía, pues al exponer el panorama socio–económico del país como padecimientos a resolver, estaba aportando el contenido real del proyecto social a desarrollar a partir de la toma del poder, en cuyo empeño el apoyo consciente del pueblo era decisivo.

Una lectura detallada del Programa del Moncada devela, en toda su extensión, la dimensión eminentemente humanista de la concepción de Fidel Castro acerca del pueblo, que complementan el contenido mismo del concepto, al identificar a este como “el que está sufriendo la opresión más cruel e inhumana de toda su historia”.

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“¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad!”. (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

Asimismo, queda implícito el papel de las masas como protagonistas del cambio, tanto en el proceso de la lucha por la toma del poder, como en las posteriores transformaciones revolucionarias una vez lograda la independencia política, cuando se plantea: “Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos”, para más adelante sentenciar que “los pueblos cuando alcanzan las conquistas que han estado anhelando durante varias generaciones, no hay fuerza en el mundo capaz de arrebatárselas”, pues “los pueblos se cansan”.

De ahí que revelara, como culminación del concepto, que a ese pueblo sufriente, pero apto y capaz de luchar y conquistar su verdadera emancipación, le iba a decir: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad!”.

Por último, es preciso destacar una cualidad en extremo importante del líder histórico de la revolución cubana, que se manifestaría desde entonces y a lo largo de toda su vida como dirigente político y que le permitió trazar metas, tácticas y estrategias, con una plena confianza en el apoyo y la participación de las amplias masas populares. Se trata del conocimiento preciso de las particularidades de nuestro pueblo, identificándose con su manera de pensar, sentir y actuar, redundando todo ello en un profundo amor hacia el mismo.

En este sentido, en La historia me absolverá afirma: “Los pueblos poseen una lógica sencilla pero implacable, reñida con todo lo absurdo y contradictorio, y si alguno, además, aborrece con toda su alma el privilegio y la desigualdad, ese es el pueblo cubano”, para finalmente concluir: “Mi lógica es la lógica sencilla del pueblo”

*Doctor en Ciencias Filosóficas. Investigador del Centro Fidel Castro Ruz

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Fuentes utilizadas

Los libros La historia me absolverá, de Fidel Castro; Fidel y el Bogotazo, de Arturo Alape, Un encuentro con Fidel, de Gianni Miná; Cuba: los protagonistas de un nuevo poder, de Marta Harnecker; La prisión fecunda, de Mario Mencía; Cien horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, y En marcha con Fidel, de Antonio Núñez Jiménez. El Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. La compilación Moncada, antecedentes y preparativos. El folleto Nada podrá detener la marcha de la historia, de Fidel Castro.

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 95 aniversario del nacimiento de Fidel)

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Redacción Digital

 
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