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Publicado el 13 Agosto, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Historia
 
 

INFANCIA

Quien tanto hizo por los niños

En Cuba nada es más importante que la infancia. El Comandante en Jefe nos legó ese principio de amor
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En julio de 1988 visita el círculo infantil Los Abelitos, en Santiago de Cuba. (Jorge Valiente-Casa Editorial Verde Olivo)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La grandeza es proporcional al tamaño del que mira; para un niño un adulto siempre será como esos molinos de viento que Don Quijote comparaba con gigantes. Un niño puede darle a una persona mayor o bien su cariño o bien su temor, en dependencia de cómo lo traten. José Martí amó entrañablemente a su “Ismaelillo”, extensión de todos los niños por los que armaba “la Guerra necesaria” contra el colonialismo. En el caso de este texto, esta reportera de Bohemia remontará su mirada hacia un hombre enorme en toda su dimensión conceptual y práctica: Fidel.

Lo conocí en 1973, durante su visita a Hanói, poco antes de que la saña imperialista se cebara sobre la capital vietnamita con sus B-52. Después de esos ataques no hubo otro remedio que evacuarse. Los padres se quedaron firmes en sus puestos, mujeres y niños dejamos atrás una cotidianidad serena, detenida en el tiempo, ahora historia contada –al menos por mí– una y mil veces. Porque eso tienen las historias conmovedoras.

No he vuelto a reencontrarme con mis amiguitos de entonces, Haydée y su hermano, hijos del agregado militar; ni con Vicentico, hijo del “clavista”, y pienso que tanto ellos como mi hermano tenemos al Fidel de 1973 como alguien propio. Sabido es que la memoria selecciona y que los acontecimientos son atesorados de diferentes maneras, mas hay una circunstancia irrebatible: Fidel es inolvidable. Volvimos a verlo algo rotos, con muy poco, pero vivos. Nada hay más grande que la vida. Esto lo supimos prematuramente con ocho y diez años. Abajo, en los refugios de la embajada cubana en Hanói –quién recuerda ahora cuántos metros bajo tierra– estábamos protegidos contra las bombas yanquis y logramos pasar del miedo al patriotismo, con el himno nacional y la bandera cubana como extensión de Cuba en aquel Viet Nam agredido.

El sonido de una bomba al caer sigue doliendo en nuestra memoria; tampoco se olvida la exhortación familiar a sentirnos orgullosos de ser cubanos. Quizá por esa enseñanza a Fidel siempre lo he sentido “mío”. Al regreso él nos esperaba en “casa” con la sensibilidad característica de un revolucionario, que protege a la infancia, renacida en derechos después de 1959.

Una tarde a mamá le llegó una invitación, donde se nos notificaba que estuviéramos listos, pues pasarían a recogernos. Y de nuevo la percepción del punto desde el que se mira. Desde la altura de sus botas de soldado hasta la “sierra” de su gorra verde, ahí estaba de nuevo y, en un gesto de inusitada ternura para un jefe de Estado, dobló su cuerpo hasta nuestras pequeñas estaturas y nos habló bajito: “¿Cómo están, cómo se sienten, tuvieron miedo, dejaron sus juguetes y los libros?”. Al principio, al menos yo, estaba boquiabierta. Lo veía desmesurado en lo físico, sabiendo que en otras cosas también lo era, porque en mi familia se hablaba de él teniendo sus palabras como orientación y alegría de porvenir.

Apenas recuerdo qué le respondimos, ni dónde nos sentamos, ni qué nos brindaron. Lo que sí rememoro como si fuera hoy es que Fidel, casi al despedirnos, con esa pícara sonrisa que tanto le conocimos –a despecho de la demonización que se cernía sobre su figura en los principales medios de prensa del mundo– nos dijo que, por ser buenos, nos tenía un regalo: ser bienvenidos como pioneros en un nuevo campamento en el Parque Lenin. “¿Les gusta el Parque Lenin, ¿verdad? Allí ustedes compartirán con niños de otros países y a ese lugar le llamaremos Volodia”, expresó.

Enseñanza de ser fuertes
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El Programa de Inmunización protege contra 13 enfermedades a la población infantil en la Cuba socialista. (UNICEF Cuba-2019-López˗Fesser)

Conservo el ambiente festivo, el verdor del paisaje, las tiendas de campaña donde dormiríamos, la fogata de noche, los niños angolanos y soviéticos, y un acto con todos nosotros donde Fidel nos habló como uno más del grupo. ¿A nuestra altura? No, él nos elevó a la suya. Mentiría si asegurara que conservo sus palabras.

Por eso he debido buscar su discurso para traerlo de vuelta como regalo póstumo en su cumpleaños 95, en 2021. Quien ha estado un momento en su cercanía conoce cómo se le puede llegar a querer o, por el contrario, cómo se le odiará en similar magnitud: del lado del amor está Cuba y su pueblo; allá “enfrente”, los yanquis siguen intentando desmontar su ejemplo.

Del 6 de julio de 1974 retomo alguna de sus ideas y utilizo la transcripción del Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario: “El acto era a las 5:00; nosotros llegamos como cinco minutos antes. Pero a las 5:00 en punto, cuando empezaba el acto, llegó también el agua; no se retrasó ni un minuto. A pesar de todo, el acto pudo comenzar y Aldo pudo pronunciar su discursito y presentó a todos los destacamentos, cuando ya empezó a llover más fuerte. Y les aseguro que hace mucho tiempo que yo no veía unas gotas de agua tan gordas. Eran así (Gesticula), y todos nos mojamos un poquito”.

“[…] ¿Acaso nosotros podíamos renunciar al acto de esta tarde? (Exclamaciones de: ¡No!) ¿Podíamos renunciar a este fraternal encuentro con los pioneros? (Exclamaciones de: ¡No!) ¿Acaso nos íbamos a dejar vencer por la naturaleza? (Exclamaciones de: ¡No!) ¿Acaso nos íbamos a dejar vencer por una agüita que estaba cayendo, aunque las gotas fueran de este gordo (Gesticula)? (Exclamaciones de: ¡No!) ¡De ninguna manera! El hombre no se puede dejar vencer por la lluvia, el hombre no se puede dejar vencer por la naturaleza, ¡el hombre no se puede dejar vencer por las dificultades!”.

Y prosiguió Fidel: “Habría sido verdaderamente doloroso y lamentable que no hubiéramos podido reunirnos. Es verdad que llovió, es verdad que nuestros planes se alteraron algo, pero, sin embargo, hubo una cosa que no pudo alterar nada, y es este ambiente de fiesta, la alegría de esta tarde y la felicidad de este encuentro con ustedes (Aplausos). Y el programa se ha cumplido”.

Por mi parte he olvidado ese aguacero. Lo que llevo como alfileres prendidos es su consejo a la perseverancia: Con ese espíritu hemos crecido millones en esta Isla, cercada todavía por el bloqueo estadounidense, peor que los habituales ciclones que cada temporada nos llegan. ¡Y aquí seguimos!

Proverbial modestia
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Ayuda solidaria a los niños víctimas del accidente de Chernóbil en el campamento de Tarará, en Cuba. (granma.cu)

“Yo quiero, en primer lugar, darles las gracias de todo corazón por ese altísimo honor que ustedes me confirieron en la tarde de hoy al entregarme esta espléndida estrella que es la distinción del 4 de abril (Aplausos). Y en ocasión de la entrega de la distinción, Susana pronunció en nombre de todos ustedes palabras muy bellas. Y yo me preguntaba si realmente me merecía esta distinción (Exclamaciones de: ¡Sí!)”.

Nueva enseñanza del Comandante en Jefe, cincelada en piedra: la vanidad solo obnubila, ciega al portador de méritos cacareados. La modestia de Fidel ha sido cantada. Los que tenemos el privilegio de ser parte de la Cuba contemporánea sabemos que el líder, ese tan cariñoso en el Campamento Volodia, fue el mismo que saltó de un tanque en la batalla de Playa Girón y el que posó para una foto allá en el Paralelo 17, en plena agresión imperialista contra los hermanos vietnamitas. Ese fue su actuar diario.

Aquel 6 de julio, de 1974, Fidel también manifestó a propósito de los héroes: “Pensaba en ellos y en que el esfuerzo de todos ellos, el sacrificio de todos ellos –los que murieron en las primeras guerras y los que murieron en la última guerra por nuestra liberación, y los que murieron defendiendo la Revolución–, hicieron posible la Cuba de hoy, la libertad de hoy y la felicidad de hoy; y que, por tanto, esa distinción ustedes la pusieron en mi pecho como un reconocimiento a todos esos cubanos y que yo la recibía en nombre de ellos, y que hacia ellos dirigían ustedes su reconocimiento y su gratitud. Fue para mí un momento verdaderamente emocionante, que me hace sentir el deseo, la voluntad y la determinación de seguir trabajando y de seguir luchando junto a todo el pueblo para que nuestra patria marche adelante, para que nuestra juventud se desarrolle, para que nuestra niñez crezca y se eduque, para que las futuras generaciones tengan cada vez una patria más hermosa y una patria más feliz (Aplausos)”.

Revolución en el pecho

¿Por qué continuamos siendo millones los agradecidos?, ¿por qué tantos y tantos nos oponemos a los intentos de golpe suave? La justeza cala y podrán desdibujarse las palabras, los gestos. Lo que permanece es el espíritu aprendido. Fidel lo afirmó categóricamente en el Campamento Volodia: “La Revolución no ha concluido. La Revolución está en marcha. Y en el día de mañana son ustedes los que tendrán que llevar adelante nuestra Revolución (Aplausos). Y yo sé que ustedes aman la Revolución (Exclamaciones de: ¡Sí!). Y la Revolución es obra de generaciones pasadas, de generaciones presentes y de generaciones futuras (aplausos). Algún día serán ustedes los que trabajen en nuestras fábricas (aplausos), los que enseñen en nuestras escuelas (aplausos), los que defiendan la salud en nuestros hospitales (aplausos), los que construyan las futuras edificaciones (aplausos), los que crean nuevas fábricas y centros de trabajo (Aplausos); en un futuro serán ustedes los atletas que defiendan los triunfos de Cuba (aplausos); serán ustedes los que guiarán el país (aplausos); serán ustedes los que lleven nuestra sociedad hacia adelante (aplausos); serán ustedes los que lleven a nuestro pueblo hacia el comunismo (aplausos). Y para eso hay que prepararse, para eso hay que estudiar, para eso hay que ser aplicados, hay que esforzarse, hay que ser disciplinados”.

Surge un día: el de los niños en Cuba
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(granma.cu-RadioCumanayagua)

Ese discurso de Fidel Castro Ruz frente a los pioneros, frente a esta reportera, debería algún día ser parte de los planes de estudio en nuestras escuelas, mas no en una repetición aburrida, sino amena y tan jovial como ese gigante que combinaba dotes de pedagogo y psicólogo siempre creador. No obstante, por una cuestión de espacio es ahora imposible reproducirlo completo aquí. Bohemia ha escogido tan solo algunos fragmentos ilustrativos de su magisterio.

“Una sola cosa me falta para terminar, un problemita que quiero discutir con ustedes. Vamos a ver si le encontramos una solución. Es un problema que creo que lo podemos resolver. Es verdad que se acabaron las clases y no estamos en exámenes, pero vamos a ver si ustedes nos ayudan a resolver este problema. ¿Creen que nos puedan ayudar a resolverlo? (Exclamaciones de: ¡Sí!) Les voy a explicar: antes, el Día de los Niños era el 6 de enero, ¿lo recuerdan? (Ya ahorita nos habremos olvidado de eso, eran tradiciones viejas) Pero no era la época de vacaciones, los niños estaban en clases; no era el mejor período del año para el Día de los Niños y para los juguetes, para divertirse.

“Entonces la Revolución tomó una decisión: Vamos a cambiar la fecha, vamos a ponerla en julio. ¿Pero qué día de julio? Dijimos: Bueno, como era el 6, vamos a ponerla el 6 de julio. ¿Pero saben lo que hemos descubierto? Que nos equivocamos al escoger la fecha. ¿Qué les parece? Y ustedes dirán que por qué. Les voy a explicar, les voy a explicar, a ver si ustedes me comprenden. Escogimos el 6 por tradición; hubiéramos podido escoger el 15, el 16, el 20, pero como se parecía a la otra fecha… Pero ¿qué ocurre? Que estas cosas no las tuvimos muy bien en cuenta: las clases empiezan el primer lunes de septiembre y se terminan los primeros días de julio […]”.

“[…] ¿Cuál solución podría ser mejor? (Exclamaciones de: ¡El tercero!) ¡Ah!, ¿qué me están diciendo por ahí? Una cosa muy inteligente (Exclamaciones de: ¡El tercero!). iAh!, ¿el tercer domingo? (Exclamaciones de: ¡Sí!). “[…] Pues, no hay problema. ¡Esa sí que es una buena solución! (Aplausos) ¡Cuando yo decía que estos muchachos son muy inteligentes! Entonces, ustedes están proponiendo un tercer domingo de julio que sea el “Día de los Niños”, que sea un domingo, y caerá en plenas vacaciones. Las madres estarán con los hijos (Exclamaciones de: ¡Sí!), los exámenes habrán pasado (Exclamaciones de: ¡Sí!), estaremos en plenas vacaciones (Exclamaciones de: ¡Sí!). ¡Esa sí que es una buena solución! Si nosotros lo hubiéramos discutido con ustedes antes, habríamos encontrado la mejor solución (Aplausos). ¡De verdad!

“Como ustedes aquí están representando a todos los pioneros de Cuba, si ustedes están de acuerdo, nosotros les proponemos al Partido y al Gobierno Revolucionario que seamos valientes y hagamos este cambio, ¿verdad? (Exclamaciones de: ¡Sí!) Porque para hacer cambios hay que tener valor de hacer cambios, ¿no? (Exclamaciones de: ¡Sí!) No tenemos por qué seguir con las cosas cuando estén equivocadas, ¡hay que rectificarlas y arreglarlas! (Exclamaciones de: ¡Sí!).

“[…] Entonces, los que estén de acuerdo, que levanten la mano (levantan las manos). ¡Correcto! Por unanimidad vamos a proponerles al Partido y al Gobierno revolucionario el cambio: en vez del 6, el tercer domingo de cada mes de julio (Exclamaciones y Aplausos). Y con eso, el ‘Día del Niño’ se acerca al 26. Estará todo el mundo alegre, todo el mundo feliz, todo el mundo de fiesta”. […] Bueno, entonces, nuestro próximo encuentro será el tercer domingo del próximo mes de julio seguramente (Exclamaciones). Muchas gracias. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos! (Ovación).”

Ahí están las estadísticas, las imágenes de dos épocas contrapuestas. Y es verdad: todavía –en ese capricho de las perspectivas–, los padres, los mayores, los maestros, todos son más altos, más fuertes, más gruesos… a partir de la mirada infantil. Pero el niño cubano de este siglo XXI no es un ser disminuido, es un pequeño gigante. ¡Gracias a ti, Fidel!

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 95 aniversario del nacimiento de Fidel)

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