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Publicado el 14 Agosto, 2021 por María de las Nieves Galá León en Historia
 
 

Siempre confió en la mujer

Fidel comprendió desde muy temprano que las cubanas eran imprescindibles en cada una de las batallas sociales, culturales y educacionales que se libraban en el país
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Fidel junto a Vilma Espín durante la constitución de la FMC, surgida de la unidad de todas las organizaciones femeninas existentes en el país. (Foto: Sitio Fidel soldado de las ideas)

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

El día en que el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz tomó la decisión de crear el Pelotón de Mujeres en el Ejército Rebelde, algunos compañeros se pusieron furiosos, no les gustaba esa idea. “Cómo se les va a dar fusiles a las mujeres, si hay hombres desarmados”, dijeron. Así lo escuchó la hoy general de brigada Delsa Esther Puebla Viltre, Teté, y así lo confesó en entrevista al desaparecido periodista Luis Báez. “Desconfiaban de nuestra capacidad combativa”, expresó ella.

La combatiente recordó que durante una reunión de siete horas, celebrada en el hospital de La Plata, Fidel habló con los rebeldes: “Les dijo que éramos mejores soldados que ellos. Como prueba de su confianza nos designó su guardia personal. Nos entrenó, enseñó a tirar. Llegamos a partir una peseta a 50 metros. Nos entregó fusiles M-1.

“Después cada vez que llegábamos a algún sitio la gente decía: ‘Llegaron Las Marianas, ahí está el Comandante'”.

La anécdota, contada por Teté Puebla en el libro Secretos de generales, da la medida de la confianza que siempre tuvo el Comandante en Jefe en las mujeres cubanas. Ya en los preparativos para las acciones del 26 de julio de 1953 el líder había dado prueba de esa fe. Haydée Santamaría Cuadrado y Melba Hernández Rodríguez del Rey, vinculadas desde los inicios en el movimiento, participarían en el asalto al cuartel Moncada.

Cuando se profundiza sobre la presencia femenina en la lucha clandestina y en la Sierra Maestra, surgen muchos nombres, incluso familias en las que todas las hermanas, también las madres, participaron de una manera u otra en la gesta. Fidel tenía conciencia de lo que ellas significaban, por ello no dudó en darles responsabilidad.

Como de la noche al día
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La creación de los círculos infantiles hace 60 años propició que las mujeres pudieran incorporarse al tra-bajo. (Foto: AGUSTÍN BORREGO)

Al triunfar la Revolución el 1o de enero de 1959, la realidad de las cubanas era triste. De acuerdo con censos (no muy confiables según expertos) “trabajaban unas 194 000 mujeres, la mayoría como maestras, enfermeras, obreras del tabaco o la aguja. Eran las peor remuneradas. Representaban alrededor de 12 por ciento de la fuerza laboral, con o sin salario”. Por otra parte, unas 100 000 ejercían la prostitución.

“Las mujeres estaban entre los sectores más discriminados y explotados de la sociedad; destinadas, por ancestrales conceptos, a ser esposas ejemplares; subordinadas a los deseos de su pareja, a ser buenas madres, siempre atentas a los requerimientos del hogar; hacendosas, obedientes, al servicio de las necesidades de la familia”, resumió Yolanda Ferrer, quien se desempeñó como Secretaria General de la FMC durante años, en entrevista publicada el 23 de octubre de 2020, en Cubadebate.

Como de la noche al día empezaron a ocurrir las transformaciones: se abrieron las puertas para un cambio radical, en el que habría que sortear los obstáculos de años de discriminación y desigualdades impuestas por siglos de una cultura eminentemente machista y patriarcal.

La necesidad de una organización que representara a las mujeres se hizo evidente. De acuerdo con Vilma Espín Guillois, cuando el 23 de agosto de 1960 se creó la FMC, esta “existía hacía bastante tiempo, pues ya tenía sus bases constituidas y sus elecciones hasta nivel nacional”. Sin embargo, ellas querían que Fidel presidiera el acto fundacional. Fue en ese encuentro que se decidió el nombre, sugerido por el propio Comandante en Jefe.

En el discurso pronunciado en esa ocasión, Fidel vislumbraba ya el alcance de la organización femenina y argumentaba: “Y ahora, a trabajar, a organizar y a poner en actividad el espíritu creador, el entusiasmo de la mujer cubana, para que la mujer cubana, en esta etapa revolucionaria, haga desaparecer hasta el último vestigio de discriminación; y tenga la mujer cubana, por sus virtudes y por sus méritos, el lugar que le corresponde en la historia de la patria”.

El despertar tuvo sus resultados. Con entusiasmo, las cubanas se integraron a las Milicias Nacionales Revolucionarias, las campesinas de la Sierra Maestra llegaron a la ciudad para prepararse en los talleres de corte y costura; muchas, casi adolescentes, participaron en la campaña de alfabetización, en tanto otras fueron alfabetizadas; cientos de jóvenes fueron rescatadas de la prostitución, a unas se les dio empleo, a otras se les puso en escuelas de oficios o en centros se reeducaron.

Muchas se impusieron a los prejuicios de los esposos, de padres y hermanos, defendieron el derecho de trabajar y apoyar a la familia, pero no todas pudieron superarlos.

Las políticas sociales impulsadas por el Gobierno respaldaban esos esfuerzos: se construyeron círculos infantiles, internados, comedores obreros, entre otras facilidades para que la mujer pudiera incorporarse al trabajo.

Algunos estudiosos del tema hacen referencia al discurso pronunciado por el Comandante en Jefe en 1966, durante la clausura de la V Plenaria Nacional de la FMC, celebrada en el estadio Sandino de la ciudad de Santa Clara. En esa oportunidad, él planteó que “este fenómeno de las mujeres en la Revolución era una revolución dentro de otra revolución”.

Refirió, además, que en los años transcurridos ellas habían dado lecciones y confesó: “…creo que todos nosotros teníamos muchos prejuicios con relación a las mujeres”. Más adelante, subrayó: “A nosotros nos parece que las mujeres tienen todavía que luchar mucho, que las mujeres tienen que esforzarse mucho para llegar a alcanzar el lugar que realmente deben ocupar dentro de la sociedad”.

Acompañamiento necesario
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Las mujeres tienen un papel destacado en la labor científica. (Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIA)

Si bien en los primeros años la lucha fue para que la mujer se incorporara al trabajo, en las décadas restantes la batalla ha sido para que ocupen puestos en la toma de decisiones. En ese acompañamiento fue significativo el reconocimiento en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, en 1975, de la plena igualdad de la mujer, así como la aprobación del Código de Familia, en 1975; la Constitución de la República, en 1976, con un capítulo dedicado a la igualdad. Importante fue la aprobación, en 1997, del Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la IV Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing, China.

Poco a poco las cifras se transformaron. Según datos ofrecidos en marzo del presente año por la ministra del Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, 78 por ciento de las cubanas está ocupada en el sector estatal: en Salud representan 69 por ciento, en Educación 68, en Deporte 43, también en Cultura 43 y en ciencia e innovación tecnológica 49 por ciento de la fuerza laboral.

Al decir de la eterna Presidenta de la FMC, Vilma Espín, “el mito del ‘sexo débil’ se ha hecho trizas ante la realidad de una fémina que no ha vacilado en ocupar las trincheras de combate junto a los hombres, que no ha escatimado esfuerzos en cada una de las tareas acometidas por nuestro pueblo en el complejo camino de su desarrollo”.

Aún quedan retos y desafíos que no se pueden vencer a través de una Ley, van más allá, están muy ligados a los signos del ancestral machismo que aparece como un fantasma, a veces pueden influir en la realización plena de las mujeres tanto en la vida familiar como social.

El proyecto social cubano sigue apostando por la equidad de género como un principio imprescindible en la construcción del socialismo.  Consecuente con esas ideas, en fecha tan especial como el 8 de marzo de 2021, se aprobó el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres. De acuerdo con Teresa Amarelle Boué, secretaria general de la FMC, este “centra su atención en los desafíos actuales y pretende, como objetivo fundamental, continuar promoviendo el avance de las cubanas en medio de todas las transformaciones sin que se produzcan retrocesos en lo logrado hasta ahora”.

En cada uno de sus logros, en la científica que habla con orgullo de los candidatos vacunales contra la covid-19; en la deportista que regala triunfos a la patria; en la agricultora que lidera una cooperativa; en la doctora que cumple misión internacionalista está la impronta del pensamiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz que supo desde siempre que la Revolución podía contar con la mujer cubana.

(Este artículo pertenece a la Edición Especial de Bohemia (impresa) en homenaje al 95 aniversario del nacimiento de Fidel)

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María de las Nieves Galá León

 
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