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Publicado el 21 Septiembre, 2021 por ACN en Historia
 
 

Congreso Campesino en Armas: a las puertas de un mundo nuevo

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Congreso Campesino en Armas

Congreso Campesino en Armas. Foto: archivo

Por Martha Gómez Ferrals 

Cuentan paisanos de aquel tiempo, que una valla de gallos y un bar con salón de baile eran los únicos sitios de recreo en el recóndito enclave de Soledad de Mayarí, donde se celebró el bravío Congreso Campesino en Armas, el 21 de septiembre de 1958, en predios liberados por la Columna Frank País, del II Frente Oriental del Ejército Rebelde.

El Comandante Raúl Castro, por entonces con 27 años, encabezó junto a dirigentes campesinos aquel cónclave singular que esencialmente preconizó la unidad, no solo entre los hombres y mujeres de la campiña, sino con el ejército popular que había comenzado a pelear desde el dos de diciembre de 1956, en el corazón de la Sierra Maestra.
En días del Congreso agrario las fuerzas guerrilleras, fortalecidas entre otras razones por una membresía de origen rural, desplegaban un empuje indetenible que las llevarían a extenderse por todo el país, hasta alcanzar el triunfo de la Revolución.

No es un secreto para nadie que durante la dictadura de Batista se habían recrudecido los desalojos, arrebatos de tierras y otros abusos, en beneficio de terratenientes y compañías yanquis como la Guantánamo Sugar Company y United Fruit Sugar Company.

Represión, despojos de derechos elementales y asesinatos eran parte del día a día, en tanto la niñez y la juventud rurales vivían mayoritariamente en el desamparo y la pobreza extrema, junto a sus paupérrimas familias, condenados al analfabetismo, subescolarización e insalubridad, a una baja esperanza de vida, sin futuro a las puertas.

Lo más espeluznante no era, entonces, la carencia de lugares de recreo antes citada, sino el drama real de la existencia antes descrita que sólo una Revolución de verdad empezaría a cambiar muy pronto.
Pero en aquellos parajes de naturaleza feraz y vida dura latía la semilla sembrada en tierras orientales por las luchas campesinas encabezadas por Niceto Pérez, en la década del 40, al precio de su vida. Y pervivían historias del heroísmo del mambisado en las “selvas del Mayarí”. Más que una leyenda.

Un germen que fructificó con la llegada en marzo de ese año de la avanzada que extendió el accionar combativo rebelde en esos lares y comenzaron a organizarse los primeros Comités Campesinos Revolucionarios, aupados en un Comité Regional, alentado- además- por la inspiración y asesoramiento del joven Raúl Castro.

El histórico Congreso del 21 de septiembre reunió a más de 200 campesinos de las zonas de Mayarí Arriba, hoy perteneciente a la provincia de Santiago de Cuba, y también de Alto Songo, San Luis, Sagua de Tánamo, Banes, Antillas, Guantánamo, Yateras y Baracoa.

Raúl Castro en el Congreso Campesino

El Comandante Raúl Castro, por entonces con 27 años, encabezó junto a dirigentes campesinos aquel cónclave singular. Foto: archivo

En el informe presentado por el líder campesino José Ramírez Cruz, se hizo un análisis de la situación económica, política y social en los campos cubanos, se reforzó el espíritu de unidad con el pueblo, los rebeldes y la clase obrera, y la necesidad de una Reforma Agraria, que iniciaría una transformación profunda de la vida en el campo, luego del triunfo revolucionario que los presentes se comprometieron a ayudar a alcanzar.

Entre los participantes se encontraba la destacada dirigente del M-26-7, en Santiago de Cuba, Vilma Espín Guillois, en aquel momento una combatiente más del II Frente Oriental.

Raúl Castro dijo entonces: “En el día de hoy está creciendo, está gestándose, está naciendo la revolución agraria, que ha de echar las bases de la verdadera Revolución Cubana”. Y anunció que la Revolución por venir era impensable sin una Reforma Agraria.

En julio de 1958 se había constituido el Comité Regional Agrario, presidido por Pepe Ramírez, que agrupaba a campesinos y trabajadores agrícolas de todos los municipios de la zona, quienes demostraron gran interés por sus vindicaciones y por brindar colaboración y apoyo a los rebeldes.

Fue el propio movimiento campesino quien propuso a la Comandancia General del Frente la celebración de un congreso. E incluso antes de este, en las faenas preparatorias ya había 84 comités agrarios, con numerosa membresía. Como preludio al cónclave se efectuaron seis grandes concentraciones de pobladores serranos, algunas hasta con un millar de involucrados.

Hoy parece increíble que semejante proeza pudiera lograrse, heroicamente, a contrapelo de las bombas y los bombardeos que lanzaba el Ejército batistiano, bastante frecuentes, de la persecución y torturas de la guardia rural y los sicarios del dictador Fulgencio Batista que hasta allí llegaban con sus manos criminales.

A pesar de que el territorio estaba controlado por el II Frente, no hubo ninguna interferencia de los combatientes en el programa y los objetivos de los dirigentes campesinos. Las elecciones fueron totalmente libres, en una reunión que duró desde las 11 am de 21 de septiembre hasta las 10.45 pm del propio día. Totalmente intensa y fecunda.

Vilma Espín no fue la única mujer, había lugareñas, acompañando a sus esposos o familiares, así como representantes de los obreros agrícolas.

El Congreso Campesino en Armas anunció y reveló el camino que había elegido tomar el campesinado cubano, fiel a sus raíces y tradiciones.

La antesala más honrosa de la Reforma Agraria y de la Revolución agraria que allí daba sus primeros pasos. Un mundo que aún hoy, a 63 años, está en constante transformación, actualización y cambios, acordes a los mandatos de la vida y los tiempos. Con apego a los principios e intereses sagrados de la Patria.

(ACN)

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