1
Publicado el 2 Septiembre, 2021 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

EXPEDICIÓN DEL THREE FRIENDS, 1896

El mambisito regresa a la manigua

Tras años de exilio con su familia, Panchito Gómez Toro se incorpora a la insurrección en Cuba
Compartir
Por su heroico comportamiento en varios combates, a Panchito Gómez Toro lo ascendieron a capitán.

Panchito Gómez Toro nació en la manigua el 11 de marzo de 1876.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Tenía poco más de un año cuando, al ser atacado el caserío insurrecto por los españoles, su madre y una nodriza tuvieron que escapar hacia el monte: Manana, la progenitora, cargando a Clemencia, su retoño más reciente; la nana –Sixta, una antigua esclava emancipada por el Ejército Libertador-, arropándolo con sus brazos.

En medio de la maleza las dos mujeres se separaron sin percatarse de ello. La ama de cría y Panchito Gómez Toro deambularon por el bosque, alejándose cada vez más de la tropa enemiga. Sixta, recordando a sus antepasados cimarrones, enrumbó por donde los peninsulares nunca se atrevían a andar.

Al saberse no perseguida, buscó una fuente de agua. Su preocupación era que al niño apenas lo habían acostumbrado a otro alimento que no fuera la leche materna. Una gallina salvaje se interpuso en el camino. El infante, con fruición, sorbió los huevos crudos que la descendiente de congos robó de los nidos. Cuando su padre, el mayor general Máximo Gómez, los rescató, el pequeño sonreía feliz como si vivir a la intemperie fuese para él lo más natural.

Pasó el tiempo. El mambisito ­­–algunos lo han llamado así porque nació en plena manigua (1876)­–, con sus padres y hermanos sufrió el exilio. Conoció a Antonio Maceo y a José Martí. Supo de primera mano la preparación de la nueva contienda, que estalló en febrero de 1895. Y mientras el Generalísimo y el Apóstol, en suelo dominicano, estaban a punto de partir hacia Cuba para incorporarse a la insurrección, Panchito le reclamó a su padre: “¿Y qué piensas hacer de mí?”. “Que te quedes”, respondió el viejo mambí. El joven replicó: “El deber me manda ir a tu lado. No es posible que yo me concrete a empujar la barca que te ha de llevar al sacrificio por la libertad de la tierra que guarda mi cuna”.

Mucho costó convencerlo para que permaneciera en Quisqueya. Solo la promesa de ser enrolado en una futura expedición logró calmarlo. La oportunidad llegó a mediados de 1896. Fue llamado a Nueva York, donde se le ordenó ponerse bajo el mando del brigadier Miguel Betancourt, quien organizaba un desembarco de hombres y armas en Cuba para finales de septiembre.

Juan Rius Rivera

Juan Rius Rivera, jefe supremo de la expedición del Three Friends. Foto: La Demajagua

Al conocer los planes del puertorriqueño Juan Rius Rivera de marchar en agosto al occidente del territorio cubano, se sumó a ellos. Aunque algunos autores señalan como fecha de la partida el 31 de agosto, en su diario de campaña el mambisito consignó que el 2 de septiembre “nos preparamos a salir por la noche”. En cuatro carretones condujeron a la gente y el equipaje por la margen izquierda del río Saint John. El amanecer del jueves 3 los sorprendió estibando municiones en la bodega del buque.

La nave en cuestión era el Three Friends y como jefes de mar figuraban el general Joaquín Castillo Duany, Charles Silva y Juan Santos, con Rius Rivera como comandante supremo de la expedición. Junto con 36 patriotas, según la versión de Gómez Toro, iban unos 1 000 rifles, mayormente mausers y remingtons, cerca de 500 000 cartuchos, un cañón neumático con 100 proyectiles; revólveres, machetes, medicamentos y otros medios destinados a la tropa de Antonio Maceo en Pinar del Río.

En la mañana partieron. Tres días después, en carta a su madre y otros familiares, Panchito describiría cómo “la alegría alumbra hoy a los rostros tostados”, a pesar de una navegación molesta causada por “lo irritado del mar y los chubascos […] La gente va hecha toda una fiesta. Levanto la cabeza y veo a un artillero, a quien le acaban de dar su mauser; lo rastrilla y le da un beso en el gatillo. Diez o doce están metidos entre los botes y conversan […] César [Salas], en un bote escribe y los bigotes se los flota el viento del mar”.

En la madrugada del 8 de septiembre el Three Friends avistó el cabo San Antonio. Desembarcaron en la caleta de María la Gorda. Panchito anotó en su diario: “se descuelga de a bordo el bote de los exploradores en cuya proa vamos César y yo rifle en mano. A las 7:30 a.m. todo el parque está en tierra y nosotros echando entre el matorral las cajas de cápsulas. Un canal [monte de palma cana] es el techo del campamento. Los rifles están en una pila tapados con pencas”.

El comandante Raúl Martí eligió al mambisito para una exploración. Desafiaron el diente de perro unas cuantas millas. Narraría el hijo del Generalísimo: “Se oye un tiro sobre un peñón que nos queda al norte, a la orilla del mar […] vimos tres, echamos el alto y responden: ‘Cuba’. Uno alante: ‘Y alto, quien va’.  ‘Cuba libre. Expedicionarios’. Dos hombres y un muchachito bajan el farallón gritando: ¡Qué hay, hermanos! ¡Viva!”.

Luego se toparon con el grueso de la tropa del general Pedro Díaz con quienes los expedicionarios marcharon hacia Los Remates, donde estaba el cuartel general del Titán. Panchito describiría en su diario: “Los pájaros cubanos chirrian sobre nuestras cabezas.

El chinchilín tiene aquí los ojos negros, hay una clase de carpinteros blancos […] Esta zona está muy escasa de prendas de vestir, pues los soldados andan todo llenos de roturas y sin zapatos. Hasta los oficiales y jefes escasean de calzado […] El camino que tenemos que andar es todo de diente de perro. Yo le he hecho a mis zapatos un forro de piel de res crudo para privarlo de las cortaduras. Llaman aquí a esa especie de pantuflas chaguala”.

El 20 de septiembre el mambisito se abrazaba con el general Antonio y conocía la hospitalidad de los campesinos cubanos que prepararon para los recién llegados un insólito festín. Pero a pesar de su apetito devorador, saciado con la abundante carne, las viandas con mojo y el aguacate, le parecieron más deliciosas las sonrisas de las hijas de Mallorga, un patriota de la zona.

Fuentes consultadas

Los libros Francisco Gómez Toro, en el surco del Generalísimo, de Gerardo Castellanos, y Panchito Gómez Toro, lealtad probada, de Abelardo Padrón; el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba.

Compartir

Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García