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Publicado el 14 Octubre, 2021 por Redacción Digital en Historia
 
 

Norma Porras, símbolo de ayer, hoy y mañana (+videos)

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Por Giraldo Mazola*

Norma Poras eyes

Foto en Youtube

No suelo cuando voy a un velorio acercarme al féretro del fallecido para ver su rostro aún en el caso de alguien que hubiera conocido bien. Las secuelas de una enfermedad dejaban generalmente una imagen de sufrimiento o desgaste impresionante.

Recuerdo la impresión negativa que me dejó el rostro de Jorge Dimitrov, el combativo comunista búlgaro -del que conservaba en mis retinas la foto combativa, indómita y viril en el juicio en que lo acusaban los nazistas de haber provocado el incendio del Reichstag, – al verlo preservado en su túmulo funerario en Sofía, ya anciano y consumido por una enfermedad implacable.

Prefiero conservar la imagen de esa o cualquier persona cuando estaba vivo y activo.

Sin embargo hoy me acerqué al féretro de mi compañera Norma Porras cuando con otros compañeros formé parte de una guardia de honor a su lado aunque sabía que sus últimos días habían sido amargos y difíciles acosada por enfermedades que se ensañaban en un cuerpo ya afectado por otras.

Me impresionó la serenidad de su rostro donde parecía expresar, sin su vivacidad habitual, cierta complacencia por haber cumplido su deber en esta vida.

Justo había arribado el día anterior a 84 años de vida intensa y protagónica. Me daba la impresión que no era una anciana, lucía rejuvenecida, casi sonreía y era agradable su cara. Como una despedida plena de satisfacción.

Con la excusa de conservarla para su hijo que arribaría después que la cremaran como fue su voluntad, le hice una foto quizá violando hábitos o costumbres. La he vuelto a ver y no me arrepiento pues cada vez me queda más claro que en efecto su rostro rejuvenecido tiene implícito un mensaje.

Al menos lo tiene para los que conocimos el origen humilde de su vida, su trayectoria valiente y combativa basada en una convicción de ser ese el único camino para conquistar toda la justicia.

Y haber llevado a cabo ese empeño durante los azarosos años de la lucha clandestina siempre en condiciones de inferioridad de recursos y medios en relación con el enemigo aunque de superioridad infinita en cuanto a convicciones y esperanzas.

Pude por una circunstancia fortuita presenciar la primera vez que Fidel Castro habló con ella a principios de 1960. Le relató que en la Sierra, conoció con dolor los detalles del desigual combate que en vísperas de la victoria sostuvieron sin rendirse y donde cayeron como héroes sus tres compañeros y ella increíblemente sobrevivió. Aludió al ascenso póstumo a Comandante de Machaco que redactó y se trasmitió por Radio Rebelde como un homenaje a todos. y concluyó diciéndole fraternalmente, estoy seguro que sigo contando contigo, y ella casi llorando le dijo, siempre, y así fue.

Por eso también me recordaba ese rostro su permanente labor en toda actividad que le asignaron, sin demandar jerarquías, ni derechos por sus previas acciones heroicas, sembrando amistades con su trato afectuoso y naturalmente solidario.

Quizá hasta evidenciando el rol que pueden jugar nuestras mujeres en cualquier circunstancia y erigiéndose así modestamente en uno de sus símbolos de ayer, hoy, y mañana.

Giraldo Mazola, Embajador de Cuba en Namibia.

 

*Giraldo Mazola, combatiente de la clandestinidad, diplomático, escritor, periodista

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