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Publicado el 6 Octubre, 2021 por Pastor Batista en Historia
 
 

Una casita pasa llorando a ser Memorial

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Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Nunca imaginaron Carlitos y su padre que esta casita familiar se convertiría, tristemente, en museo de condena al terrorismo conra Cuba

Nunca imaginaron Carlitos y su padre que esta casita familiar se convertiría, tristemente, en museo de condena al terrorismo contra Cuba

El frecuente arribo de personas que preguntan si pueden pasar al interior de la vivienda indica la manera en que a 45 años del crimen de Barbados sigue acaparando interés el único museo exclusivamente erigido en Cuba a las víctimas del sabotaje terrorista contra una aeronave de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976.

Como se conoce, dos explosivos C-4 -situados previamente por los mercenarios venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, en el contexto de una maquiavélica operación planificada, financiada y orquestada por la CIA, con Luis Posada Carriles y Orlando Bosch como cabecillas- causaron la muerte de los 73 viajeros a bordo, incluidos los integrantes del equipo cubano juvenil de esgrima, ganadores de todas las medallas durante el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe, celebrado en Caracas.

OCTUBRE TODO EL AÑO
El memorial expone información, restos del fuselaje del avión, fotos de las víctimas…

El memorial expone información, restos del fuselaje del avión, fotos de las víctimas…

La pintoresca casita de madera donde vivió Carlos Leyva González, víctima del atentado como el también esgrimista tunero Leonardo McKenzie Grant, huele a 6 de octubre desde el primer hasta el último día de cada nuevo calendario.

La había fabricado con toda la paciencia y dedicación del mundo el padre de Carlitos: uno de esos carpinteros a quienes la vida se les puede extinguir en un minuto si les faltan el serrucho y la madera.

Sin embargo, a decir de Marisela Leyva, hermana del joven asesinado, la verdadera y suprema pasión del viejo era el muchacho. Cierta vez me contó que cuando Carlitos fue para La Habana, captado por sus amplias posibilidades de desarrollo en esgrima, su padre le enviaba una carta casi todos los días para recalcarle que se cuidara mucho y echarle dentro dos cosas: un peso y un beso.

El traje de McKenzie y los floretes de él y de Carlitos atraen poderosamente la atención del visitante

El traje de McKenzie y los floretes de él y de Carlitos atraen poderosamente la atención del visitante

Fue tan grande el dolor de papá Carlos al conocer la trágica muerte del hijo adorado que en el trayecto del aserrío hasta su casa parte del cabello se le tiñó de gris. Tres años después su corazón no soportó más. También Gudila, madre del Carlitos, murió años más tarde, como consecuencia del insuperable sufrimiento en contubernio con una trombosis cerebral y otras enfermedades asociadas a esa angustia.

Maricela vive convencida de que ambos fueron las víctimas 74 y 75 del abominable sabotaje.

Por ello, repito, el Memorial Mártires de Barbados huele durante todo el año a 6 de octubre.

Ubicada en la calle Lucas Ortíz número 344, muy próximo a la Fuente de Las Antillas (emblemática obra de la escultura cubana Rita Longa), la vivienda de dos plantas atesora fragmentos del fuselaje del DC-8 hecho estallar en pleno vuelo, la foto de los 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos fallecidos, dos floretes pertenecientes a Carlitos y a McKenzie y el traje de combate deportivo de este último, entre otras piezas y documento de alto valor.

ALZANDO LOS BRAZOS
La obra Nuestros muertos alzando los brazos representa todo un simbolismo a la memoria de las víctimas.

La obra Nuestros muertos alzando los brazos representa todo un simbolismo a la memoria de las víctimas.

Como afirman Nora Vargas Rodríguez, guía de sala, y Ana Rosa López Bañobre, técnica de museo, durante todos estos años el Memorial no se ha limitado a recibir visitantes de la propia ciudad, de la zona oriental, de Cuba entera o de otras partes de mundo.

Actividades con la comunidad, contacto con escuelas, centros de trabajo y otras instituciones culturales e históricas de la localidad, así como el evento científico denominado Barbados en la Memoria, han concretado el claro propósito de divulgar la historia local y nacional, así como promover, sobre todo en la juventud, el conocimiento en torno a la vida de esos mártires y al magnicidio.

Carlitos, mártir de Barbados

Carlitos

Que la pandemia haya irrumpido con brutales intenciones también sobre geografía tunera no significa que el  museo haya depuesto su sable. Listo para seguir recibiendo visitantes, parece atravesar la más normal de sus etapas, desde que fue abierto el 2 de julio de 1978.

Una restauración total, en el año 2018, mantiene al inmueble “como acabadito de construir”, a pesar de que ahora se sustenta en una estructura de mampostería que replica de manera genial e increíble al uso original de la madera.

Al fondo, el apacible local donde Carlos padre solía pasar horas entre martillos, serruchos y berbiquíes, deja la impresión de aguardar, ansioso, por el arribo de niños, adolescentes y jóvenes, dispuestos y motivados a seguir manteniendo vivo el florete allí.

A un costado de la vivienda se yergue imponente desde 1979 la escultura Nuestros muertos alzando los brazos, obra del escultor matancero Juan Heznart Hedrich, inspirada en los popularmente conocidos versos titulados Mi Bandera, escritos por un coterráneo suyo, el poeta y dramaturgo cubano Bonifacio Byrne.

McKenzie, mártir de Barbados, esgrimista, Las Tunas

McKenzie

Las líneas que continúan no tienen la menor intención de hacer propaganda con usted, que ha leído aquí apenas la punta del enorme iceberg que subyace bajo las aguas de aquel acto terrorista. Pero si un día visita o atraviesa la ciudad de Las Tunas, no deje de visitar el Memorial Mártires de Barbados. Ahí, en su modesta casita, le espera Carlos Leyva, junto a Leonardo McKenzie y a los 71 restantes viajeros a quienes dos arteras explosiones privaron de la vida, a bordo de la aeronave cubana, frente a una playa paradójicamente llamada Paradise, en las costas de Barbados.

¡Nuestros atletas sacrificados en la flor de su vida y de sus facultades serán campeones eternos en nuestros corazones; sus medallas de oro no yacerán en el fondo del océano, se levantan ya como soles sin manchas y como símbolos en el firmamento de Cuba; no alcanzarán el honor de la olimpiada, pero han ascendido para siempre al hermoso olimpo de los mártires de la patria!–afirmó Fidel el 15 de octubre de 1976, ante más de un millón de cubanos concentrados en la Plaza de la Revolución capitalina, durante el sepelio de las víctimas. Y, como toda Cuba y el mundo pueden recordar, concluyó:

“No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”.

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Pastor Batista

 
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