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Publicado el 22 Noviembre, 2021 por Prensa Latina en Historia
 
 

Antonio Guiteras

El espíritu más puro del movimiento revolucionario en Cuba

Así se perdió la figura más empinada, el ánimo mejor templado, la voluntad más indomeñable, el brazo más enérgico y el espíritu más puro del movimiento nacional revolucionario, escribió sobre él Raúl Roa, quien sería canciller de Cuba
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Para el Che, Guiteras representa el más puro luchador antimperialista. (Ilustración: F. Blanco

Para el Che, Guiteras representa el más puro luchador antimperialista. (Ilustración: F. Blanco

Antonio Guiteras fue el espíritu más puro del movimiento revolucionario en Cuba, así definieron especialistas al joven destacado en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado y cuyo aniversario del natalicio evoca hoy ideas antiimperialistas.

Según fuentes documentales, por problemas de enfermedad del padre, la familia decidió viajar a la isla en el año 1913 e instalarse en Matanzas y luego en Pinar del Río, actuales provincias situadas en el occidente del país; más tarde estudiaría Farmacia en la Universidad de La Habana.

Fue en esa sede académica donde, en 1927, Guiteras apoyó la fundación del Directorio Estudiantil Universitario, que estaba contra la prolongación en el poder de Machado (1925-1933), y después formaría parte de un grupo de acción que realizaba acciones contra el dictador desde la zona oriental del país.

Manifiesto al pueblo de Cuba

En 1932 creó Unión Revolucionaria (UR), organización de carácter insurreccional con el objetivo de agrupar las fuerzas que luchaban en oriente contra el régimen.

Desde UR, el joven lanzó el Manifiesto al pueblo de Cuba, que expuso un programa centrado en la unidad de todas las fuerzas, más allá de las diferentes tendencias políticas, para el triunfo de una verdadera Revolución, en lo cual era la lucha armada la vía más práctica para derrocar la dictadura.

Guiteras rechazó la negociación del embajador de Estados Unidos en Cuba, Benjamín Sumner Welles, que aspiraba a un entendimiento entre los partidos del Gobierno y de la oposición burguesa con miras a neutralizar la acción del pueblo contra el régimen.

Cuando recibió la noticia de la huida de Machado el 12 de agosto de 1933, pronunció un discurso contra la injerencia de Washington en la isla y llamó a consolidar la Revolución.

Luego del derrocamiento llegó el breve Gobierno de Carlos Manuel de Céspedes impuesto por el embajador norteamericano, defenestrado con un golpe de Estado encabezado por el entonces sargento Fulgencio Batista el 4 de septiembre de 1933, precisa un artículo del periodista Ciro Bianchi.

Gobierno de los Cien Días

La Revolución parecía haber llegado al poder y Ramón Grau San Martín presidió el llamado Gobierno de los Cien Días, que tuvo en Guiteras a su secretario (ministro) de Gobernación.

La administración tomó un grupo de medidas de carácter popular y antiimperialista que le ganaron el respaldo del pueblo, como el establecimiento de la jornada laboral de ocho horas, y la rebaja de las tarifas eléctricas.

Sin embargo, el Gobierno no fue reconocido por Estados Unidos en momentos en que este quería mantener su hegemonía sobre el destino de Cuba, y Washington finalmente apoyó a Fulgencio Batista (ahora jefe del Ejército), a forzar la renuncia de Grau.

El exministro en la clandestinidad fundó la organización revolucionaria Joven Cuba, para combatir mediante la lucha armada al régimen imperante y, una vez tomado el poder, estructurar el Estado cubano conforme a los postulados del socialismo.

Después del fracaso de una huelga de marzo de 1935, Antonio Guiteras comprendió que para desencadenar la insurrección popular era necesario crear un foco guerrillero en las montañas orientales, y para ello proyectó un viaje a México, donde pensaba organizar una expedición.

Sin embargo, la delación de oficiales de la Marina de Guerra en los que había confiado, hizo que una bala alcanzara el corazón del joven en el viejo fortín conocido como El Morrillo, en Matanzas, el 8 de mayo de 1935.

Cuentan que el internacionalista venezolano Carlos Aponte, quien estaba a su lado, dijo a Guiteras: “Compay, antes de rendirse, nos morimos”. Y este contestó: “Nos morimos”.

“Así se perdió la figura más empinada, el ánimo mejor templado, la voluntad más indomeñable, el brazo más enérgico y el espíritu más puro del movimiento nacional revolucionario”, escribió sobre él Raúl Roa, quien sería canciller de Cuba.

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