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Publicado el 2 Diciembre, 2021 por ACN en Historia
 
 

A 65 años del desembarco del Granma y de la profecía de Cinco Palmas

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yate Granma

Foto: Nodal

Por Jorge Wejebe Cobo

Pilotos de la dictadura batistiana y capitanes de unidades de su marina de guerra exploraban en las primeras horas del dos de diciembre de 1956, las costas de la región oriental y pugnaban entre sí por localizar y destruir una embarcación blanca con una cadena de ancla extendida por la borda y que- según la inteligencia-, traía una expedición dirigida por el líder revolucionario Fidel Castro, que partió del puerto mexicano de Tuxpan.

Pero ninguno tuvo éxito, porque Fidel se adelantó a sus planes.

Un año antes, el joven combatiente arribó a suelo azteca después de salir de la cárcel gracias a una amnistía aprobada en mayo de 1955, como resultado de la presión popular para que fueran liberados los sobrevivientes del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Desde los primeros días en México dedicó su tiempo a organizar el contingente con el fin de regresar a Cuba y continuar la lucha armada, para lo cual se foguearon en rigurosos planes de preparación militar, dirigidos por el general español republicano Alberto Bayo, residente allí.

Aunque a pesar de las estrictas medidas de clandestinidad que tomaron los revolucionarios, los servicios de inteligencia en cooperación con la policía mexicana actuaron de conjunto en la detención de los expedicionarios y la incautación de armas, y también en la organización de un plan para asesinar al líder revolucionario, el cual fue frustrado por las medidas de prevención adoptadas oportunamente por los combatientes.

Fidel siempre demostró seguridad en sus planes insurreccionales y así lo hizo saber al pueblo cubano cuando en una ocasión afirmó: ”…en el año 1956 seremos libres o seremos mártires”.

Muchos años después el Comandante en Jefe diría : “(…) Esa idea estaba absolutamente presente con el propósito de cumplir la promesa que había hecho, pero históricamente, porque uno cuando analiza los hechos históricos, piensa que no era necesario esa promesa. Pero una vez que se hizo, fue necesario cumplirla”.

En los meses finales del 56, Fidel y sus compañeros tenían claro que el tiempo estaba en su contra y había que actuar rápidamente y después de ver fracasar los intentos de adquirir una antigua lancha torpedera estadounidense, finalmente obtuvieron el yate Granma, propiedad de un ciudadano norteamericano residente en tierra azteca.

Bajo fuertes medidas de vigilancia sobre Fidel y los expedicionarios, se trasladaron a una casa de seguridad en el Puerto de Tuxpan, y bajo mal tiempo partieron en el “Granma” hacia la Isla a cumplir con el compromiso anunciado de iniciar la lucha antes de que acabara ese año.

El máximo líder había coordinado la llegada del yate con el levantamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, dirigido por Frank País, jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de julio, pero debido al atraso del itinerario de la nave por el mal tiempo y el exceso de peso de la embarcación, no se logró la similitud de las acciones y la dictadura de Fulgencio Batista pudo concentrar sus fuerzas contra los expedicionarios y reprimir la insurrección en la ciudad oriental.

Con las primeras luces de ese día, ante el peligro de que les sorprendiera la mañana y ya casi con los tanques de combustibles de la nave secos, Fidel le ordenó al timonel que dirigiera el barco directo hacia la costa y así a pocos minutos quedaba embarrancado entre el fango y los mangles el yate Granma con sus 82 tripulantes, que de inmediato se aprestaron a ganar tierra firme entre el fango y una intrincada red de raíces de los árboles.

yate Granma restaurado

Réplica del yate Granma. Foto: Granma

Parecía un milagro que aquella embarcación de recreo, con una carga que triplicaba sus capacidades, hubiera podido partir en la medianoche del 25 de noviembre y llevar a los expedicionarios a su destino, a más de mil kilómetros entre aguas embravecidas del Golfo de México y el Mar Caribe.

Sobre el desembarco escribiría después Ernesto Che Guevara: “Quedamos en tierra firme, a la deriva, dando traspiés, constituyendo un ejército de sombras, de fantasmas, que caminaban como siguiendo el impulso de algún mecanismo psíquico”.

Ese día, afrontando increíbles dificultades y enfrentados al peligro inminente de ser liquidados, los expedicionarios del Granma formaron el núcleo del Ejército Rebelde y significaron el nacimiento de las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Tras el azaroso desembarco los combatientes trataron de empezar la marcha hacia la profundidad de la Sierra Maestra y el cinco de diciembre, mientras descansaban en Alegría de Pío, cercano a un ralo monte en una colonia cañera de la entonces compañía New Niquero, fueron emboscados por el ejército debido a una delación de un práctico que los había conducido por la zona.

Sobre los exhaustos expedicionarios cayó un diluvio de plomo que provocó la dispersión en pequeños grupos, casi todos en malas condiciones físicas, muchos de los cuales en las jornadas sucesivas fueron capturados y asesinados a sangre fría.

Pero en esos momentos que parecía el final, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la región, dirigido por Frank País García y Celia Sánchez Manduley y por los campesinos Crescencio Pérez y Guillermo García, lograron rescatar, dar refugio seguro y apoyar a los sobrevivientes.

Los expedicionarios, dirigidos por Fidel y entre los que se encontraban Raúl Castro y Juan Almeida junto a Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés y otros valientes, pudieron al fin el 18 de diciembre reunirse en Cinco Palmas, en la Sierra Maestra.

Relató Raúl aquel encuentro con sentidas palabras: “Cuando hacemos contacto esa noche, viene el abrazo y su famosa aclamación: “Son siete fusiles. Ahora sí que ganamos la guerra”, por eso yo llegue a la conclusión de que Fidel se había vuelto loco, pero eso se lo vine a decir después que triunfamos. Esa es la fe en la victoria que siempre tuvo él y que en los meses posteriores supo inculcarnos a todos nosotros”.

Solo habían transcurrido 16 días del desembarco del Granma, comenzaba la cuenta regresiva de la dictadura y solo bastaron poco más de dos años para cumplirse aquella histórica profecía de Cinco Palmas.

(ACN)

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