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Publicado el 5 Diciembre, 2021 por Redacción Digital en Historia
 
 

Siempre Almeida en el recuerdo

¡Aquí no se rinde nadie…Co….!

Fue en aquel primer combate desastroso de Alegría de Pío poco después del desembarco del Granma
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 Por Giraldo Mazola

Comandante Juan Almeida en la Sierra Maestra/ Escambray

(Foto: escambray.cu)

No solo un día como hoy en que hace 64 años bajo una sorpresiva balacera, 82 hombres que cumplían el compromiso público de Fidel de iniciar una proeza, y uno de ellos,-pues pudo haberlo dicho otro cualquiera-  negro también por demás, en un grito reprodujo de otra forma y en otro contexto, la similar respuesta de Maceo a Martínez Campos en Mangos de Baraguá.

Fue en aquel primer combate desastroso de Alegría de Pío poco después del desembarco del Granma.

A eso se añade algo que se comenta poco y que el Che en sus pormenorizados recuerdos de esos azarosos días escribió después.

Describe que el propio Almeida, se le acercó cuando herido en el cuello pensaba que sus días finalizaban sin haberse convertido en el Che que todos admiramos por ser el arquetipo de ese hombre nuevo que diseñó con su ulterior vida y actuación.

Almeida se le acercó y lo conminó imperativamente a salir hacia el ralo montecito cercano y eso hizo escogiendo para llevar consigo una caja de balas y no la mochila de medicamentos, pues no podía con las dos,  iniciando así instintivamente su ulterior trayectoria como guerrillero.

También en esos primeros escritos del Che publicados después de la victoria se refirió a ese combate y atribuyó su autoría erróneamente a Camilo.

Almeida con su modestia no reclamó ni en público ni en privado la rectificación de ese error y fue Raúl años después quien hizo la aclaración.

Tuve el privilegio de mantener con el Che y con él, después del triunfo, relaciones estrechas y diría que hasta amistosas. He escrito  numerosos recuerdos de ellos con el propósito de legar a los jóvenes de hoy y de mañana aspectos de esos dos paladines de nuestra rica historia que sirvan para enriquecer el patriotismo e internacionalismo ya enraizados en nuestro pueblo.

En la computadora de mi oficina, tan pronto la abro, aparece una foto de Almeida, ya comandante, en el Tercer Frente, con su completa e histórica frase debajo como se le recuerda en el mural gigante en Santiago de Cuba,

Por la expresividad de su rostro sonriente, creo que me está mirando, y como el equipo un poco viejo, se demora en abrirse para acceder a los emails que acaban de entrar, suelo comentar con él algunas de las respuestas que espero recibir de mensajes enviados el día anterior o de cualquier otra cosa.

Así pues le dedico, ya como un hábito diario, un comentario a solas.

No voy a repetir aquí facetas de su historia bien conocida; relataré algunas anécdotas que pueden calzar su singularidad, su acentuado sentido de la justicia y su exigencia, derivadas de esos múltiples contactos.

Forzado por el desarrollo de la lucha revolucionaria a ir asumiendo responsabilidades cada vez más relevantes, desarrolló un acentuado estilo propio para valorar a los hombres.

Una vez me contó que cuando era albañil tenía una sola camisa y consideraba que la pulcritud de la presencia eran rasgos importantes de la personalidad. Cuando llegaba  a la casa la lavaba, secaba y se la volvía a poner limpia si salía de noche.

Por eso le molestaba que algunos cuadros de dirección en Camagüey, en medio de la tensa zafra del 70, acudían a verlo a su convocatoria con la ropa sucia, barbudos, desaliñados. Muchos realmente se dedicaban con esmero al trabajo pero su imagen era deplorable. A más de uno les dijo que en sus años mozos hacía “la paloma” y no salía así y que volvieran después que se bañaran. Vestía modestamente pero siempre pulcro.

Lo acompañé en varios recorridos por países africanos en su investidura como Vice Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros donde se entrevistó con los líderes mas relevantes de varios países.

Estudiaba con rigor las informaciones que le preparaba de las relaciones históricas con el país dado, la situación actual de la colaboración que les habíamos brindado y les brindábamos, las características de esos líderes y una guía de los objetivos a plantear en esa conversación.

Aunque se ajustaba a ese plan siempre le daba a esas reuniones un toque personal y alcanzaba muy pronto una relación muy fraterna y cálida con esos dirigentes, a muchos de los cuales veía por primera vez y lograba hacer parecer que eran viejos conocidos.

El autor junto a Risquet, Almeida y Mandela, y otros compañeros/ Foto: Workers World

Para no citar muchos ejemplos referiré su entrevista con Mandela con quien coincidió durante las ceremonia por la independencia de Namibia en 1990. Mandela acababa de salir de la prisión y hacia su primer viaje fuera de Sudáfrica. Cuando supimos de su presencia en Windhoek nos indicó solicitarle una reunión.

Mandela aceptó de inmediato pero diciendo que él acudiría a visitar a Almeida, con el alegato de que era un vice presidente de Cuba y él solo un combatiente del ANC.

Almeida insistió en que él no podía informarle a Fidel que lo había recibido pues aunque realmente en esos momentos Mandela no ostentaba aún la dirección del ANC ni era todavía el presidente de Sudáfrica, para nosotros era el símbolo emblemático más relevante de la lucha de su pueblo y por lo tanto tenía que informar a Fidel que él lo había visitado, y así fue.

Allí nos dijo y lo repitió después en un acto masivo en Matanzas cuando nos visitó, que él había sido liberado y Namibia alcanzado su independencia porque sus pueblos contaron con el apoyo político y militar de los combatientes internacionalistas cubanos que quebraron en Cuito Cuanavale el espinazo de Apartheid.

Conservo una foto de ese encuentro y creo imaginar que los ojos del comandante se empañan de emoción al recordar a sus compañeros caídos en el Moncada.

Ese comandante cuyo corazón no fue atravesado por una bala gracias a la cuchara que llevaba en el bolsillo, y que en años de lucha revolucionaria y  guerra demostró con creces su valor,  era brillante es sus conversaciones “a lo cortico” con cualquiera, pero hablar en público le era difícil.

En una visita a Uganda sostuvo una excelente conversación con el presidente Museveni y después asistió a la conmemoración del acto masivo por el Primero de Mayo. Me insistió en conocer si debía hablar es ese acto y después de consultarlo reiteradamente con los dirigentes ugandeses le aseguré no.

Durante la actividad el vicepresidente de ese país hizo una intervención en la que mencionó el honor de contar con la presencia de Almeida y le pidió que les dirigiera un saludo. Inmediatamente comenzó un desfile de trabajadores y de grupos artísticos .Me criticó fuertemente por mi desinformación y estaba inquieto en su silla.

Apresuradamente le hice en tres hojas un proyecto de saludo que lo calmó y cuando pasó al podio comenzó a leer esas notas y al terminar las primeras frases las puso a un lado e improvisó una intervención con su estilo cariñoso y directo que fue acogido con afecto e interrumpido varias veces con aplausos.

Tuve y tengo la íntima idea que como guerrillero se preparó mentalmente para esa eventual emboscada, que pensó, pese a mis confirmaciones, sería inevitable. Yo esperaba que después, a solas, me hiciera una crítica fuerte; pero no habló mas del asunto. Creo que pensó que lo sucedido era ya para mí una experiencia inolvidable en mi futuro trabajo.

Así lo recuerdo y recordaré inspirándome a ser cada día más sencillo, organizado y no olvidar que las responsabilidades jerárquicas son para mejor servir a nuestro pueblo.

 

 

 

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