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Publicado el 26 Noviembre, 2021 por Nailey Vecino en Innovación
 
 

Esencias de una heroína

La directora del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología cuenta parte de su historia, de su pasión por la biología y los libros, su familia, sus alegrías y metas
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doctora Marta Ayala Ávila

Foto: LEYVA BENÍTEZ

Por NAILEY VECINO PÉREZ

El central azucarero Fructuoso Rodríguez, de Matanzas, la vio crecer, arropada por la humildad de sus abuelos paternos. De ellos aprendió el amor por la lectura, también a aprovechar las oportunidades de superación que ofrecía la Revolución triunfante. De aquellos años Marta recuerda a sus amigos de la infancia en Jagüey, las hazañas compartidas en la recogida de naranjas y limones de las escuelas al campo. Allí fue una niña feliz, pero el propio anhelo adolescente de cursar estudios universitarios le hizo regresar a La Habana, la ciudad donde nació un 27 de julio.

Hay quienes, desde la cuna, tienen una vocación determinada. La de Marta se fue forjando por piezas, entre gustos personales, consejos de la hermana mayor y un contexto marcado por la reiterada mención a los destacamentos de ciencias biológicas y los centros en formación del Polo Científico de la capital.

Su afición por los libros hizo pensar a muchos que se inclinaría por alguna carrera de letras, Pedagogía quizá; pero Marta optó por la Bioquímica en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, materia con la cual se graduó honoríficamente en 1989.

Los esfuerzos por mantener buen rendimiento académico fueron proporcionales al disfrute de actividades extracurriculares. Era asidua a los conciertos del grupo Moncada, también a los Juegos Caribe en carreras de orientación. Quiso además practicar voleibol; no se lo permitió su baja estatura. Estuvo presente en las excursiones al Pico Turquino y al Escambray.

Aquella joven no imaginaba entonces que se convertiría en la doctora Marta Ayala Ávila, uno de los rostros de la ciencia cubana más visibles y reconocidos de los últimos tiempos, o que ocuparía la dirección del mismo centro que la acogió aun siendo estudiante universitaria.

Marta junto a miembros del consejo de dirección del Cigb

Marta junto a miembros del consejo de dirección del Cigb (Foto: ISMAEL BORREGO)

Hablemos del Cigb, un lugar donde llegó para quedarse

-La carrera de Bioquímica tiene la característica de vincularte desde el inicio con centros laborales. Los primeros dos años pasé un entrenamiento en el Instituto de Nefrología, el tercero en el departamento de Enzimología de la Facultad y ya en cuarto año, cuando empiezan los procesos de captación para ingresar al Cen-

tro de Ingeniería Genética y Biotecnología (Cigb), fui una de las estudiantes insertadas. En este lugar terminé mi tesis de licenciatura, trabajando con unos profesores que desarrollaban un sistema-diagnóstico para medir la lipoproteína B. Una vez graduada empecé a trabajar en este mismo centro donde he estado hasta hoy”.

El Cigb fue inaugurado oficialmente por Fidel el primero de julio de 1986. Marta tuvo la dicha de ser una de las pocas estudiantes invitadas al acto fundacional, realizado, según sus memorias, en el perímetro aún muy poco urbanizado del centro bajo una lluvia torrencial. De aquel acontecimiento han pasado 35 años.

-¿En qué áreas del Cigb desarrolló su producción científica?

-Pertenecí en un inicio a la Dirección de Investigaciones Biomédicas, donde trabajaba en las aplicaciones de la biotecnología al área de la salud humana. Participé en procesos como el desarrollo de todo lo que tiene que ver con la ingeniería genética asociada a los anticuerpos monoclonales.

“Estudiábamos qué eran, cómo estaban organizados en diferentes especies y cómo, a partir de la ingeniería genética y la biología molecular, se podían extraer esos genes y reproducirlos fuera de su ámbito natural. Siendo recién graduada, participé en las primeras experiencias de ese tipo en Cuba con compañeros del Centro de Ingeniería Molecular que también estaban aprendiendo acerca de esas tecnologías.

“Precisamente sobre este tema de ingeniería genética y obtención de anticuerpos monoclonales en diferentes sistemas de expresión fue mi tesis de doctorado que defendí en 1997. En ese periodo cursé una beca en la Universidad de Lund, Suecia, también sobre manipulación genética de los anticuerpos monoclonales para fines terapéuticos. Luego estuve en el Instituto de Biotecnología de Cuernavaca, en México. Fue una formación que me permitió transitar por todas las categorías científicas de un investigador”.

-¿Cómo llega entonces a asumir puestos de dirección?

-Primero me nombraron jefa de proyecto del Departamento Farmacéutico, donde trabajaba los temas oncológicos y el desarrollo de productos cardiovasculares contra enfermedades de este tipo. Fue en 2015 cuando me promovieron a Vicedirectora General, aunque mantuve mi vínculo con el desarrollo de una vacuna contra el cáncer. La intención era crear una vacuna terapéutica, bajo el concepto de inmunoterapia activa. Ese ha sido, digamos, el último proyecto en el que he tenido más participación y con el cual hemos obtenido publicaciones e incluso premios de la Academia de Ciencias y del Ministerio de Salud Pública”.

Las nuevas responsabilidades la llevaron a conocer más a fondo al Cigb y sus trabajadores, además de relacionarse con otras áreas de desarrollo tecnológico y productivo como la esfera agropecuaria, específicamente en la obtención de maíz y soya genéticamente modificada, en Yaguajay, Sancti Spíritus. Aunque algo más la une a ese municipio: su representación como diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Quizás por eso muchos la sientan espirituana, hasta hay referencias bibliográficas que, erróneamente, sitúan allá su lugar de residencia.

Si algo es seguro es que Marta ha calado ya en muchas familias, desde la propia tierra del Yayabo pasando por la Atenas de Cuba y la capital del país, hasta las provincias orientales.

Asimismo, bien la conocen en Nicaragua, país al que trasladó las experiencias cubanas en el tratamiento a pacientes positivos de covid-19 con el interferón alfa 2b recombinante, una aventura que la hizo miembro de la brigada Henry Reeve, merecedora del Premio a la Paz de los Pueblos.

científica Marta Ayala durante su visita a la planta de producción de interferón en Nicaragua

Durante su visita a la planta de producción de interferón en Nicaragua. (Foto: Telesur)

A casi un año de pandemia

Enero 2021. Marta Ayala es designada directora general del Cigb. La noticia llega con un nudo repentino en la garganta que ha sabido desatar con el trabajo en equipo.

Le antecedieron los doctores Manuel Limonta, Luis Herrera, Eulogio Pimentel y ahora ella; la primera mujer que ocupa ese lugar. Antes ya había dirigido la secretaría general del Comité del Partido de la institución, lo que le dio herramientas para asumir el reto. Es también miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

“Es todo un desafío dirigir el Cigb, sobre todo en medio de las actuales circunstancias, pero es algo hermoso. En este tiempo el centro ha desatado todas sus fuerzas innovadoras, científicas y productivas en función de proponer productos y servicios para el protocolo de actuación cubano. Cuando empezamos a trabajar los candidatos vacunales eran 46 proyectos, hemos avanzado con dos, pero aún muchos estudios se están realizando. Hay un colectivo y una fuerza joven muy comprometidos, que sabe trabajar de manera sostenida.

“Me gusta aplicar el concepto de dirección colectiva, las ideas y opiniones se comparten, no se detienen las tareas si alguien está ausente y le damos espacio a todo el que quiera trabajar. Ese es el principio que nos rige”.

Por estos días Marta y el colectivo del Cigb celebra la vacunación con Abdala a gran parte de la población mayor de 19 años. Se empiezan a recoger los frutos del trabajo en los laboratorios a medida que bajan las cifras de casos positivos y de fallecidos. Asimismo, se mantiene un impacto favorable en el proceso de inmunización a embarazadas y madres que lactan; e incluso se han podido realizar algunas exportaciones a Venezuela y Vietnam.

Según señala la propia doctora, con Abdala el Cigb había desafiado a la ciencia y las matemáticas. Los ensayos clínicos fases 1, 2 y 3 se realizaron en Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo con alrededor de 48 000 individuos, una cifra osada si se tiene en cuenta que se trataban de estudios clínicos novedosos, no solo para Cuba. El enfoque iba dirigido a medir la eficacia, en un proceso riguroso, a ciegas, protocolizado, del cual en gran medida dependían los logros a día de hoy.

El aplauso de la ciencia

Cuba entera vibró aquella tarde del 21 de junio con la noticia del 92.28 por ciento de eficacia para Abdala. Ese indicador situaba a una vacuna producida en un país del Tercer Mundo y bloqueado como Cuba entre las 10 más eficaces del orbe contra el virus.

El anuncio televisado tuvo entre sus rostros el de la doctora Marta Ayala. Pregunto sobre aquel momento. Su primera respuesta asumió el lenguaje de una sonrisa tras nasobuco. “Una vez concluido el estudio, los resultados se tenían que traer para el Instituto de Matemática y Física para que ellos los analizaran como ente aparte del Cigb. Cuando nos avisaron que ya tenían la cifra, todo era nervios, preguntábamos todo el tiempo de cuánto había sido finalmente la eficacia”.

-¿Ni usted sabía el resultado?

-Honestamente te digo que nos preparamos para ir a anunciarlo en una reunión con el presidente Miguel Díaz-Canel, pero la lámina de la eficacia la montamos 20 minutos antes de empezar. No sabía. Solo preguntaba a mis compañeros si tenía nota sobresaliente o no”.

-¿Qué era sobresaliente para usted?

-Para mí sobresaliente era más de 90. Hubo un momento en que me dijeron sí, entonces no pregunté más. Ya cuando me enviaron la lámina por correo empezamos a ver en qué posición estábamos respecto a otro países, jugábamos a imaginar cómo podíamos hacer la presentación. Recuerdo que se nos ocurrió llevar la lámina del porcentaje sellada en un sobre y entregarla al Presidente, éramos como niños.

“Algunos compañeros pudimos ir al Palacio de la Revolución donde se conocería oficialmente el resultado. Una vez concluida la presentación allí le pedí personalmente al Presidente que fuera con nosotros para el Cigb porque los trabajadores no conocían aún la cifra. Entonces vinimos para acá ese mismo día y dimos la noticia en el teatro. Un periodista que estaba dentro de la masa de trabajadores grabó ese momento realmente emocionante, un aplauso espontáneo que hoy se conoce como el aplauso de la ciencia”.

-¿Qué retos tiene por delante el Cigb y Marta en lo personal?

-Tenemos aún proyectos en marcha para el enfrentamiento al virus, pero también hay otras enfermedades que atender y otros temas, por ejemplo, desde el punto de vista de la soberanía alimentaria. Tenemos además vacunas veterinarias que se utilizan en el sistema nacional, como la vacuna contra la garrapata bovina y contra la peste porcina clásica.

“Hemos desplegado una gran capacidad innovadora desde la investigación, el desarrollo tecnológico y productivo, también en la negociación de proyectos y en la comercialización. Por tanto el desafío es que la institución siga gozando de prestigio y aporte al país ya sea en lo científico, lo productivo o lo económico.

En lo personal pienso seguir estudiando, tengo que superarme en todo lo que tiene que ver con elementos empresariales, porque aun siendo un centro científico, el Cigb tiene también la condición de empresa”.

Ser mujer y también científica

Marta Ayala es madre, esposa, hermana, mujer cubana común de estos tiempos. Comparte con su hija Camila el amor por la biología. Alguna que otra vez se cruzan por los pasillos del centro donde ambas trabajan.

Camila creció en la comunidad levantada justo al frente de la institución junto a su madre y su padre, ingeniero químico. Sus vecinos se convirtieron en los propios compañeros de trabajo, en esa otra gran familia que ayudaba a lidiar los tiempos extra limitados.

Marta es una mujer de ciencia que hoy sueña con ser abuela, que disfruta de su mascota, una perra pekinés, que adora el flan, el helado y, sobre todo, la guayaba. Es una mujer que viste usualmente de azul, porque ama ese color, pues le evoca el mar, uno de sus ambientes predilectos.

Marta odia la deslealtad, quizá por ello viva siempre agradecida. No dio por terminada esta entrevista sin antes mencionar al doctor Jorge Gavilondo, figura clave en su formación científica.

Si le dieran a elegir una ciudad optaría siempre por La Habana porque Marta venera la genética de esta tierra del Caribe, aunque su cuerpo no se resista al efecto sonoro de Mediterráneo, si sonara en la radio por Juan Manuel Serrat.

Recientemente 10 científicos cubanos recibieron el título de Héroes y Heroínas del Trabajo de la República de Cuba. En la ceremonia figuraba entre ellos, en traje añil, la propia Marta Ayala, esa que me permitió días antes conocer de cerca sus esencias de mujer cubana.

doctora Marta Ayala Ávila recibe reconocimiento en manos del presidente Díaz-Canel

Momento en que el presidente Díaz-Canel le entrega el título de Heroína del Trabajo de la República de Cuba. (Foto: ESTUDIOS REVOLUCIÓN)

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Nailey Vecino

 
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