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Publicado el 23 Junio, 2015 por ACN en La bohemia
 
 

El arte también vive en las parrandas

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Pirotecnia, un rasgo distintivo de las Parrandas de Remedios.

Uno de los atractivos que distingue a esas festividades es el derroche de imaginación y arte de la pirotecnia. (Foto: absolut-cuba.com).

Por MAIRYN ARTEAGA DÍAZ
(Servicio Especial de la AIN)

De Remedios, la ciudad villaclareña que cumple 500 años este junio, se recuerdan las leyendas de demonios y güijes, la Parroquial Mayor y las Parrandas, esos jolgorios interminables que llegan en diciembre repletos de bullicio y también de arte.

Sí, porque en los colores que inundan la noche buena de la Octava Villa, presentes en carrozas, faroles, trabajos de plaza y fuegos artificiales, se esconde una labor estética que se perfila días antes, incluso, meses.

Dicen que fue en 1871 cuando aparecieron los adornos iniciales en las parrandas, en aquel entonces farolas portadas por ambos barrios y que cuatro años más tarde llegarían los arcos del triunfo, génesis de lo que hoy constituyen los trabajos de plaza.

Los colores inundan la noche buena de la Octava Villa

Los colores inundan la noche buena de la Octava Villa. (Foto: juventudrebelde.cu).

El lector que alguna vez estuviera en una de estas fiestas, recordará las monumentales obras en las que bailan jóvenes del poblado y que compiten por la supremacía de su terruño.

Con motivos que varían anualmente y que bien reflejan a Alicia en el país de las maravillas, arreglos florales japoneses (Ikebanas) o algunas de las culturas originarias de América, las carrozas se erigen como uno de los espectáculos más bellos de tales celebraciones.

Sin embargo, el primer carromato de este tipo de que se tiene evidencia, al menos en fotografías, data del lejano 1881, iniciativa del barrio de San Salvador.

Aquel vehículo solo estaba adornado con flores, lleno de personas y tiraban de él unos caballos. Así y todo, sirvió de acicate para perfeccionar las representaciones que llegan al siglo XXI, verdaderas muestras de arte y de un refinado gusto.

Y claro, imposible hablar de parrandas y no mencionar los fuegos artificiales, esos que convierten las tranquilas noches de la ciudad antigua en una guerra de luces y algarabía.

La música cautiva y arrastra tras de sí a miles de nativos y foráneos

La música es otro factor imprescindible. Y las calles remedianas se llenan de esa magia que arrastra tras de sí a miles de nativos y foráneos. (Foto: absolut-cuba.com).

También es San Salvador la localidad pionera en la pirotecnia. Era 1883 cuando algunos emprendedores arriban a Nuevitas, en Camagüey, y contratan el servicio de fuegos, que en esa ocasión devino suceso de las fiestas navideñas.

Así, desde el siguiente diciembre, estaban garantizados estos artificios en Remedios, y hasta quien los manipulara, pues Manuel Braojos Viana, dueño del negocio en Nuevitas, no dudó en aceptar la petición de radicarse en tierras villaclareñas, siempre y cuando estuviera seguro el patrimonio familiar.

La mudanza marcó pues, la existencia de la primera pirotecnia remediana: “Manuel Braojos e hijos”, formadora de numerosas generaciones.

Hacia 1970 todavía El Carmen y San Salvador exponían varias carrozas y trabajos de plaza, a partir de esa fecha se decidió que solo mostraran una iniciativa de cada tipo, lo que posibilitaría aumentar tamaño y calidad artística. Los fuegos artificiales sí continuaron con el mismo ímpetu de siempre.

Y son precisamente esos elementos los que hacen que de Remedios, además de las leyendas de demonios y güijes, y la Parroquial Mayor, se recuerde, en gran medida, a las Parrandas que cada diciembre inundan de arte la milenaria ciudad.

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