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Publicado el 13 Mayo, 2016 por Jose Dos Santos en La bohemia
 
 

Bobby Carcassés: Viaje cósmico con un ser especial

Múltiple en sus inquietudes, optimista sin frenos, artista desde la cuna. Un cubano que se desenvuelve lo mismo en una rumba de solar, que en un espectáculo con la big band de Winton Marsalis o la de Arturo O´Farrill; desde el jazz más norteamericano hasta un bolero de Ernesto Duarte, o un son montuno a lo Benny Moré
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Bobby Carcassés Cuza.

Bobby Carcassés Cuza

Texto y Fotos JOSÉ DOS SANTOS L.

Ni en sueños de ciencia-ficción alguien podía haber calculado en 1938 que el bebé cubano que acababa de nacer en Kingston, la capital de Jamaica, iba a aparecer a inicios de 2016 como eje de 115 mil entradas en Internet, la red de redes mundial que por entonces era inimaginable.

Ese volumen de información al alcance hoy es un tesoro que potencialmente podría dar una idea de quién ha sido y es ese incansable y emprendedor cubano conocido como Bobby Carcassés (quien aparece registrado por el nombre Roberto Arturo Carcassés Cuza). No obstante, solo sería un pálido reflejo de su trayectoria, intereses, personalidad, desvelos, íntima satisfacción o desagrados.

En el intento de abarcar su obra trabajo desde hace años. El empeño corre el riesgo de estar incompleto porque sus ideas crecen, constantemente abre nuevos proyectos en los que actúa sin descanso, que suelen culminar en realizaciones colmadas o frustradas. He aquí apenas un adelanto, en exclusiva para BOHEMIA, que pretende contribuir a dar la dimensión humana de un artista que ha ganado un lugar en la consideración pública y en la historia de la música.

Su nacimiento en otras tierras lo explica así: “Mi abuelo Justo Cuza Hadfeg, mambí, con grados de teniente coronel peleó junto a Maceo en la guerra del 95. Años después, era el cónsul general de Cuba en Kingston, Jamaica. Nací en esa isla donde él se encontraba destacado como diplomático”.

Bobby junto a su centenaria madre

Con la impulsora de sus sueños, su mamá, Zaida Elba Cuza, hoy centenaria

Bobby llegó a Cuba a los cuatro años, luego de vivir un tiempo en Panamá, según me contó en 2011 su mamá, Zaida Elba Cuza Serrano. Ya de pequeño le hacían cantar ante las visitas por su buena afinación y una entrega impropia de su edad. Narra Bobby: “Un día, a mi padre lo designaron director temporal del frigorífico de la Esperanza, cerca de Santa Clara. Allá nos fuimos”. En lo adelante fue criado en esa ciudad.

Estudió en la Escuela-Instituto Riera, Academia Alomá y el Instituto Santa Clara “no sin grandes tropiezos ya que solo me interesaban la música, el dibujo y el deporte”. Cantaba en la CMHW, en el programa Haciendo Estrellas y fue triunfador varias veces con su “repertorio de canciones líricas: Granada, Torna a Sorrento, O sole mío, Júrame…”.

Su debut semiprofesional ocurrió con la compañía de Enrique Arredondo, en el Teatro La Caridad. “Este, sin siquiera escucharme, con solo mirarme, supo vislumbrar algún talento en mi…”. Además de su naciente carrera como cantante, sus dibujos aparecían en un suplemento del periódico llamado El País Gráfico.

Pero sus aptitudes traspasaban el arte: “También andaba saltando en calles… hasta que me llevaron donde entrenaba José Cholo Valero, quien fuera gloria del deporte, un gran saltador de altura y garrocha, campeón centroamericano y nacional”. Otro campeón, Ramón López Fleites, y el propio Valero, le iniciaron en el salto alto. “Gracias a ellos descubrí la magia y la belleza del deporte”. Así logró ser campeón nacional juvenil y obtuvo lauros en otras áreas como el salto largo.

La trompeta le acompaña siempre

La trompeta le acompaña siempre

Un buen día su mamá le dijo –según ella me comentó– que “la música estaba muy bien, pero como no quería seguir estudiando debía trabajar en algo productivo”. Le consiguió empleo: envasar galletas El Gozo. Él siguió cantando como aficionado en Las Villas, hasta que un día sintió que La Habana le llamaba y allí fue en 1956, con el respaldo materno. Anteriormente, la propia Zaida le había contratado un profesor de dibujo, otra de sus pasiones. Así, el futuro artista partió hacia la capital “con la música y el dibujo como futuras armas de lucha”.

Ya en La Habana, Bobby trabajó vendiendo helados, hamburguesas y batidos, como dependiente en el Tropicream de 12 y 21, en el Vedado; vendió pólizas de seguros, e hizo retratos al óleo de fotos de carné y ampliaciones. Estudió dibujo por correspondencia. Se preparó para la vida.

Vocaciones e influencias

El origen de su vocación musical se lo atribuye a un talento natural “pues prácticamente nací cantando”. Con relación a los instrumentos, al llegar de Jamaica, aprendió a tocar rumba de cajón sobre los muebles de la sala… “A los 12 años me compré una tumbadora de candela (aún no tenían llaves) y cuando la tocaba me transformaba…” Años después Pacolo (Rafael Pina, su gran amigo espirituano, con quien viajó a principios de los 60 a Viena, al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, y de ahí fueron a París, donde estuvieron casi tres años), Tata Güines y Changuito, “me enseñaron muchos trucos y trampas de técnica y fundamento”.

El piano lo aprendió de oído, y cuando estaba en el cuarteto de Bobby Collazo. Recibió clases de Rosario Franco y Zenaida Romeu, esta última gran pianista y pedagoga, mamá de Armando Sequeira, su primer maestro de jazz. Conoció el bajo y la batería con el propio Armandito y con Cachao, mientras estaban juntos en Tropicana en los años 50. Al fliscorno llegó mediante Leonardo Acosta. Con el chequeré se familiarizó gracias a Pancho Terry, “y así, de forma autodidacta, como todo lo que hago, he ido enriqueciendo mi actuación, según la guía de mi maestro y gran amigo del Teatro Musical, Alfonso Arau”.

Bobby sigue prefiriendo la voz, pues “es el instrumento que nació conmigo y el que estudié desde muy temprano”. El piano, a su juicio, es la orquesta personificada y “tiene para mí un gran misterio”… “Las tumbadoras son las que más domino, pues casi desde niño me acompañan”.

Otra vertiente de su vida artística es la actuación, que comenzó en los años 60, desde sus tiempos en el Teatro Musical de La Habana… “pues teníamos un seminario obligado con clases de pantomima, danza y ballet, teatro, historia del arte canto y otras disciplinas. En su interés por la historia del arte y la escenografía tuvo mucho que ver José Luis Posada. “La pintura y el dibujo también nacieron conmigo y los llevo paralelos a la música, siempre, sin dejarlos de la mano. Son parte de ese arte integral que profeso”.

Al indagar por sus influencias, confiesa que tiene muchas, en muy diversos campos, pero las más impactantes –y las relaciona sin distinción de ámbitos ni relevancia– “las del propio Arau, Charlie Chaplin, Miles Davis, Emiliano Salvador, Luis Carbonel, Chet Baker, Bill Evans, Herbie Hancock, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Armandito Sequeira, Javier Sotomayor, Alberto Juantorena, Teófilo Stevenson, Fidel Castro, Enrico Caruso, Michael Jackson…”

Experiencias diversas

En el Jazz Gallery, de New York, 2010.

En el Jazz Gallery, de New York, 2010. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Sus recuerdos de los inicios artísticos le llevan a La Corte Suprema del Arte, acompañado por Isolina Carrillo, espacio que ganó al interpretar “La flor roja”, de la zarzuela española Los Gavilanes. Fue su primer éxito en La Habana. Luego vino el cuarteto de Bobby Collazo, una escuela para él pues conoció el trabajo del movimiento de las voces y la disposición profesional en toda la extensión de la palabra.

En el Teatro Musical aprendió a orquestar, sobre todo con Tony Taño y Jorge Berroa. Ha hecho más de cien arreglos para todo tipo de formato, desde grupos pequeños hasta gran orquesta con cuerdas. Como compositor tiene también cerca de cien obras de varios géneros, algunas premiadas en el concurso Adolfo Guzmán, entre estas menciona Mi canto a la Ciudad, Festival del Cha Cha Chá y el tema para la Olimpiada de Beijing. Momento significativo fue el haber ganado un premio BOHEMIA con su El amor llegará con el tiempo, en 1979.

Ha impartido clases magistrales y talleres en diversos lugares de Estados Unidos, como Boston, Nueva York y Michigan; en Inglaterra (Oxford), en Canadá, (Vancouver, Victoria y Toronto). También en la Universidad de las Artes (ISA), la cual le ha conferido distinciones en distintos momentos.

Como intérprete, se desenvuelve lo mismo en una rumba de solar, que en un espectáculo con la big band de Winton Marsalis o la de Arturo O´Farrill. Desde el jazz más norteamericano hasta un bolero de Ernesto Duarte, o un son montuno a lo Benny Moré. Y puntualiza, quejoso: “Cosa esta que, como tengo un cartelito colgado de jazzista, mucha gente que programa espectáculos en Cuba olvida”.

El jazz presente

Verdadero showman

Cantante y showman incansable, multinstrumentista singular. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Bobby ha repetido insistentemente en su concepto que el jazz no es ni un ritmo, ni un género, ni un tipo de música; “Aparte de ser una corriente de fluidez que envuelve al oyente en un viaje al cosmos en una nave de poesía total, es para mí toda una filosofía. La filosofía de la libertad. Es por eso que sigo enganchado con el jazz eternamente, por ser amante a ultranza de la libertad. Al improvisar, al moverme, en fin, al vivir. Vivir dentro del jazz es vivir la libertad absoluta; y el misterio y la magia de la creación”.

Los esclavos africanos llevados a lo que luego sería Estados Unidos, desde distintas regiones del África, también fueron traídos a Cuba más o menos de las mismas regiones. “Allá se unieron con los ingleses-norteamericanos y acá con los españoles. Allá dieron origen al Jazz luego de un proceso sedimentario y acá a los variados complejos rítmico-musicales como el son, la rumba, los yorubá, etcétera. El denominador común en ambas formas de arte es el negro esclavo. Y esa presencia en el jazz es un por ciento definitivamente mayor de Cuba que de cualquier otro país caribeño”.

Recapitula que la música de “Carl Tjader, con Chano Pozo y Mongo Santamaría en las congas, Mario Bauzá y su orquesta, Machito, Chico O´Farrill, Gillespie y otros tienen mucho más de son, afro, o rumba que de cumbia, bomba, o joropo, por solo mencionar algunos ritmos. Por eso siempre lo he llamado jazz cubano o afrocubano”.

Música de impacto

Hay una obra, el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, que tiene una parte, el adagio, que Carcassés considera una obra cumbre. “También el aria ‘Vesti la Giubba’, para el tenor, de la ópera Il Pagliacci de Leoncavallo, como el vocalise de Rachmáninov, que considero perfectas. Hay otras como ‘Summertime’, de la opereta Porgy and Bess, de una simpleza tal que en solo 16 compases se resume toda la melodía, siempre me ha gustado mucho”. La relación la completan los blues de 12 compases, la zarzuela Los Gavilanes; My funny Valentine, I remember Clifford y Autumn in New York, son obras llenas de inspiración”.

Y reflexiona sobre este aspecto medular de la creación musical: “Cuando el autor está verdaderamente inspirado, no componiendo por encargo o forzado a hacerlo por razones simplemente laborales, están cargadas de magia y misterio. Nos comunican algo divino, algo que nos conecta con la eternidad, nos lanzan a un viaje cósmico que nos renueva el espíritu”.

Jazz cubano

Con Yasek Manzano, a inicios de los años 90.

Magisterio permanente. Con Yasek Manzano, a inicios de los años 90

Bobby valora mucho lo realizado en este género en Cuba. Significa, en primer lugar, a Chucho Valdés, quien, “aparte de ser un tremendo pianista, es quien creó y proyectó al universo el grupo Irakere, que es para mi humilde concepto la mejor banda de jazz afrocubano y música cubana actual que ha existido”. También le reconoce a Chucho su alta calidad como arreglista y compositor.

En una rápida síntesis de estrellas cubanas enumera, además, a Emiliano Salvador, Peruchín (Pedro Jústiz), Cachaito, Carlos del Puerto, Carlos Emilio Morales, Enrique Plá, Guillermo Barreto, Felipe Dulzaides, Tata Güines, Changuito, José Luis Cortés, Jorge Reyes, Angá, Alfredo Rodríguez, Gustavo Tamayo, entre otros.

De la nueva generación, destaca a Gonzalo Rubalcaba, Ernán López-Nussa, Michel Herrera, Regis Molina, Román Filiú, Roberto Fonseca, Javier Zalba, César López, Orlando Valle Maraca, Yasek Manzano, Roberto Martínez, el ya fallecido Pucho López, Roberto Carcassés, Jorge Luis Pacheco, Jorge Chicoy, Yaroldy Abreu, Eliel Lazo, Edgar Martínez y Kalí Rodríguez, entre otros muy valiosos, pero que resulta imposible mencionarlos a todos.

“Cuba es una fuente inagotable de talentos que con el apoyo de nuestras escuelas gratuitas de arte, se consolidan como músicos integrales geniales. Y eso que no tenemos cátedras de música popular ni jazz”.

Sobre la situación del jazz en Cuba, a la luz de su historia y de sus potencialidades, tanto por intérpretes como por público, Bobby recordó la época cuando se puso en duda la calidad y educación de nuestro público de jazz al él plantear la posibilidad de un festival en Cuba, en el año 79: “yo les aseguré que nuestro público, debido a una larga tradición con ese género de música, (estaba pensando en el paralelismo ya mencionado, la presencia de los músicos cubanos en Estados Unidos desde muy temprano y el intercambio de músicos a través del Club Cubano de Jazz de los 50), lejos de significar un conflicto, nos iba a ayudar, y a aportar mucho swing y sabor para nuestra empresa o proyecto. Ganamos la batalla y se demostró cuán profesional resultó dicho público. Hoy es igual”.

Junto a Eddie Palmieri y Dafnis Prieto. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Junto a Eddie Palmieri y Dafnis Prieto. (Foto: Cortesía del entrevistado).

Advierte Carcassés que la situación del jazz es diferente que la del deporte, ya que éste tiene todo el apoyo del estado, e incontables lugares para realizarse los deportistas. Sin embargo, ese no es el caso que tiene la cantera de talentos enorme que desarrolla Cuba en ese campo de nuestra cultura. “La cantidad y calidad de los egresados cada año de nuestras escuelas de arte, así lo garantiza. Se ve en el JoJazz y en el festival de mayores”.

Puso como ejemplo que ilustra su aseveración la big band que lidera el maestro Joaquín Betancourt. “La calidad de esa banda integrada en su ciento por ciento por estudiantes y recién graduados, ha impactado a muchos”.

Para él, el futuro del género, con la alta categoría de los nuevos valores formados en Cuba, le subraya una de sus facetas incombustibles, el optimismo.

 

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