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Publicado el 29 Abril, 2017 por Redaccion Cultura e Historia en La bohemia
 
 

Mayarí, el sueño no se detiene

En la VI Jornada Literaria José Juan Arrom, arte y empeños por conservar el patrimonio confluyen en el oriente cubano, especialmente, en Mayarí
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Mayarí, el sueño no se detiene.

La agrupación Tres en Uno se presentó en el barrio de Arroyo Hondo.

Texto y fotos: JOSÉ LEÓN DÍAZ

El río corre a la vera del pueblo y le regala su nombre. Un iluso visitante pudiera creer que la corriente quisiera abandonar al pueblo, dejar atrás a su gente… Como si alguien pudiera arrancarlo de las lomas donde nace, impedirle llegar al mar formando un hermoso delta. No, el Mayarí siempre acompaña a quienes han echado raíces a su lado, y mucho de perseverancia han intercambiado el uno y los otros.

Porque si el visitante no es iluso, algo le avisará que los mayariceros son de esos cubanos que no cejan en sus empeños. Si coincidió, es un ejemplo, con la 6ª Jornada Literaria José Juan Arrom, celebrada durante los primeros días de abril, entendería mejor esta relación pueblo-río. Y sobre todo, el aviso se le tornará agradecida confirmación al comprobar cuánto se puede lograr con tan poco, pero con mucho deseo.

En esta Jornada, nacida de un sueño –o un feliz empecinamiento, pero ya llegaremos a él–, la literatura busca el apoyo de otras manifestaciones artísticas y conforma así un programa que apenas deja resquicios al olvido: encuentro de escritores, varios de ellos invitados desde otras zonas de la provincia holguinera y del país; un espacio para los repentistas con su torrente de décimas, regalándonos una Isla algo sufrida pero orgullosa; otro para la canción, garantizado con talento propio y con invitados de lujo como el tenor Yuri Hernández, del Teatro Lírico de Holguín; una pequeña feria del libro, con especial dedicación a los niños… esos que en la Casa de Cultura se encargaron de regalar una hermosa gala con sus bailes y cantos.

Mayarí, el sueño no se detiene.

Vestíbulo del cine, también las artes plásticas presentes en la Jornada.

Entre tantas propuestas, siempre sorprende una visita a otro de los poblados del municipio. En esta ocasión a Guatemala, el antiguo Preston, feudo de la United Fruit Company. Quienes llegamos hasta allá esperábamos, poco más o menos, asistir a una población deprimida, conocedores del terrible golpe que significó, luego de un largo período de decadencia, el cierre de su central azucarero. Pero no, algo hace la gente de allí, en parte gracias a un decidido trabajo comunitario y cultural, para aferrarse a sus raíces, para hallar nuevos senderos, como nos lo demostraron la charla de su historiador, Julio César Urbina, y los bailes de los muchachos de Bruklin –así llaman a uno de los barrios– bajo la guía de unos pocos instructores de arte dirigidos por Carlos Acosta desde la Casa de Cultura. Por cierto, el antiguo club de los negros en épocas de segregación, ahora en plena remodelación.

Mirando hacia el futuro

Tratándose de un homenaje a Arrom, gran figura mayaricera de las letras que tuvo entre sus logros el rescate de zonas olvidadas de la cultura precolombina en las Antillas y en toda América, por supuesto no podían faltar charlas y conferencias referidas en lo fundamental al patrimonio y a la identidad. Debates necesarios para los tiempos que se avecinan, ante los desafíos planteados por los planes de desarrollo turístico de la región de Mayarí y la bahía de Nipe, retos que demandan la protección y el enriquecimiento del patrimonio y la identidad cultural.

Mayarí, el sueño no se detiene.

En los portales del cine Mayarí, la pequeña feria del libro.

En este sentido destacaron las valoraciones ofrecidas por Mario Garballo Otaño, vicedecano docente de la habanera Facultad de Arquitectura, y Enrique Hernández Castillo, uno de los principales especialistas en museografía con que cuenta el país, con varios premios y reconocimientos por sus obras de restauración. Ellos llegaron a Mayarí invitados por Hiram Pérez Concepción, director de la Oficina de Patrimonio de la provincia de Holguín, a quien la Jornada había decidido rendirle un homenaje.

El reconocimiento se convirtió en un panel, y allí se manifestó que, por ser Mayarí una zona rica en cuanto a valores patrimoniales, lo ideal sería establecer lo denominado “un museo de sitio”. Es decir, en el mundo actual se prefiere salir del espacio cerrado de los museos tradicionales, y hacer recorridos por enclaves de interés.

Claro, esto lleva un proceso, comenzar por un proyecto de gestión del patrimonio, cuyo primer paso sería un levantamiento o censo de todas las edificaciones y sitios valiosos de la región. El compromiso alcanzado es realizarlo con estudiantes de arquitectura y la ayuda de la oficina local de Planificación Física. Ello propiciaría el empoderamiento y fortalecimiento de las instituciones locales, siempre con el respaldo político (el gobierno) y jurídico (la legislación). Aunque lo más importante, de acuerdo con los expertos, tal vez sea lograr el cambio en la mentalidad de la gente, que la población y las autoridades se identifiquen con ese patrimonio.

Soñadores con los pies en la tierra

Por último, los participantes en el encuentro cultural se trasladaron a un barrio campesino de las cercanías, Arroyo Hondo, donde cantantes e instructores de arte que conforman un pequeño grupo teatral, todos cargados con libros, artesanías y mucho más, compartieron con los vecinos durante una mañana maravillosa. Inmejorable cierre de esta Jornada.

En Arroyo Hondo, en un aparte con la directora de Cultura en Mayarí, Aracelis Mustelier, supimos de los esfuerzos, los éxitos e insatisfacciones, la importancia del trabajo cultural, sobre todo en las localidades que se han visto afectadas por el cierre de sus industrias y fuentes de empleo tradicionales. También hablamos de anhelos, porque ya la séptima edición del Arrom está en la mente de todos allí. Entre sus deseos se encuentra extender hasta Mayarí alguna de las jornadas del coloquio de arquitectura patrimonial que se celebra cada año en la ciudad de Holguín, o fundar el Centro Cultural José Juan Arrom.

Aplaudibles sueños guían estos empeños. Ellos quizá expliquen de dónde nace ese espíritu perseverante de la gente de Mayarí. Aunque esta vez los organizadores contaran con el apoyo que significa la inclusión de la Jornada dentro del plan de eventos del municipio, no olvidemos que en años anteriores cuanto se hizo fue fruto del esfuerzo, en ocasiones personal, de sus organizadores, gente sensible de Cultura y de la Uneac. Entre ellos resalta, sin duda, su promotor, el escritor Emerio Medina, merecedor de varios premios literarios, incluido el Casa de las Américas 2011.

La idea de Emerio y de quienes lo acompañan, busca convertir a Mayarí en un enclave cultural que en el futuro llegue a ser referencia en nuestra Isla. ¿Un sueño? Sí, pero vale la pena. Y hasta ahora no han cejado.

 

Patrimonio tangible e intangible

Mayarí, el sueño no se detiene.

Una gala artística en la Casa de Cultura.

Mayarí no cuenta con grandes edificaciones históricas, pero sí con una muestra muy representativa del entorno rural en el norte oriental de Cuba. Además, atesora uno de los patrimonios industriales y tecnológicos más valiosos de todo el país, y, aun cuando parte de él haya sido desmantelado, vale mencionar las fábricas de Felton y Nicaro, así como el batey y central del ingenio Guatemala.

En la zona encontramos cinco monumentos nacionales, entre ellos Seboruco, donde se hallaron los restos humanos más antiguos de Cuba; San Ulpiano, escenario de la batalla en la que Maceo derrotó al batallón de San Quintín; el Salto del Guayabo; y los planos inclinados de Pinares, curioso sistema de ferrocarril diseñado para trasladar el mineral de hierro desde las lomas hasta Felton y que fuera único en América Latina.

Una pieza antológica de la música cubana es el Chan Chán, de Compay Segundo (Francisco Repilado), inspirado en el recorrido que más de medio siglo atrás emprendían los trovadores por los asentamientos de la región, el cual bien pudiera llamarse la ruta del níquel.

 

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Redaccion Cultura e Historia