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Publicado el 20 Octubre, 2021 por Sahily Tabares en La bohemia
 
 

El gozo de aprender

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El gozo de aprender.

Públicos de diferentes profesiones asistieron a la presentación.

Por SAHILY TABARES

Fotos: YASSER LLERENA ALFONSO

Los mensajes comunicativos pueden ser analizados como dispositivos pensantes y dinámicos del sistema de la cultura. La transmisión de experiencias profesionales necesita un espectador activo, presto a generar actitudes positivas, cambios en las existencias propia y ajena, que son decisivos en la sociedad.

Al ser presentados, en la Casa de la Prensa de La Habana, dos títulos de la editorial Envivo, adscrita al Instituto Cubano de Radio y Televisión, se propició el seguimiento dado por una institución cultural a sus propósitos informativos, de educación, orientación y entretenimiento.

Esclarecedor, oportuno, es el volumen La entrevista en Televisión, del periodista y profesor Freddy Moros, quien incluye procedimientos e ideas para que los profesionales de la comunicación y los conductores de programas se desempeñen ante las cámaras mediante el máximo de soltura técnica durante los intercambios con diferentes sujetos. Sus argumentos y consejos tienen el fin de favorecer la comprensión de uno de los géneros más complejos en el universo audiovisual.

El gozo de aprender.

La locutora Teresita Segarra destacó la valía del libro de Moros.

Pero de ningún modo se piense que los mensajes solo están dirigidos a personas del ámbito periodístico, han sido considerados todos los públicos para que estos sean capaces de valorar el resultado en pantalla.

Como reconoce Moros, la televisión se apoderó hace décadas de este género informativo, ubicándolo en la cima del interés por parte de las audiencias. Hoy lo apreciamos en noticieros, revistas informativas y musicales, documentales, mesas redondas, encuestas públicas y otros tipos de realizaciones. En esas páginas el lector encontrará cómo aplicar la entrevista teniendo en cuenta la variedad referida.

“Veinte años atrás ni soñábamos disponer de celulares inteligentes, memorias de todas las capacidades, discos duros externos, cámaras muy livianas que graban imágenes con una resolución entre los dos millones y los ocho millones de píxeles”, precisa Moros; o sea, diversos dispositivos, soportes y recursos tecnológicos están a nuestro alcance para expresarnos.

El autor demuestra su sapiencia, el resultado de investigaciones, la experiencia obtenida en una fructífera carrera que le ha permitido asumir ejercicios prácticos y teóricos aprovechando el conocimiento, el dominio de diferentes disciplinas, las cuales son indispensables en el acto de lograr veracidad y el convencimiento de los destinatarios.

En su opinión: “Hasta la comunicación vía satélite, que en los años sesenta del siglo XX andaba en pañales, ya alcanzó posibilidades impensadas en la sociedad de la información, mientras el cable de fibra óptica hace lo mismo enterrado en el subsuelo y tendido sobre el lecho marino. La inmediatez en la publicación de contenidos en internet permite el rápido posicionamiento de la entrevista, haciéndola más visible según la tendencia de consumo en la web del tema abordado”

El arte de compartir

El gozo de aprender.

El intercambio y la firma de ejemplares satisfizo a los autores. En la foto, Luis Sexto.

Por su parte, el periodista y profesor Luis Sexto nos entrega, en Al pie de las letras, comentarios radiales que él adaptó para ser leídos por los públicos.

Amplio, diverso, abarcador, es el panorama de la literatura cubana y universal en el que se mueve con la capacidad propia del conocedor bien informado.

De manera precisa, certera, establece su objeto de estudio: promueve libros y autores, no ejerce la crítica. “Al menos, no en el sentido habitual: valorar un libro midiendo todas las aristas, todas las certezas y las erróneas”.

No obstante estas apreciaciones, Sexto logra ir al meollo de planteamientos y pensamientos expresados por escritores de varias generaciones y estéticas.

Por ejemplo, en La agonía del pez volador recrea imágenes preciosas de una utilidad innegable. “Levantemos la mano al aire para apresar, finalmente, a ese pez que vuela y en su parábola nos revela una Cuba marina que por fuerza se vincula a la que parece ser sociográficamente la parte más importante y totalizadora. Emilio Comas Paret, a pesar de que la tierra insiste en tragarse el mar, nos hace ver, intensamente, que el mar existe y todavía sigue ahí”.

De igual modo, en Poemas sin nombre es exquisito, contundente. Dice: “En doblegar la palabra martirizándola con la afilada conciencia del estilo o negociando con sus probables desvíos y anuencias, en ello, en doblegar la palabra, consiste la faena del poeta en la arena solitaria de la experiencia poética. Y Dulce María Loynaz logró que su poesía venciera el desafío de todo canto: permanecer. Y aunque por mucho tiempo la autora se mantuvo exclusivamente en los límites de su casona familiar, su poesía continuaba vigente, con existencia propia y acusando con su ternura o su desgarramiento a la personalidad que la creó”.

El gozo de aprender.

Los jóvenes disfrutan leer comentarios que han escuchado en la radio.

Estremecedor y elocuente es cuando se refiere al autor de El viejo y el mar: “En uno de sus regresos a Cuba, meses antes de su muerte, Hemingway besó la bandera cubana al desembarcar en el aeropuerto José Martí. Un fotógrafo quiso que repitiera el gesto para poder congelarlo en la emulsión de su película y el escritor se negó. Su acto había sido sincero y no admitía la escenificación publicitaria o periodística. Años antes, uno de los reporteros de la entonces naciente televisión cubana lo conserva respondiendo preguntas, luego de haber merecido el Premio Nobel. Entre otros aspectos, Hemingway, el que reside en una colina casi al sur de la bahía de La Habana y bebe mojitos y daiquirís asevera, como en una definición hecha para siempre: ‘Soy un cubano sato’”.

Sin duda, el gozo de aprender se respira en ambas publicaciones, necesarias en cualquier etapa de la existencia sin distinción de edades o sexos.

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Sahily Tabares

 
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