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Publicado el 8 Diciembre, 2015 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Nos rodean

Representación de ácaros

En un colchón hay millones de ácaros defecando, comiendo y reproduciéndose. (losandes.com.ar)

Por: Yamila Berdayes

¡Soy limpio, mi colchón no tiene ácaros!, dicen algunos. Lo cierto es que investigaciones científicas demuestran que los parásitos nos rodean de manera irremediable.

Los ácaros, son una subclase de arácnidos con miles de especies, se cree que existen alrededor de 50 mil descritas, pero se calcula pueden concurrir más de cien mil, sin clasificar.

Los que pueblan nuestras casas son pequeños, invisibles a nuestros ojos, de aproximadamente 0.2-0.5 milímetros. Habitan donde se hace complicado buscarles, por ejemplo; alfombras, colchones y almohadas, entre otros. Se cree que un colchón puede albergar más de dos millones de ellos.

Los ácaros, en sí, no son alergénicos, sin embargo, sus heces fecales contienen una proteína que puede desencadenar reacciones alérgicas severas como asma, eczemas, rinitis. Unas 25 especies de las casi 50 mil descritas están relacionadas con enfermedades de este tipo.

De cualquier manera, como apuntan desde el American College of Allergy, Asthma & Immunology, es imposible eliminar todos los ácaros, aunque existen recomendaciones para evitar su crecimiento, como no acumular polvo, utilizar ropas limpias con frecuencia y suprimir alfombras y tapetes.

A propósito, y de manera reciente, un equipo de científicos de varios países ha identificado el ejemplo más antiguo conocido de un tipo de fósil de ácaro. El trabajo, publicado en la revista Biology Letters, expone cómo se obtuvo un trozo de ámbar –resina fósil de las coníferas, de color entre amarillo y naranja, translúcida, ligera y dura, de aproximadamente 45 millones de años–, con una hormiga atrapada en su interior a la que estaba sujeto un ácaro.

El fósil descubierto es de un mesostígmado, parásito muy pequeño, sin ojos y gran velocidad de movimiento. Aunque por lo general estos oportunistas suelen alimentarse de animales más pequeños que ellos, también pueden parasitar insectos más grandes o incluso vertebrados. El ácaro aparecido, ha sido descrito sujeto a la cabeza de la hormiga, pero se hace imposible dilucidar si se alimentaba del insecto o si lo enganchó mientras se movía, lo cierto es que han quedado unidos en la resina para la posteridad.

El descubrimiento ofrece también valiosa información sobre la evolución de estos antiguos animales. El fósil está en la colección personal del paleontólogo y aracnólogo alemán Jöerg Wunderlich y, según los investigadores refrenda la posible relación parasitaria entre los mesostígmados y los pequeños insectos, desde hace millones de años.


Yamila Berdaye

 
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