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Publicado el 25 Enero, 2016 por Yamila Berdaye en Le contesta Bohemia
 
 

Esencias de realeza

De las muertes más sonadas en la historia de la humanidad, la de María Antonieta y su hijo Luis XVII, son de interés para Evelio Gómez, de Artemisa
María Antonieta, reina de Francia, gracias a su matrimonio con Luis XVI.

La archiduquesa María Antonieta se convirtió en reina de Francia, tras su enlace pactado con Luis XVI. (baraderoteinforma.com.ar).

A cargo de YAMILA BERDAYES

La archiduquesa de Austria, reina consorte de Francia y de Navarra, María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena (1755- 1793), conocida como María Antonieta de Austria, se casó en el año 1770 con Luis XVI de Francia, en un intento por estrechar los lazos entre dos naciones y enemigos históricos.

Explican fuentes especializadas que la soberana pronto se ganó la antipatía del pueblo, que la acusaba de derrochadora, promiscua, de influir en su marido en pro de intereses austriacos. Se dice también que al igual que su cónyuge -aficionado a la caza-, siempre estuvo más preocupada de peinados, vestidos, fiestas, juegos de azar que de los asuntos de gobierno.

Los reyes -de inmediato-, ni siquiera se preocuparon por consumar el matrimonio y tener descendencia. Fue siete años, después de casados, que tuvieron hijos: María Teresa, Luis José -del que se dice era bastardo-, Luis Carlos y Sofía Beatriz.

Los considerados inconscientes monarcas contemplaron con indiferencia al pueblo francés, sumido en absoluta miseria, incluso cómo se levantaban en armas en el año 1789. A la sazón muere uno de sus hijos, Luis José, y el rey, Luis XVI, fue separado de la familia, sentenciado a muerte y guillotinado en 1793 por las fuerzas revolucionarias.

Entonces los monárquicos proclamaron rey al hijo Luis, que por aquellos días tenía solo ocho años y que apenas sabía leer ni escribir. María Antonieta también fue procesada y condenada a morir en el degolladero. Durante el proceso, el pequeño Luis Carlos -Luis XVII-, fue obligado a declarar contra su madre, acusándola de incitarle a la masturbación y de obligarle a practicar juegos sexuales.

La anécdota histórica menciona -mientras esperaba el día de su muerte, encerrada en la prisión del Temple (fortaleza medieval de París)-, que María Antonieta se dio un fuerte golpe contra la viga del techo y se hizo una herida que no paraba de sangrar, cuando los guardias le preguntaron si se había hecho daño, dijo: “[…] no, ahora ya no hay nada que pueda hacérmelo” y a punto de la ejecución, subiendo al cadalso tropezó y pidió perdón a su verdugo.

A partir de entonces, la suerte del pequeño Luis XVII estuvo rodeada de misterio y leyendas. Fue preso en condiciones infrahumanas, estuvo postrado en cama y padeciendo enfermedades respiratorias. Oficialmente se dice que murió de tuberculosis en 1795, a los 10 años de edad.

También se corrieron rumores de que había logrado escapar y coger un barco rumbo a Argentina. Sobre la base de esta historia, la lista de personas que se erigieron en herederos legítimos al trono francés ascendió a más o menos 43, todos argumentando algún parentesco con el niño y por supuesto con la intención de restaurar la monarquía en Francia.

Sin embargo, los historiadores han realizado conjeturas hasta entrado este siglo y un análisis de ADN ha puesto sobre la mesa que Luis XVII murió, en efecto, en la prisión del Temple de París. Se supo porque el corazón del niño se conservó en un frasco con alcohol y fue pasando de mano en mano, de ciudad en ciudad, durante más de 200 años.

Para estar seguros del hallazgo, los científicos compararon el órgano encontrado con un mechón de pelo de María Antonieta. También se cotejó con muestras de los auténticos descendientes de Luis XVI, todavía vivos. El parentesco quedó confirmado y el asunto resuelto. Este largo y complicado chisme de la turbulenta corte parisina del siglo XVIII, no toma en cuenta la esencia de la Revolución francesa, evento de trascendencia universal que cambió el rumbo de la historia de la humanidad.


Yamila Berdaye

 
Yamila Berdaye